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Ojo a las deportaciones

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Editorial

El retorno forzado de miles de migrantes guatemaltecos desde Estados Unidos continúa indetenible. Casi al término del año, la cantidad supera los 60 mil y es previsible que al cierre de diciembre esa cifra rebase las 80 mil del 2016.

Cerrar los ojos y obviar lo aplastante de las estadísticas de poco sirve. Junto a cada uno que regresa al país con un drama humano y una gran carga de frustración.

La totalidad de ellos salió huyendo del país buscando mejores oportunidades de vida, fuentes de empleo y/o reunirse con sus familiares en lo que para muchos parecía una suerte de paraíso.

Otras simplemente soñaron con dejar de una vez el miedo que los oprimía ante los elevados índices de criminalidad, el accionar de las pandillas y la violencia.

Después de pasar por el registro que les hace la Dirección General de Migración enfrentan realidades determinantes para su vida y el sostenimiento de sus familias.

Las que navegan con mejor suerte rápidamente consiguen un empleo relacionado con el dominio de otro idioma y las habilidades aprendidas les permitirán laborar en un taller de mecánica, carpintería o dedicarse al trabajo de la construcción de manera profesional.

Sin embargo, decenas de ellas chocan con el dolor de regresar a los lugares de los cuales pretendían huir, sin mayores ventajas para lograr una reinserción efectiva en la sociedad.

El estigma que les persigue, por tener tatuajes, vestir y lucir con modas urbanas, está en el sustrato del rechazo de muchas empresas que prefieren prescindir de sus capacidades.

Para muchos migrantes, la deportación cierra un círculo afectivo equivalente a una carga difícil de soportar, que inicia con la separación familiar, tener que viajar con riesgos a otro país, no ser bilingüe y laborar ilegalmente.

Por eso especialistas en el tema hacen énfasis en las consecuencias sociales que conlleva la repatriación, como la separación familiar y la vulnerabilidad de los menores de edad que se quedan sin sus padres en otro país.

Las autoridades de Migración estiman que en los días que faltan para que termine 2017 ingresen al país vuelos diarios con un promedio de 90 a 125 guatemaltecos deportados.

Al Triángulo Norte, conformado por Guatemala, Honduras y El Salvador -prioritario en la política exterior de Estados Unidos, por temas como el narcotráfico, pandillas y migrantes-, este año regresaron de manera obligada 125 mil personas.

Registros históricos refieren que, el presidente Demócrata Barack Obama (2009 – 20017) fue quien más población regresó (2.8 millones) en todo su mandato a esta zona geográfica.

La prioridad de cada gobierno de los tres países está definida y es generar las condiciones que garanticen la reinserción laboral de los migrantes y así evitar que pongan en riesgo su vida por hacer realidad “el sueño americano”.

En el caso de Guatemala, los diputados tienen la obligación de elegir a una persona idónea para que dirigía Conamigua eficientemente y que se interese por los derechos de quienes residen en el extranjero.

Y nunca olvidar las causas que llevaron a esos seres humanos a migrar, sobre todo las económicas, ante el modelo obsoleto que predomina en la región, y la violencia.

POR UNA NACIÓN, LIBRE JUSTA Y SOLIDARIA.

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