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Principios contemporáneos de economía social de mercado – III

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En la parte II de esta miniserie, publicada el pasado miércoles 29 de noviembre 2017, se enfatizó en la importancia de la educación técnica formal. Ahora, citamos dos ejemplos: Intecap y Beca Artesano del Ministerio de Desarrollo Social. También, se hizo énfasis en la educación secular formal, incluyendo el nivel universitario como uno de los principales factores de convergencia para la reducción de las desigualdades laboral, salarial, política y social. Sin embargo, la palabra desigualdad se convierte en un término relativo dependiendo del país que se trate. En los países desarrollados, la desigualdad consiste en la diferencia entre los que tienen tres vehículos y el más pobre que tiene uno de marca más popular; mientras que en otras latitudes en pobreza y algunos países de América Latina, la desigualdad se identifica entre las personas que tienen qué comer y otros servicios públicos y los más pobres con menos de US$2 de ingreso diario y que su ingesta no reúne las calorías mínimas por día.

“La resiliencia, desde el punto de vista agronómico, es un concepto en favor de la Economía Social de Mercado”.

En el libro El capital en el Siglo XXI del prominente economista francés Thomas Piketty, se concibe una interpretación de la palabra desigualdad y del compromiso del Estado en la reducción de la pobreza. Indicando: “Si la desigualdad se debe a la toma de decisiones individuales, -no veo problema-” comenta, el Dr. Piketty. “Las personas tienen diferentes objetivos en la vida”. Pero…, distinto es: “Si las desigualdades se producen a partir de ventajas o desventajas que no son responsabilidad o mérito directo del ciudadano”. En este caso, indica: “El Estado con sus instrumentos fiscales y macroeconómicos debe implementar y fortalecer las políticas de redistribución social para que solidaria y subsidiariamente se atiendan las necesidades ingentes de los sectores menos favorecidos”. En términos económicos: redistribución no es quitarle al que tiene; más bien, es: llegar al pueblo mediante los presupuestos generales del Estado con bienes y servicios sociales.

Considerando el precepto anterior, acerca de la relatividad de la palabra desigualdad: el filósofo estadounidense John Bordley Rawls, comenta que: “La desigualdad, debido a su relatividad, es aceptable en la medida que redunde en beneficio de los menos aventajados”. La pregunta acá, es: ¿Cuánta desigualdad es permisible? El Dr. Piketty, retoma, indicando: “Siempre que se aumenten las utilidades de todos -principalmente la de los más desposeídos- podemos aceptar algún margen de desigualdad”. Ahora bien, para el caso de Guatemala, la deuda social acumulada ha profundizado los niveles de disparidad y pobreza; y el esfuerzo para reducirlas, requiere de acciones impostergables orientadas al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible -ODS-, hacia el año 2030. No veo otra forma. Además, como país, estamos en deuda con los Objetivos de Desarrollo del Milenio -ODM- vencidos en septiembre del 2015 y que deberíamos resarcir con propuestas conjuntas e integradas de emprendimiento y desarrollo de la pequeña y mediana empresa rural en aquellos territorios menos trabajados del país, cuyos ecosistemas aún cuentan con relativa buena capacidad de resiliencia. La resiliencia, desde el punto de vista agronómico, es un concepto en favor de la Economía Social de Mercado. Continuará.

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