Home > Columnas > Defraudación

Defraudación

Defraudar, según el DLE, es privar a alguien, con abuso de su confianza o con infidelidad a las obligaciones propias, de lo que le toca de derecho. También es desvanecer la confianza que se ponía en alguien y, por supuesto, también significa el eludir el pago de impuestos; esta última está tipificada como delito y se denomina defraudación tributaria. El impago de impuestos es un delito que afecta no solo al fisco, sino al Estado en general, el cual lo conformamos todos, no solo el Gobierno; el Estado somos usted y yo. Así, quien no paga los impuestos debidos está afectándonos y quitándonos lo que nos toca de derecho. La labor de la SAT en la recaudación de impuestos, incluso más allá del cobro administrativo, es algo que nos beneficia a todos. Claro está, que a quien se le cobra no estará para nada contento al verse afectado en su patrimonio, pero no hay que olvidar que ese dinero, conforme a las leyes vigentes, no le pertenece a él, sino al Estado. ¿Qué hay impuestos injustos? ¿Qué no se les cobra a todos, sino solo a unos cuantos? Puede ser, pero mientras existan normas tributarias, estas deben cumplirse. Doloroso, pero ni modo.

Ahora bien, si el que no paga impuestos está defraudando al Estado, ¿Acaso el funcionario o empleado público que no cumple con su labor no nos está defraudando también? ¡Por supuesto! El juez o magistrado que resuelve antojadizamente defrauda a las partes y defrauda a la justicia. El caso más reciente de ello es la resolución de la Corte Suprema en donde le retiraron la inmunidad al diputado Fernando Linares Beltranena; a pesar de que el juez pesquisidor recomendó no retirar la inmunidad, la CSJ al final hizo lo que quiso. Desconozco las razones pues todavía no he tenido acceso al fallo, pero hasta los críticos del diputado se han expresado en contra de la decisión. La disposición constitucional que protege a los diputados en sus declaraciones -irresponsabilidad- es diáfana. No está sujeta a interpretaciones (ese es otro fraude, pues los jueces y magistrados no están llamados a “interpretar” las leyes sino a aplicarlas).

“El impago de impuestos es un delito que afecta no solo al fisco, sino al Estado en general, el cual lo conformamos todos, no solo el Gobierno…”.

Otra defraudación que cometen los funcionarios públicos se da en los allanamientos; los fiscales del MP y empleados de CICIG vulneran los derechos humanos de las personas presentes en los inmuebles; les incautan -ilegalmente- sus teléfonos celulares y los retienen -ilegalmente- en el inmueble sin que exista una orden de detención contra ellos. Por supuesto que se deben respetar los protocolos de seguridad en esas diligencias, pero jamás pueden estos estar por encima de la Constitución y las leyes; mucho menos sobre los derechos humanos. ¿Qué tal si los afectados van a la CIDH -luego de un calvario en las instancias judiciales nacionales- y denuncian esa violación a sus derechos? ¡A que ganan!

¿Qué sentido tiene, por ejemplo, que en un allanamiento que busca documentos u otro tipo de evidencia, se retenga a los trabajadores de una entidad, aislándolos? La respuesta no se encuentra en el ámbito jurídico, sino más bien en el sicológico; son tácticas de terror, así de simple.

En el caso de la “incautación temporal” de celulares, se viola el derecho de propiedad y de presunción de inocencia. En la gran mayoría de casos, lo que se retiene -ilegalmente- son los aparatos personales de los trabajadores y no propiedad de la entidad contra quien se realiza el allanamiento.

Ah bueno, también defraudan algunos medios al no transmitir la información veraz o total, ya que al sesgar el criterio o dar la información parcial, se defrauda la confianza que los lectores, radio escuchas o televidentes han puesto en ellos. Claro, resolver eso es simple: No se busca más ese medio o se leen otros y punto. El problema está en que no podemos hacer lo mismo e ir a otro MP o a otra CSJ, ¿Verdad?

Acercándose el fin de año, le invito a que haga un recuento de las bendiciones que recibió, pero también de lo que lo defraudó y quienes lo hicieron; funcionarios, periodistas, amigos, etc. Así, el año entrante, ya sabe a qué atenerse y en quién confiar y en quién no. Yo, espero no haberle defraudado con la franqueza de mis opiniones y me siga leyendo y viendo en la TV. ¡Hasta la próxima!

TEXTO PARA COLUMNISTA

.
.