El Siglo

Reencontrarnos con el verdadero sentido de la Navidad

Es difícil precisar cuándo comenzó a celebrarse la Navidad tal como la conocemos hoy día, más allá de las costumbres, mitos y leyendas que se sumaron a lo largo de los siglos en muchos países, la celebración del nacimiento del Jesús Cristo representa una de las fechas más emblemáticas en la fe cristiana.

Aun cuando se celebre el nacimiento del hijo de Dios, prefiero seguir viendo a Jesucristo como hombre, lejos de esa deidad que le hace ver alguien sobrenatural lejos del alcance humano, en lo personal considero que verlo como prójimo pone en mayor perspectiva el valor de la persona que partió la historia en el antes y en el después de su nacimiento.

La Navidad ha sido representada de diferentes maneras a través del tiempo, desde el primitivo arte cristiano y la iconografía bizantina, pasando por los lienzos de los artistas del Renacimiento hasta llegar a San Francisco de Asís, fundador de la orden franciscana quien en 1223 a su regreso de una peregrinación por Tierra Santa, obtuvo del Papa Honorio III el permiso para celebrar la Navidad de una forma diferente, construyendo un nacimiento en el que aparecían las figuras de José, María, los pastores, así como un asno y un buey resguardando el nacimiento del redentor.

A esta estampa el tiempo y su contexto han ido sumando más elementos, como el árbol, las esferas plásticas, las luces de color, la imagen de don Nicolás, pero quizá la adicionalidad más grande se ha dado en las últimas décadas, pero el mercado ha replanteado el paradigma de la reflexión propia de la época por la filosofía del consumo irresponsable, a tal punto que venimos celebrando la Navidad desde octubre, desbordados por las famosas “ofertas” que al final no resultan ser más que estafas de los comercios en lo que ahora denominan “Neuromarketing”

“Pero el mercado ha replanteado el paradigma de la reflexión propia de la época por la filosofía del consumo irresponsable…”

El mundo occidental convirtió esta como otras fechas emblemáticas de la historia en un simple motivo más para consumir, gastar y endeudarse irresponsablemente bautizando a los centros comerciales como nuevos templos de la fe y los maniquís en las figuras de contemplación y veneración que mueven la voluntad humana a empeñar buena parte de su presente o de su futuro en la compra de cosas innecesarias “con tal de estar a la moda”.

Esta era del mercado que ha convertido a las personas en clientes, en estadísticas de venta, en simples objetos de consumo, me hace recordar el único acto de irritación que describe la biblia en San Juan 2:16, del buen Jesús, cuando en las afueras de un templo haya vendedores y con un azote de cuerdas los echa a todos, “Quitad esto de aquí, no hagáis de la casa de mi padre un mercado”.

Dos mil años después, toda la tierra está convertida en un gran mercado, la fe, los ideales y los valores se han puesto a la venta, el mercado ha llegado a las iglesias, las universidades, las escuelas, a la política, a cada espacio social posible conduciéndonos a una espiral perversa de consumo y degradación de los ecosistemas que actúa como fuerza centrípeta de la cual pareciera no haber salida.

Con un fraterno y respetuoso saludo, mi mayor deseo es que en este 2017 nos reencontremos con el verdadero significado de esta celebración, volver a lo sencillo, a lo fraterno, a lo familiar, a lo solidario, invocando la pureza de los grandes ideales del Cristo, quien nos heredó la ciencia del amor al prójimo como método para la convivencia social y pacífica de toda la humanidad por los siglos de los siglos…

Con mi más noble sentimiento, ¡Feliz Navidad..!

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