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No seamos el chompipe de la fiesta

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La bruma navideña inicia su tarea anual de narcotizar la zona racional que define nuestras acciones, para dar paso a una temporada de gozo irreflexivo, que afortunadamente como epidemia colectiva nos permite a todos, sin distinción de clases sociales, económicas aún políticas y religiosas sentirnos parte de una frenética vorágine colectiva, donde cabemos todos, y que de una manera u otra… participamos todos.

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En la celebración que se aproxima no se permite la discriminación, incluso no creer en Jesucristo o ser ateo, lo sustraerá de ese movimiento y enorme presión colectiva, que exaltando una impuesta necesidad de estimular la convivencia humana, nos anima a postergar las penas y preocupaciones para sentir que con el niño Jesús nace un transitorio paraíso que nos envuelve a todos.

La preparación del encuentro que tendrá su apogeo unos minutos antes y después de las 12 de la noche del próximo 24 de diciembre, nos permite arrancar el festejo desde el instante mismo que lo disponen los conductores de una economía de consumo, que activa simultáneamente y con anticipación todos los estímulos diseñados mercadológicamente para presionar ese sub-consciente entrenado para reaccionar compulsivamente a las ofertas y que deben tener un pretexto para inducir y provocar la necesidad sentida, de consumir hasta el límite de nuestras capacidades.

Es una fecha, que no puede discriminar entre ricos y pobres, desde el tamal y la gallina rellena, hasta el ostentoso pavo o chompipe con ínfulas de ave real en el centro de la mesa o bien la pierna o el cuerpo completo del lechón que parece que en su agonía ya no pudo comerse como lo hizo Adán la tentadora manzana.

Se perfecciona por esos días. El efecto multiplicador de la moneda, que le dio el privilegiado papel en la historia de la humanidad, de eficaz instrumento para el intercambio de bienes y servicios y en no pocos casos hasta de personas.

Ese instrumento universal que permite crear la ficción de darle valor real a un pedazo de papel que tendrá la virtud de transformarse en todas las cosas materiales que se le ocurran a quien la tiene en cantidades suficientes para un propósito mercantil específico o simplemente para acumularla como símbolo de poder que finalmente lo tiene tanto o más que el poder político.

Pero su función primaria es la de circular, repartiendo momentáneamente la seguridad de tener y disponer.

Y por estas fechas es peculiar que circule en mayores cantidades, pasando de mano en mano sin quedarse en ninguna parte o lugar ajeno a quien por derecho propio en una aparente economía de mercado, se atribuye el privilegio, de concentrarla toda… Los centavos que circulan velozmente por todos lados, dándonos la precaria sensación de poder al tenerlos por un rato.

Dinerito volátil al que yo le atribuyo otra peculiar singularidad en un sistema mercantilista donde el control del capital va de la mano con las decisiones políticas que favorecen a quien lo detenta o influye y que yo le denomino además de multiplicador… el efecto bumerang ya que permite que don dinero de una vueltecita por todas partes y siempre regrese al mismo lugar donde inició su enajenante excursión.

Este elemento distorsionador de la libre empresa, el estado de derecho, la libertad de emprendimiento y que se hace cómplice de los monopolios y la lucha feroz por el control del poder político, hace inevitable el surgimiento de discordias enraizadas en la confusión que plantea un sistema disfrazado de capitalista que no lo es y la oferta oportunista de sustituirlo por otro que basado en la distribución de una riqueza ajena termina por imponer una dictadura colectivista y criminal que con el control totalitario del Estado, despoja en nombre de la sociedad, todo instrumento productivo que se salga del control político y económico del equipo fanático que aún hoy, promete el desarrollo humano, social y equitativo, aunque en la práctica generalice la precariedad y pobreza colectiva.

Es increíble que frente a la evidencia del fracaso, se persista en el propósito de pervertir la ilusión y energía innovadora de las nuevas generaciones, vendiéndoles una idea caduca, fracasada y éticamente inmoral que explota el espíritu de cambio instalado genéticamente en la juventud, con propuestas viejas, obsoletas y descartadas por el mundo contemporáneo.

-Usted en lugar de ser De antes… debiera ser de ahora… para que actualice su pensamiento- escribía un atrevido con la perversa intención de destruir un pensamiento de dos mil 300 palabras pensadas e hilvanadas de manera cuidadosa y meditada con un mensajito de 15 palabras que objetaban, según él lo arcaico sin proponer lo innovador.

Me fui a su muro y desde luego… encontré una especie de ni-ni versión guatemalteca… es decir ni trabaja ni estudia.

Su portafolio exhibe 10 mil intentos de hacer algo… pero también evidencia su incapacidad de realizarlo.

