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Los historiadores del libro Atemorizar la Tierra, afirman en el prefacio lo siguiente: “Estigmas como la corrupción, la impunidad, el engaño y los subterfugios, así como la explotación despiadada, la intimidación por terror y el rechazo descarado de la ley, sellos distintivos de Guatemala hasta el día de hoy, tienen en Pedro de Alvarado un fértil progenitor” (pág. 18).

Esta pareciera ser la marca de país, a pesar de contar con talento e imaginación humana, hermosa biodiversidad y una inmensa riqueza cultural que se ha ido atesorando a lo largo de muchos años.

Recorrer los caminos de la historia, nos conduce a encontrar las huellas que han determinado una forma agresiva de acumulación de capital cueste lo que cueste. La voracidad es la cara oscura que hunde al país en una profunda tragedia humana. Quienes aumentan sus riquezas materiales, no quieren ver más allá de sus narices y se esconden entre palacetes, casas de campo o de chalets de playa, del drama humano en el cual vive la gran mayoría de la sociedad guatemalteca.

Estos sectores corruptos evasores del pago de impuestos como el IVA, que “constituyen una microfracción que goza de lujos inimaginables sin preocuparse por mañana”, se olvidan que viven en un país como Guatemala, que, según un reportaje del Siglo, es “uno de los más desiguales y por consiguiente, con mayores índices de exclusión social”.

Los corruptos intentan con su estilo de vida de ricos, imponerlo a otros, especialmente a los sectores emergentes que tienen más hambre de dinero y poder, que las mismas clases oligárquicas. Esta forma de proceder para alcanzar riqueza, es la gran motivación y causa central de la corrupción como fenómeno social que ahora nos ahoga, más que nunca.

“Los corruptos intentan con su estilo de vida de ricos, imponerlo a otros, especialmente a los sectores emergentes que tienen más hambre de dinero y poder, que las mismas clases oligárquicas”.

El reportaje del periódico El Siglo con fecha del 5 del presente mes, indica que la evasión del IVA, alcanza la suma de Q20 millardos anuales. Dinero que se lo cobran al consumidor pero no lo declaran y por lo tanto se lo embolsan los corruptores. Esto indica, según el economista Walter Figueroa de ICEFI, “que los actos de corrupción no tienen ideología, ni sector. Aunque se ha tratado de vender la idea que la corrupción solo se gesta en el sector público y no es así, como dicen los entendidos en la materia, es un tango que se baila entre dos”.

Quienes históricamente han detentado el control del Estado para el cumplimiento de sus propias apetencias de poder político y económico, hoy se espantan que políticos sin conciencia de servicio al bien público como ha sido la tradición en el país y los sectores emergentes, sean tan abiertamente corruptos. Se les olvidó que por siglos, ellos también actuaron así, a lo mejor con estilo refinado, pero con el mismo sentido en torno al uso del poder. Hoy, son más descarnados y hasta burdos en la forma de actuar, pero dentro de algún tiempo, quizás también serán refinados, que hasta les gustará adornar sus casas con pinturas de grandes pintores, “oír” música clásica e ir a la iglesia para recibir baños de pureza espiritual para calmar su mala conciencia.

La corruptela campea por doquier y no solo en Guatemala para que no nos creamos tan importantes por saber que somos los únicos. Europa tiene ejemplos de este mal social, América del Norte y del Sur, el mundo asiático, en fin, es un fenómeno mundial. Pero cada país tiene su forma particular de enfrentar este mal endémico. Unos lo logran, otros lo disfrutan.

En lo que respecta a Guatemala, como sociedad y como Estado, habrá que trabajar desde el hogar, la escuela, la universidad, el centro de trabajo, el gobierno, desde el poder legislativo y el poder judicial. Debemos de contribuir a construir ciudadanía, porque este es el gran antídoto contra la corrupción.

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