El Siglo

Lo Nuevo del Mundo Nuclear

En anterior columna, nos referíamos al estudio desarrollado, a principios de la década de 1980, por un grupo académico y científico de la Universidad de Harvard, inmerso el mismo en materia de análisis del problema nuclear, en cuanto amenaza potencial representada por el armamento de tal naturaleza, diseminado ya entonces a varios países, además de las dos potencias mundiales (“rivales” de la guerra fría), Estados Unidos de América y la Unión Soviética.

Adentrándonos en la primera parte del texto correspondiente, sobresale la sección que se ocupa de lo que responde al subtitulo “El interminable acto del balance”. Se amplía lo mismo, bajo consideraciones de que en tiempos pasados, los actos de guerra y las maniobras políticas que les acompañaban, cuando la influencia de algún estado bélicamente poderoso hacia precario el balance de fuerzas entre los estados implicados y en fracasando los esfuerzos diplomáticos, usualmente entraban en acción los mecanismos militares que llevaban a un estado de guerra. Terminada la contienda, como en el caso de la derrota final de Napoleón y sus afanes imperialistas, varios estados, entre los cuales la vencedora Inglaterra, de conjunto con Austria, Prusia, Rusia y la ya apaciguada Francia, se reunieron en el así llamado Congreso de Viena (1815), con el objeto de unificar esfuerzos para crear un orden más estable en Europa.

De cualquier manera, concretose una situación de balance de fuerzas, dando lugar a lo que históricamente se conoce como “el siglo del balance del poder en Europa”, a partir de la derrota de Napoleón en 1814 y hasta el inicio de la gran guerra en 1914. Fue esta última, gran lección para los estados seguidores de los principios del congreso de Viena, con los que comulgaban creyendo en la estabilidad del “sistema del balance de poderes”. Al final del conflicto, que abarco de los años de 1914 a 1918, habían fenecido varios de los estados contrincantes, como el imperio Austro-Húngaro y la Prusia germana.

El estadista Henry Kissinger, resume esta situación: “a través de ese largo periodo de paz, se había perdido el sentido de lo trágico Se había olvidado que los estados pueden morir.”

Hoy día, los mecanismos que sostuvieron aquel balance de poderes entre los estados no pueden servir más que a manera de una meta deseable, pero de ninguna manera como una guía para acciones y procederes en busca de un nuevo orden mundial.

Lo nuevo en materia del enfrentamiento entre las actuales superpotencias, es ahora el hecho indiscutible de la presencia del arma nuclear, desde y a partir, de aquel amanecer del 16 de julio de 1945, cuando como en la leyenda griega de Prometeo, robamos el fuego pero no de los dioses sino del átomo, al detonar la primer bomba atómica a las 5:30 de la mañana, en el desierto del estado de Nuevo México. Realmente un nuevo amanecer, el de la era nuclear, dando lugar a dimensiones totalmente diferentes en el teje y maneje de la contención internacional de las pretensiones guerreristas. Continuaremos.

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