¿Por qué me tomé el tiempo buscando un motivo para descalificar a este tenaz escribidor sin proponer algo? ¡Seguramente y lo podría apostar… no debe tener nada que proponer!

Abanderados de la multiculturalidad, de la inclusión, la comunidad LGBT (Lesbianas, Gais, Bisexuales y Transexuales y su bandera de colores), de la política de género y de todos los grupos que con legítimo derecho a evitar la discriminación, sometimiento o marginación, debieran comprender que cualquier agresión que los lesione o perjudique, en un estado de derecho debe adoptarse como parte de las leyes sancionadoras de cualquier acto catalogado como antijurídico y culpable, denominación que reciben universalmente las faltas y los delitos.

Y todas las conquistas que beneficien a la sociedad en su conjunto como deber fundamental de una nación estructurada en el civilizado ordenamiento de la ley, debe entenderse como un reconocimiento colectivo a los derechos individuales de todos, que protegidos para los individuos garantizan la convivencia social pacífica y reglada frente a los abusos de los particulares o el Estado.

Los derechos humanos pertenecen a todos por igual y no constituyen ni deben constituir monopolio de ningún grupo de individuos que persiguen como ideal sobreponerse en un mundo que proclama la igualdad.

-Entenderá don Edmundo… estando la tierra tan segregada y atomizada sistemáticamente como una política para boicotear el desarrollo de los países débiles, es muy difícil de hacer comprender su teoría– me adujo el licenciado  Grazioso, joven abogado, de quien aprecio sus inquietudes al proclamar los equilibrios que reclama nuestra sociedad con un estado de derecho precario y en proceso de autodestrucción por tener seriamente lesionada su soberanía y que tampoco se caracteriza por el respeto al derecho como finalidad de la justicia.

Es más –continuó su análisis- pareciera que se planifica un tipo de sociedad dominada por minorías organizadas y beligerantes y con el suficiente poder real, como para evitar la definición de políticas de Estado que partan de la necesidad de estimular un sentido de identidad nacional que impulse acciones de desarrollo y eviten quedemos a merced de quienes manipulando el poder desde el exterior puedan disponer de nuestros recursos estratégicos sin oposición interna y encubiertos en una simulada proyección social, anulando la iniciativa individual y esclavizando a través de programas asistencialistas el esfuerzo productivo de una sociedad libre y democrática- redondeó su preocupación y pensamiento.

Me pareció muy objetivo su razonamiento y así se lo expresé… sin embargo… no pude evitar la tentación de completar su ecuación y sumarle otra variable para darle certeza al resultado.

-Pero no es suficiente analizar solamente los intereses militantes y beligerantes de las minorías o grupos de interés que buscando la satisfacción de sus necesidades particulares, hacen inviable estructurar un modelo que establezca objetivos nacionales, combata las injusticias y discriminaciones a través de normas sancionatorias de carácter y vigencia universal y determine las prioridades de asistencia sectorial como parte de un proyecto de nación que no consienta la discriminación de nadie por razones étnicas, físicas, económicas, culturales, políticas y sociales, como parte de un régimen de legalidad de efectiva aplicación y cumplimiento, estimulando el desarrollo equilibrado de la población sobre la base de la sustitución del régimen mercantilista y propiciador de la colusión de la política con los agentes económicos o delincuenciales, por un modelo que libere el emprendimiento en un ambiente de abierta competencia legal fomentando la inversión, creando el marco funcional del compromiso del Estado para incentivar la liberación de un financiamiento indiscriminado y democrático, una educación que se alinee con la tecnología y formación que exige esta era del conocimiento y servicios de salud y seguridad social, que ojalá universal, garantice los beneficios que merece la población en su niñez, etapa de plena capacidad productiva y cuidados a sus viejos y ancianos que podrán enfrentar esa etapa de la vida con la dignidad que exigimos para todos los grupos y que finalmente no garantizamos a ninguno- quise exponerle una forma de combatir el avance sistemático e ideologizado de los grupos de interés a costa del desarrollo equilibrado y urgente que reclama nuestro país.

A todo esto, ya se había sumado a la discusión el ingeniero Bolaños, analista serio y como buen matemático, al escuchar que en la discusión se apelaba a ecuaciones para plantear las soluciones, intervino de manera supletoria en el debate.

-¿Vea don Edmundo sabe qué pasa?- que el peligro frente a la posibilidad de que el escenario político lo domine una facción intransigente al servicio incondicional y financiado por agentes externos que además dictan las decisiones fundamentales del país, con la extraña complicidad o sometimiento del Gobierno… es grave– dijo con preocupación.

