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Israel y las glorias pasadas

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Con el paso de los años, las glorias del Estado de Israel comenzaron a perder lustre, en la misma medida en que fueron cobrando rango de tendencia la ralentización del crecimiento económico y el incremento de los niveles de desocupación.

Una inflación inexistente o negativa, una tasa de desempleo inferior al 5%, una moneda (el shequel) revalorizada frente al euro un 14% en los dos últimos años, y un salario mínimo cercano a los 1,200 euros mensuales, suelen confundir a quienes apenas hacen miradas a vuelo de pájaro sin procurar llegar a las interioridades.

Pero cuando la intención es ir más lejos saltan a la vista las debilidades de un modelo que, con apenas siete décadas de existencia, da señales de agotamiento y genera un malestar creciente en la población.

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De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Israel solo alcanza el 76% del nivel de productividad medio de los 35 países que forman parte de ese bloque. Al mismo tiempo, ocupa el puesto 52 en el índice sobre la facilidad para hacer negocios, elaborada por el Banco Mundial.

Justo la baja productividad y las desigualdades sociales contrastan en el escenario israelí con un crecimiento del PIB sostenido del 4% -por debajo del 5% mantenido de 1947 a 1973- y unarenta per cápita anual de 35.700 dólares.

Esas estadísticas llevan a algunas voces a reiterar que la historia económica del país medio oriental esta signada por el éxito, pese a que nunca logró superar a su mentor y principal aliado, Estados Unidos.La persistencia del conflicto en la zona compartida con la pujante Palestina es esgrimida muchas veces por estas como la causa fundamental del deterioro, asociado a la disminución de las inversiones y del flujo de capitales.

Y es que, al margen de los afectos, para nadie es un secreto ya que Israel atravesó una racha bien amplia de déficits comerciales, por su alta tasa de crecimiento inicial, la avalancha de inmigrantes judíos llegados de todo el mundo y el constante conflicto con los países vecinos.

Fuentes históricas recuerdan que en medio de la intensificación de las confrontaciones con la coalición árabe formada por la República Árabe Unida (otrora Egipto), Jordania, Irak y Siria, durante la llamada guerra de los Seis Días de 1967,el país tuvo que elevar sus gastos de defensa del 8% a más del 20% del PIB.

Mas para 1973, estas erogaciones llegaron al 30% ante la urgencia de Israel de defenderse de la ofensiva conjunta egipcia y siria, en el ámbito de la guerra del YomKipur.

Como era de esperarse, la desproporcionada militarización de la economía terminó desviando posibles inyecciones de recursos a otros renglones no menos importantes y ello redundó en una crisis fiscal sin precedentes. De tal suerte, el déficit del Estado rozó los 15 puntos porcentuales del PIB, la deuda pública superó el 150% y la inflación disparada despegó hacia el 400% anual.

Tales índices obligaron a reducir las partidas de defensa, aunque con ellas también fueron cayendo, cual efecto dominó, las destinadas a atender problemáticas fundamentales como las de educación, sanidad, protección social y vivienda pública.

Casi al unísono, comenzó a verse un resquebrajamiento de los términos de intercambio y las exportaciones bajaron de un rango de influencia de un 40% del PIB a apenas un 1.5% en 2016.

Para la gobernadora del Banco de Israel, Karmit Flug, de lo que se trata es que hace mucho tiempo la economía del país es “un tren con una locomotora moderna, tirando de anticuados vagones”.

La alta tecnología es ese tren, por cuanto conserva el dinamismo de las start up y permite a Israel continuar liderando en el mundo en cuanto a innovación, aunque quienes trabajan en el sector no reciben grandes beneficios salariales.

De esta industria salen los drones o aviones no tripulados que ya tienen presencia en casi todo el orbe, así como otros ejemplares de la gran maquinaria militar israelí, de la cual tanto se habla. Empero, esta no es la única carta de triunfo tecnológica del país, que por estar situado en una región árida y semidesértica tuvo que desarrollar ingeniosas maquinarias de riego por goteo y plantas desalinizadoras de agua.

Sin embargo, ello no logra palear los gastos asociados a una mentalidad guerrerista prevaleciente. Los informes oficiales son elocuentes.

Sin dudas, Israel sigue presentando buenos resultados económicos, con respecto a otras naciones menos avanzadas, mas ello no supone la ausencia de desafíos importantes como las trabas burocráticas y la incertidumbre en la regulación, acorde con representantes del Banco Mundial.

Paralelo a esto obra la insistencia en mantener un conflicto de vieja data y enormemente costoso que sigue desgastando a las partes enfrentadas: el israelo-palestino. Este provoca que cada año Israel pierda 5,7% de su PIB para conservar el servicio militar obligatorio y garantizar fuerzas de choque contra los presuntos enemigos del otro lado.

La confrontación también contribuye a reducir la riqueza nacional de los ciudadanos, por cuanto el costo directo del mantenimiento de las Fuerzas Armadas ronda el 6% del PIB, a lo cual se suman otras erogaciones para el sostenimiento de la reserva de una parte de territorio para las necesidades de Defensa, la contratación de guardas de seguridad o la construcción de habitaciones aisladas, en las cuales esquivar los ataques con gases tóxicos.

Probablemente esta sea la causa fundamental, unido a la reducción de las ayudas de los aliados en medio de la crisis financiera global, de la existencia de dos suertes de rostros económicos en Israel. Uno, el que pone al descubierto el 90% de los trabajadores con bajos salarios y otras miserias; y el segundo, plagado de huellas que confirman que la opulencia sigue campeando por su respeto en ciertas zonas.

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