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Paseo por el Paraíso, renombrado Cayalá

171213CAYALA

 

Dicen los abuelos que “todo depende del cristal con que se mira” y la máxima deviene certeza en medio de las construcciones imponentes de Cayalá o Paraíso, en idioma maya kaqchikel.

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Esta joya arquitectónica, que cobró vida a partir del plan maestro diseñado con la colaboración del reconocido arquitecto y urbanista León Krier, resulta controversial para muchas personas que al pasear por sus calles empedradas son incapaces de olvidar la realidad de un país marcado por la desigualdad y la exclusión social.

Sin embargo, ni los más críticos pueden dejar de disfrutar de uno de los paseos más atrayentes de ciudad Guatemala, donde las ofertas comerciales de lujo convergen con amplios espacios plagados de un verde excepcional y de posibilidades infinitas de esparcimiento entre amigos o familias.

Mas, como si no bastara para darle gusto a las mayorías en una época en que la ilusión y el consumismo van de la mano, varias iglesias convergen en el lugar y con eso dan gusto a los creyentes de diversas denominaciones.

De tal suerte, es como si el equilibrio procurara navegar en medio de una marea, en la cual se sumergen personas de todos los sectores sociales alguna que otra vez en Guatemala.

Cada fin de semana suman cientos las personas que optan por ir a este lado de la capital, en la zona 16, probablemente para salir de la cotidianeidad aplastante y complacerse con una gira, durante la cual pueden respirar un ambiente más sano, despojado de constantes toques de bocinas, de smog, y hasta de la avasallante realidad que enfrentan puertas afueras de esa ciudad modelo.

“Cierto que esto no es Guatemala, pero qué bueno tener un lugar a donde escapar de vez en cuando, aunque no compre nada”, comentó sonriente Rafael; mientras su esposa Claudia, alemana de origen, reparaba en las disímiles alegorías a algunos detalles puntuales de importantes urbes europeas.

Y es que eso es Cayalá, un lugar para el relax, donde el choque con ciertas edificaciones alienta a perderse en las intrincadas redes de la imaginación y con ello llegar a un lugar remoto en el que pueden aparecer personajes como Astérix y su inseparable Obélix, los héroes famosos del cómic, que lucharon contra los romanos empeñados en implantar sus costumbres y hasta una ciudad a su antojo en la Galia.

Pero más allá de las ambientaciones al estilo art nouveau que sugieren la entrada a una de las paradas del metro de Paraíso, la pulcritud del lugar idílico al que quizás nunca llegaremos los seres humanos, hay una historia de esfuerzos de muchos soñadores impetuosos y de capitales pujantes con ganas de perpetuarse en una obra sin par.

Los muros blancos de estuco y los múltiples techos de tejas rojas que anuncian la llegada a Cayalá, a unos 11 kilómetros del centro de la capital, son el símbolo del anhelo de ciertos sectores de alejarse del congestionamiento vehicular y de la criminalidad en uno de los territorios más azotados por ese flagelo en el continente.

Asimismo, representan una manera de concebir el desarrollo y de revertir el creciente aglomeramiento poblacional que aprisiona a la mayoría de las principales urbes en el mundo.

Esta corriente comenzó a ganar terreno durante las últimas décadas del siglo pasado y sin dudas en ella quedaron atrapados los artífices de Cayalá, quienes tardaron hasta 2011 para iniciar la construcción de lo proyectado con el concurso de 25 arquitectos conscientes de la necesidad de respetar las normas del llamado Nuevo Urbanismo, movimiento que promueve la creación de barrios propicios para caminar, con variedad de viviendas y comercios.

Quizás ello explica el porqué muchas personas con el dinero suficiente se arriesgaron a comprar viviendas en el lugar, a pesar de los elevados costos de 260 mil a 800 mil dólares, aunque la mayoría de estas permanecen vacías o al menos sin señales evidentes de vida para los transeúntes.

Puede que Cayalá sea un elefante blanco desproporcionado, que vende una ilusión, como señaló cierto arquitecto alguna vez, pero aunque las críticas pululen por doquier, cada semana queda confirmada la tesis de quienes impulsaron su desarrollo: en nuestro tiempo existen muchas personas que prefieren soñar conque un mundo así es posible.

Incluso, aunque estén conscientes de que nunca podrán disfrutar de manera plena del goce de vivir en él o en alguno más o menos parecido.

Mientras tanto, bendita la belleza, el aire fresco y la opción diferente. La fiesta del ingenio implícita en esculturas de piedra, estatuas, armazones de bronce y plazuelas, a la que cualquiera puede llegar y encontrar un motivo para continuar amando la posibilidad de la existencia al margen de las eternas inconformidades.

 

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