…Y continuó -ha polarizado peligrosamente a la población y el grupo que se enfrenta a los extremistas, constituyen un formidable adversario porque estiman que un régimen con vocación socialista, terminaría de hundir al país…  De allí que no se medite mucho, que defender el sistema imperante, tolera la existencia de un régimen mercantilista que ha llevado al país a un panorama desalentador.

…Indicadores sociales y económicos que nos debieran avergonzar por ser contradictorios con la riqueza que se le reconoce a nuestro país- hizo una aseveración concreta y atrevida

…Y continuó… Defender el sistema debe partir por rechazar a quienes pretenden anular la democracia y nuestra libertad impulsando un régimen de orientación dictatorial y colectivista, pero aceptando que es urgente una revisión a fondo de nuestro modelo de desarrollo económico para fomentar la libertad económica… pero de todos… El acceso al financiamiento productivo también de todos, especialmente de aquellos que decidan por el emprendimiento en nuevas empresas. La reconvención del negocio bancario usurero y selectivo por una actividad que transforme nuestro sistema en un auténtico y respetuoso sistema financiero. Eso tiene como consecuencia que el agiotismo que aplican a través de la compra de bonos del tesoro no los aparte de la inversión en proyectos productivos… además se debe liberar a la clase emergente, que está perdiendo espacios en la clase media… precipitando su empobrecimiento por la explotación abusiva de los perversos productos crediticios que ofrecen para suplir las necesidades del consumo.

-¡Pero esto don Edmundo ya me parece una crítica al  capitalismo!- nos interrumpió don Crescencio Ortiz, un viejo militante de los grupos más significados de la llamada derecha guatemalteca, que indignados por las acciones de los extremistas que amenazan con tomarse el poder, se sienten particularmente incómodos con cualquier expresión que incluya el término justicia social entre sus postulados y que de alguna manera permiten que un grupo de populistas oportunistas en nombre de las causas del pueblo amenacen y se entrenan desde el poder con despojar y destruir nuestra estructura económica para distribuir con terror y a base de instalar una oprobiosa dictadura popular, fracasada y repudiada por el peso de la historia y que cuando logran posicionarse de pequeños o importantes espacios de poder… como signo de identidad recurren a la prepotencia, abuso e ilegalidad.

Y con mucha prudencia para no herir susceptibilidades ni confundir posiciones, me sentí responsable de ayudar al esclarecimiento del tema.

… Vea don Crescencio –comencé mi intento de razonar en común.

… Los jóvenes que no encuentran empleo ni oportunidades, no obstante haber cumplido la edad donde la testosterona exige una sociedad que atienda sus necesidades y les posibilite oportunidades para su futuro, sin formación política, en medio de gran angustia y frustración en su inmensa mayoría tanto en el campo como la ciudad… entienden que este sistema no llena sus expectativas y los hace mucho más susceptibles a escuchar un discurso demagógico que exalte los valores que premian la oposición y la lucha contra la explotación social y sin futuro que les garantizan las condiciones actuales.

Defender este sistema sin entender que es una mescolanza que niega la libertad de empresa, el desarrollo de toda la población y sin estímulos en la educación, salud, seguridad social y posibilidades de acceder mínimamente a un trabajo digno y adquirir por su esfuerzo sin la asistencia paternalista del Estado, lo que necesita, por falta de oportunidades productivas, independientes y socialmente orgánicas terminan por repudiar a quienes defienden el sistema y le abren posibilidades a la demagogia y dictadura colectivista que no entienden sería la sepultura de todas sus aspiraciones generacionales.

…Terminan exponiendo su vida incendiando las calles en lugar de encender la inteligencia… -Advertí con el riesgo de no ser entendido.

Depurar nuestro sistema mercantilista, abriendo nuestra economía a la verdadera libertad de empresa, que sea una promesa tangible para las nuevas generaciones… es una obligación de todos los que amamos la libertad individual, el estado de derecho y el régimen de legalidad… -insistí.

… La forma de rescatar a una ciudadanía confundida y por tal razón desorientada y sin destino definido… será de hoy en adelante llamarle al pan, pan y al vino… vino.

No podemos rescatar nuestra dignidad, soberanía y derecho a decidir libremente nuestro sistema democrático, si no aceptamos que nuestra realidad objetiva también está plagada de factores que hay que cambiar de manera radical para evitar que los extremistas aventureros y apátridas encuentren en nuestros vicios una forma de justificar su indignidad histórica y la subasta de nuestra amada Guatemala.

Pero ahora… queridos amigos –quise concluir– el espíritu navideño nos obliga a la tregua y tomar aliento para continuar la lucha, una lucha que no acepta los vicios y combatirá los de nuestro sistema… pero abomina más la esclavitud de un modelo de gobierno tiránico, colectivista y verdaderamente explotador.

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