Home > Editoriales > Tiempo de fiesta y reflexión

Tiempo de fiesta y reflexión

///
Comments are Off
Editorial

Con el permiso de don Edmundo Deantés:

.

La bruma navideña inicia su tarea anual de narcotizar la zona racional que define nuestras acciones, para dar paso a una temporada de gozo irreflexivo, que afortunadamente como epidemia colectiva nos permite a todos, sin distinción de clases sociales, económicas aún políticas y religiosas sentirnos parte de una frenética vorágine colectiva, donde cabemos todos, y que, de una manera u otra, participamos todos.

En la celebración que se aproxima no se permite la discriminación, incluso no creer en Jesucristo o ser ateo, lo sustraerá de ese movimiento y enorme presión colectiva, que, exaltando una impuesta necesidad de estimular la convivencia humana, nos anima a postergar las penas y preocupaciones para sentir que con el niño Jesús nace un transitorio paraíso que nos envuelve a todos.

La preparación del encuentro que tendrá su apogeo unos minutos antes y después de las 12 de la noche del próximo 24 de diciembre, nos permite arrancar el festejo desde el instante mismo que lo disponen los conductores de una economía de consumo, que activa simultáneamente y con anticipación todos los estímulos diseñados mercadológicamente para presionar ese sub-consciente entrenado para reaccionar compulsivamente a las ofertas y que deben tener un pretexto para inducir y provocar la necesidad sentida, de consumir hasta el límite de nuestras capacidades.

Es una fecha, que no puede discriminar entre ricos y pobres, desde el tamal y la gallina rellena hasta el ostentoso pavo o chompipe con ínfulas de ave real en el centro de la mesa o bien la pierna o el cuerpo completo del lechón que parece que en su agonía ya no pudo comerse como lo hizo Adán la tentadora manzana.

Se perfecciona por esos días. El efecto multiplicador de la moneda, que le dio el privilegiado papel en la historia de la humanidad, de eficaz instrumento para el intercambio de bienes y servicios y en no pocos casos hasta de personas.

Ese instrumento universal que permite crear la ficción de darle valor real a un pedazo de papel que tendrá la virtud de transformarse en todas las cosas materiales que se le ocurran a quien la tiene en cantidades suficientes para un propósito mercantil específico o simplemente para acumularla como símbolo de poder que finalmente lo tiene tanto o más que el poder político.

Pero su función primaria es la de circular, repartiendo momentáneamente la seguridad de tener y disponer.

Y por estas fechas es peculiar que circule en mayores cantidades, pasando de mano en mano sin quedarse en ninguna parte o lugar ajeno a quién por derecho propio en una aparente economía de mercado, se atribuye el privilegio, de concentrarla toda. Los centavos que circulan velozmente por todos lados, dándonos la precaria sensación de poder al tenerlos por un rato.

Los guatemaltecos, acostumbrados a recibir con estoicismo lo que los titiriteros de este país del realismo mágico acostumbran a regalarnos, con el único afán de distraer la atención de las cosas fundamentales que dirigen o pretenden dirigir nuestra nación, para dejar por un espacio de tiempo momentáneo, la preocupación del destino de todos los que habitamos esta pequeña gran nación ubicada en un espacio geopolítico y geoestratégico, para los intereses de otras naciones de mayor envergadura y, con intereses concretos hacia los recursos naturales, humanos y sociales que se encuentran cada vez más divididos por una lucha que no es nuestra, sino es intencionadamente provocada sin que nos demos cuenta de ello, perdemos el tiempo luchando entre hermanos, sin saber cuáles son las verdaderas intenciones de los amos y señores de nuestros destinos.

Es tiempo de despertar del sueño de los justos y velar verdaderamente POR UNA NACIÓN, LIBRE JUSTA Y SOLIDARIA.

.
.