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Japón cerca del fin de la era Akihito

171204 JAPÓN

Japón probablemente vivirá el 30 de abril de 2019 la primera sucesión en vida de un emperador en dos siglos. Akihito es el primero que ascendió al trono sin el halo divino del que gozaron sus predecesores, como “símbolo del Estado y de la unidad de la nación”, y por decisión personal podría convertirse en el primero en abdicar. Bajo su mandato, durante los últimos 28 años, cobraron cuerpo los discursos pacifistas nipones y la búsqueda de la reconciliación en Asia Oriental; pero también una estrategia encaminada a mantener al país en el rango de potencia
económica mundial, muy cerca del reinante Estados Unidos.

Aunque la nación nipona cuenta con pocos recursos naturales -algunos yacimientos de oro, magnesio, carbón y plata-, la enorme plataforma marítima que rodea al archipiélago lo convirtió en uno de los proveedores más importantes de productos de pesca. Japón también es considerado el segundo mayor fabricante de vehículos y barcos del mundo, pero ello no es más que una parte de su diversificado sector industrial, que aporta 27% del PIB. Productos de base como el acero y el papel, hasta de alta tecnología, le valieron el reconocimiento internacional y a estas alturas nadie cuestiona el predominio en renglones como la industria automotriz, la robótica, la biotecnología, la nanotecnología y las energías renovables.

Por otro lado, aunque la agricultura apenas abarca el 15% de la superficie del territorio asiático, contribuye de forma
marginal al PIB (1,2%) y emplea a menos de 4% de la Población Económicamente Activa, goza de un apoyo muy
fuerte del Estado y cubre elementos fundamentales para la dieta de la población: el té y arroz.

SIGNOS ALENTADORES
171204 JAPÓNFuente: Banco Mundial, 2016

Quizás por la fortaleza ganada, a pesar de los vaivenes asociados a la crisis financiera global, al retroceso del consumo (-1.9%), a los frenos a la inversión (-2%) y a la pujanza demostrada por el cercano China, Japón muestra ciertas señales de crecimiento y de que sus potencialidades todavía no están agotadas.

Para muestra ténganse en cuenta la moderada expansión del Producto Interno Bruto (PIB) en 1.4%, en el tercer trimestre de este año; una inflación sin repuntar (0.2%), un estado de pleno empleo, y un sector de servicios que mantiene un buen ritmo con la perspectiva de impulsar mucho más la economía en general.

Un estudio de la consultora Markit/Nikkei mostró que los servicios japoneses lograron su máximo nivel en el mes de
octubre con respecto a lo reportado hace dos años y ello impactará favorablemente el crecimiento al cierre de diciembre. Este renglón representa más del 70% del PIB y emplea a cerca de 70% de la población activa, en medio del auge del turismo, si se considera que el número de turistas alcanzó 24 millones en 2016, es decir, el doble de 2014. El sondeo realizado por la firma puso al descubierto, además, que el Índice de Gerentes de Compras (PMI) llegó a 53.4 puntos porcentuales, con lo cual dejó atrás los 51 de septiembre. Asimismo, el nuevo índice de negocios alcanzó su mejor puntuación desde mayo de 2013: 53% en octubre, contra los 52 puntos del mes anterior. Y el índice de confianza empresarial subió a un máximo de 4 meses de 55.5 desde 53.3 en septiembre.

Otro dato presentado por la empresa, como señal positiva, es el hecho que el PMI compuesto -combinación de los sectores manufactureros y de servicios- ascendió a 53.4 de 51.7 en septiembre y con esto sobrepasó el máximo nivel en 5 meses. Ello alentó la confianza en que, ni una eventual desaceleración económica, echará por tierra ese indicador. Mas funcionarios del Banco de Japón (BOJ) concordaron en la necesidad de evitar triunfalismos y llamaron a procurar la continuidad de estos avances, con el fin de consolidar un escenario capaz de reforzar la fe de los consumidores y con ello el movimiento del mercado interno.

VULNERABILIDADES

La tercera potencia económica mundial está muy expuesta a las variaciones en el mercado internacional, debido a una fuerte dependencia de las exportaciones. Esta desventaja se hizo notar con creces en los últimos años, por medio de reiterados episodios de recesión provocados por la desaceleración económica mundial. Casi al unísono, la recurrencia de desastres asociados al cambio climático agravó esta tendencia y debilitó el crecimiento económico, al punto que en 2016 este apenas fue de 0.5%.

