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Portugal, el mejor destino

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Portugal es a los ojos del viajero una suerte de libro abierto que alienta a desandar sin prisas por los recodos de la historia, una cita obligada con lo grande y lo pequeño de este mundo, un poema en piedra con visos de eternidad. Y de ahí, del aprecio a la simbiosis perfecta entre el presente y el pasado, emerge el respeto por ese territorio de la península ibérica.

Respeto ganado gracias a una labor ardua y paciente, que le granjeó a esa pequeña nación europea arrasar este año en la última edición de los World Travel Awards (WTA), o sea, los premios Óscar del turismo.

La designación de Portugal como Mejor Destino Turístico del Mundo; de su capital, Lisboa, como la Mejor City Break (escapadas urbanas) y de Madeira como el Mejor Destino Insular, unido a otros galardones, mostraron la capacidad ganada a fuerza de mucho amor y empeño.

171219 PORTUGALFoto: António Bessa

Monsanto, el pueblo de los montes-isla de Portugal.

Lo mejor de todo es que por primera vez, en los cerca de 25 años de historia del WTA, estos lauros recaen en un país europeo y probablemente el que menos pensaron algunos de los entendidos en estos temas.

Sin embargo, para los más de 200 mil profesionales involucrados en la determinación de esos premios Portugal rebasó el carisma y las posibilidades de atracción turística de territorios de reconocido prestigio en el sector como Brasil, las Islas Maldivas, Estados Unidos, Grecia, Marruecos, Vietnam y España.

De tal suerte, quedó confirmado el aprecio internacional por la reconversión de un país tan pobre y por mucho relegado a segundos planos en la eurozona, en una potencia en la rama, con la cual hay que contar.

Y es que, como dijera el gran escritor Fernando Pessoa, “los viajes son los viajeros” y estos aprecian cada vez más la diferencia. Máxime, cuando estas sobreviven acompañadas del buen servicio, de la pasión por preservar costumbres y culturas y de condiciones mínimas indispensables para que el recién llegado sienta que el escape de su rutina valió la pena.

Atractivos naturales y una rica gastronomía con influencias españolas, árabes y brasileñas, confluyen en este espacio con la calidez de una población respetuosa y amable, garante en buena medida de la tranquilidad distintiva del país.

Portugal es un lugar de encuentros, de fines de semana lejos de la cotidianeidad aplastante, del smog y de los edificios de cristal harto expandidos por las urbes contemporáneas. Si bien en estos tratan de imponerse en algunas zonas, como en el Parque de las Naciones o en la Plaza del Marqués de Pombal, todavía prevalece el encanto en barrios como La Baixa, El Chiado, El Barrio Alto, La Alfama y Belém.

Cada uno de estos tiene un espíritu único y para conocerlos en su profundidad vale dedicarles tiempo por separado. Pero con todo, La Alfama es de los preferidos, aunque subir por sus estrechas y empinadas calles obliga a un ejercicio fuerte.

171219 PORTUGALFoto: El Mundo

El Castillo da Pena, símbolo de la Sierra de Sintra.

El aire de la barriada, situada a los pies del Castillo de San Jorge, recuerda la vida de los pescadores que durante muchos años poblaron la zona y que probablemente terminaron cada tarde envueltos en los ritmos melódicos de un fado, expresión de la melancolía del pueblo portugués.

Sin embargo, en Belém esperan algunos de los monumentos más importantes de Lisboa, como el monasterio de los Jerónimos y la Torre de Belém, así como el reencuentro con la costa, desde la cual partieron hace más de cinco siglos lusitanos y españoles hasta llegar a los territorios de lo que ahora conocemos como América.

Mientras que en El Chiado, barrio elegante y bohemio conocido como el Montmartre de Lisboa, destacan las calles de Garrety las do Carmo, donde están las ruinas de la iglesia homónima.

La Praça Luís de Camoes, uno de los escenarios de la Revolución de los Claveles, marca el límite de los barrios del Chiado y del Barrio Alto, probablemente el mejor lugar para escuchar fados y apreciar la otra cara de una urbe donde también pululan los graffitis y la ropa lavada tendida al viento.

Tales atractivos y un sinfín de conexiones con numerosas ciudades europeas, a través de vuelos de bajo costo, alientan la afluencia de turistas a Lisboa y de ahí, al resto del país. Porque también los amantes de la naturaleza tienen espacios para el esparcimiento y el disfrute en Portugal.

Entre estos destacan los Parques de Sintra, reconocidos por el excepcional estado de sus bosques y por las famosas residencias reales del período monárquico lusitano que sobreviven en esa zona montañosa, entre ellas el medieval Castillo de los Moros, el manuelino Palacio Nacional de Sintra, el romántico Palacio de Pena, y el laberinto que rodea la adorable Quinta da Regaleira.

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Todo esto y más hizo que Portugal superara la barrera de los 10 millones de turistas anuales en 2016, lo cual ratificó la confianza en un reglón económico que aporta el 10% del PIB.

“Hemos pasado de ser el patito feo al cisne resplandeciente”, resumió el presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa, a propósito de los lauros obtenidos este año, también atribuidos a una diplomacia discreta y eficiente.

Empero, además, porque de haber tenido que pedir ayuda financiera extranjera en 2011, logró convertirse en la nueva estrella de la economía de Europa en 2017, justo cuando la incertidumbre campea en sus alrededores.

El eficiente manejo de las finanzas permitió a las autoridades portuguesas revertir los recortes impuestos al país cuando recibió un préstamo de 78 mil millones de euros de la Unión Europea y del Fondo Monetario Internacional (FMI), aumentar los salarios a los empleados públicos, bajar el impuesto a la renta y subir las pensiones. Sin parar mientes, el Gobierno también congeló el gasto público y cumplió con los compromisos con el organismo financiero internacional.

De tal suerte, Portugal redujo el déficit fiscal hasta el 2% del PIB en 2016 -el más bajo desde 1974- y estima un crecimiento del 2.2% para el cierre de diciembre.

En ello incidirá notablemente la industria turística, si se considera que el balance de la actividad hotelera portuguesa durante los tres primeros trimestres de 2017 alcanzó el 74% p de ocupación frente al 71% de 2016.

Según la Asociación de Hotelería de Portugal, esta tendencia al alza continuará hasta el venidero año, hacia el cual las máximas preocupaciones giran en torno a los costos de los servicios de luz, gas y agua; aunque también respecto a la dependencia de los operadores de Internet.

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