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La necesaria solidaridad humana

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Existen momentos en la vida de cada persona, en los que algo la despierta de su letargo e insensibilidad humana. A veces influye el tiempo que transcurre irreversiblemente. Los recuerdos, añoranzas, pasado, despedidas, amores y desamores, afectos y desafectos, odio y cariño. Escenas alegres o dramáticas que inciden en nuestra propia vida personal. Somos seres llenos de emociones y de sentimientos frágiles.

En fin, el ser humano crece en torno a una serie de realidades que le corresponde resolver para alcanzar una mejor calidad de vida. El problema consiste en la forma de conseguir sus aspiraciones personales. Y esto es lo se convierte en la esencia de lo que en términos de acuerdos sociales hemos llegado a concebir como justicia y solidaridad. Conceptos inventados por nosotros mismos, de acuerdo con la conveniencia de cómo debería de organizarse la convivencia en sociedad.

Algunos pensamos que la calidad de vida tiene sentido si logramos superar las causas que inciden en el drama de la pobreza humana. Trascender por ejemplo los niveles de injusticia social. En efecto, si la pobreza se logra superar, renacerán los rostros alegres de la niñez. Los jóvenes podrán departir con la música, el deporte y los libros. Los ancianos gozarían con las cosquillas de sus nietos, y un escenario de arco iris de colores fulgurantes de vida galvanizará las conciencias de quienes nos ilusionamos por este sentido de humanidad.

Pero también están aquellos que se han dejado arrastrar por corrientes que siembran en sus cabezas el sueño de la apetencia material al interior de su propia casa de egolatría. El ronroneo de ruidos estridentes les impide escuchar las voces de sus vecinos, respetar al nutrido nido de voces angustiadas por la pobreza. Significa que se deben hacer esfuerzos desde los valores que dignifican a la persona humana, para superar la apetencia del tener bienes materiales cueste lo que cueste.

“Recordemos que los afanes cotidianos simplemente son afanes, porque la vida se diluye bajo la miopía de esa forma de mirar y sentir yoístamente”.

Recordemos que los afanes cotidianos simplemente son afanes, porque la vida se diluye bajo la miopía de esa forma de mirar y sentir yoístamente. Ahora vivimos en medio de creencias y modos de asumir nuestra propia historia individual sin percatarnos de los otros. Nos hemos alejado de aquellas ideas que alimentaron utopías hechas sueños por alcanzar el bienestar social. Desaparecieron en el horizonte mundial. Y hoy, hemos quedado huérfanos de ellas, pero acompañados de problemas más agudos y profundos. Las preguntas e interrogantes rebasan las respuestas. Sin embargo aún abrigamos la idea de encontrar y construir nuevos ideales que conmuevan conciencias que hagan renacer la esperanza de un mundo mejor.

Sin embargo, por ese nivel de insensibilidad humana, todavía chocamos a veces con individuos, que con todo el derecho que tienen, presumen prepotentemente y ofenden con su poder e impunidad con jugosas viandas de platillos, en tanto que afuera dramáticamente los niños duermen enroscados con el frío y con un rostro que muestra la debilidad que provoca la ausencia de alimentos, lo que muestra lamentablemente que aún con tantos cánticos cristianos de navidad, pervive la insensibilidad humana.

La pregunta es: ¿Por qué tanta injusticia y diferencias abismales entre los que habitamos en Guatemala? ¿Por qué la tristeza de rostros de narices moquientas y labios tostados de la niñez que camina por los senderos de nuestra nación no conmuevan a nuestros corazones? ¿Cómo alcanzar una sonrisa de amor y solidaridad humana en cada uno de nosotros? ¿Qué hacer para superar la avaricia de los que tienen y quieren más? ¿Qué nos cabe esperar para lograr un modo de vida digna y feliz?

TEXTO PARA COLUMNISTA

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