El consumo y el comercio exterior marcaron la pauta de esa tímida expansión y a juicio de expertos, al terminar este año ello pudiera repetirse, sin demeritar la incidencia que tendrán las exportaciones fuertes del país.

Las reformas económicas del primer ministro Shinzo Abe o Abenomics suponían múltiples límites desde su conformación y la práctica demostró la certeza de los malos augurios. Ni la reactivación presupuestaria, ni la flexibilización monetaria, ni la reforma estructural implementadas como parte de esa estrategia cambiaron el rumbo descendente de la economía japonesa y más bien pusieron de relieve la urgencia de buscar nuevas alternativas para regresar a niveles superiores alcanzados en otro tiempo.

De hecho, la deuda pública ronda los 240 puntos porcentuales del PIB, mientras que el crecimiento apenas asoma la nariz, sin llegar a lo requerido para revertir ese indicador.

Paralelo a esto, aunque la tasa de desempleo bajó a 3% en 2016, los sueldos crecen de manera insuficiente, porque las empresas se resisten a redistribuir ganancias. De igual modo, la inversión privada continúa siendo limitada y la consolidación presupuestaria persiste en mantenerse como un tema clave para el país.

Las estimaciones del BOJ sugieren que muy poco cambiará con relación a ese comportamiento, en un territorio marcado por el ascenso progresivo del gasto social, debido a una población que tiende a envejecer en medio del ascenso del nivel de vida.

Datos oficiales aseveran que los japoneses mayores de 65 años representan el 27.7% de la población y que para la mitad de este siglo deben alcanzar casi el 40%, lo cual inclina a pensar que la reducción de la mano de obra y la debilidad del sistema de protección social son grandes amenazas para el futuro.

Téngase en cuenta que Japón posee una de las esperanzas de vida más largas del mundo, mientras registra una disminución alarmante de la natalidad: el año pasado nació menos de un millón de niños, la cifra más baja desde que existen las estadísticas.

Sin embargo, el Gobierno está aferrado a la idea de organizar unos Juegos Olímpicos en 2020 cuando menos inolvidable e insiste en que, a pesar de los escollos, alcanzará un superávit primario hacia esas fechas.

FRONTERAS AFUERA

La gestión para conseguir esas metas deberá marchar aparejada a la negociación puertas afueras, en una región donde las tensiones políticas parecen llamadas a fortalecerse, sobre todo con China y Corea del Sur.

Abe había logrado firmar el Tratado Transpacífico de Colaboración Económica (TPP) con 11 países de Asia-Pacífico, pero Estados Unidos se retiró del por decisión de Donald Trump en enero de 2017.

Después de ello la arrolladora influencia china sigue ralentizando la ratificación del acuerdo y está por ver cuándo acabará entre todas las partes involucradas la tirantez en torno las barreras comerciales, el establecimiento de un marco común de propiedad intelectual, el reforzamiento de los estándares de derecho del trabajo y derecho ambiental, y el establecimiento de un mecanismo de arbitraje de diferencias inversor-estado.

Estos puntos alientan la incertidumbre sobre el futuro de ese tratado, mientras Trump continúa exigiendo a los nipones asumir una parte de los costos relacionados con la presencia de fuerzas estadounidenses en Japón. El riesgo geopolítico de tal petitorio es grande y más el perder la oportunidad de recibir 20 millones de turistas cada año de aquí a 2020.

En tanto, sigue la expectativa alrededor de lo que acontece en Corea del Norte, donde los arrebatos de Kim Jong-un insuflaron una magnitud inédita a la crisis de ese país en los últimos meses y motivaron un sexto ensayo nuclear, así como varios lanzamientos de misiles al espacio, dos de los cuales sobrevolaron Japón.

Frente a esto, el Gobierno de Shinzo Abe aboga por aumentar la presión sobre el régimen de Pyongyang y demuestra su respaldo a la decisión de Estados Unidos de recurrir incluso a la acción militar para frenar su carrera armamentista. Sin embargo, continúa el coqueteo con Moscú, cuya propuesta es retomar el diálogo diplomático en aras de acabar con las ínfulas del líder coreano.

Estas posiciones descubren la facilidad ganada para navegar en todas las aguas, sin mayores contratiempos, y ello induce a pensar que tal vez Japón logre por mucho tiempo mantener la estabilidad de su mercado de bienes y servicios hacia el exterior a despecho de los vientos.

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