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De profesión: Trol

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He estado leyendo y escuchando en distintos foros la siempre vigente discusión en torno a la libertad de expresión.  El debate va desde las leyes constitucionales, hasta la reflexión filosófica, pasando por un tema que ya resulta una realidad ineludible para quienes utilizamos los medios digitales y las redes sociales para trabajar, y con el que más temprano que tarde, nos encontramos.

De las novedosas “profesiones” que el mundo posmoderno permite, está la de “trol”.  Para los amables lectores que hacen el favor de leer estas líneas semanales, pero que no son asiduos de las redes sociales, quiero aclarar de qué se trata tan peculiar actividad.

El diccionario de la RAE, define “trol” así: “En la mitología escandinava, monstruo maligno que habita en bosques o grutas”.  Es decir, aquel duende verde y feo con el que nos asustaban en los cuentos de niñez.  Aquel maligno cuya presencia significaba lo desagradable, lo feo del mundo, la maldad y la trampa.

Si hacemos la analogía a lo que es un trol hoy, dentro del infinito mundo de la red digital, con todo y sus grutas, cavernas y tenebrosos recovecos, adivinaremos que nuestro “amigo”, el trol, es quien aparece y desaparece mágicamente en distintos sitios de la red, con sólo el poder de su voluntad y del teclado. Es un ser empequeñecido física y mentalmente, humanoide, que más que vestido, en el mundo real, seguro va escondido detrás de grandes capas de tela que le quedan tan grandes como el mundo de las ideas, probablemente unos jeans a media nalga y con la mitad del calzoncillo de fuera.

Los troles son seres imaginarios creados con identidades y profesiones falsas, con el fin de infiltrarse en la red digital, cuya misión es levantarse cada mañana y maquinar las mezquindades, insultos y mentiras que le dirán y escribirán a otros seres a los que nunca han visto. También deben confundir y alterar las ideas.  Esto  lo hacen por encargo de su amo, seguro a cambio de unas pocas monedas y muchas horas en la red. Vaya forma de “ganarse la vida”; qué ironía, ¡habiendo tanta cosa buena para aprender hoy en la red!

La misión no es distinta de la de un sicario.  Tiene que intentar acabar virtualmente con sus víctimas, que son otras personas que usan las redes digitales para expresar sus ideas, pero éstas lo hacen con su nombre y apellido.  El trol tiene por objetivo del día descuartizar muchas reputaciones, robar paz, burlarse o levantar falsos,  desanimar o asustar para que quizá –piensa el trol- su víctima deje de hacer y decir.   Esto llega como represalia por haber dicho o escrito algo que no es conveniente para quien le da de comer al trol, o sea su amo: esa pesada bota que lo empequeñece y le hace miserable y servil.

El mundo ha cambiado, pero hay cosas que no, como la necesidad de profesiones que enaltezcan al ser humano y mejoren su estancia durante su breve e irrepetible paso por el mundo.

¿Por qué el trol no se hizo médico, abogado, físico, matemático, astrónomo, maestro, literato, carpintero, panadero, enfermero, bombero, etc.?  Algunos dirían que el mundo digital los creó de forma espontánea, porque así como en la vida real existen los buenos y los malos, el mundo virtual debe reproducir tales vivencias. Otros, a quienes les gusta debatir un poco más, dirán que son el resultado de la falta de empleo y de condiciones sociales desfavorables, como la falta de valores y la pérdida de la familia.  Me inclino por lo primero.

Pero con tanto oficio que la red enseña de gratis, dedicarse al de trol es el monumento a la pereza, a la bajeza y a los cerebros más pequeños.  Es oficio de  tontos, porque sólo destruye a quien lo hace y lo esclaviza a un amo.

TEXTO PARA COLUMNISTA
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