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Energías renovables, apuesta por el futuro

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Costa Rica logró generar 100% con energías limpias cerca de 300 días en el transcurso de este año. Según el Centro Nacional de Control de Energía (CENCE), el país vecino acumula 99.62% de producción eléctrica a partir de las fuentes renovables asociadas al viento, el agua y los volcanes, la proporción más alta desde 1987.

“La optimización de la matriz nos ha permitido aprovechar la alta disponibilidad del agua. Los embalses de regulación nos ofrecen una garantía para maximizar el uso de las fuentes variables, principalmente el agua a filo y el viento, y paralelamente dosificar el aporte de la geotermia”, declaró el presidente ejecutivo del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), Carlos Manuel Obregón.

Pero también en Nicaragua y Guatemala se invierten recursos en el desarrollo de las energías renovables y con el objetivo de ampliar la cobertura eléctrica en comunidades rurales aisladas productivas, así como en asentamientos urbanos.

El segundo ya posee una de las mayores plantas fotovoltaica de la región con 5 MW de potencia y cerca de 20 mil paneles solares, mientras avanza en la consecución de planes tendentes a aumentar el uso de energía solar en espacios hogareños, hoteles y otras instalaciones, en distintos puntos.

Sin embargo, por mucho es sobrepasado por Honduras, líder en solar en Centroamérica y tercero en cuanto al crecimiento de esa alternativa en América Latina.

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TENDENCIA REGIONAL

Así como los ejemplos mencionados, otros sugieren que casi todo el continente está empeñado en implementar reformas energéticas para disfrutar cada vez más de los beneficios de estas fuentes energéticas limpias, por la impronta favorable que ejercen en el medioambiente y por extensión, en los seres humanos.

De hecho, informes de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA por sus siglas en inglés) confirman que de 2010 a 2015 América Latina y el Caribe invirtió 80 mil millones de dólares en energías renovables no convencionales (ERNC, de las cuales se excluyen las grandes hidroeléctricas).

Como resultado, una cuarta parte de la energía primaria total en esta zona geográfica proviene de fuentes renovables, lo que la convierte en uno de los mercados más dinámicos en el sector.

Mas pese a los pasos hacia adelante, queda mucho por hacer y ello cobra rango de urgencia si se considera que para 2030 el consumo de electricidad en el continente crecerá un 80% y en Centroamérica pudiera llegar a 120%, según la Comisión Económica de América Latina y el Caribe (CEPAL).

El repunte demográfico y a tono con ello, del uso de aparatos electrodomésticos y eléctricos; unido al despegue de la actividad industrial, dispararán la demanda de energía para entonces

Por esa razón, la CEPAL sugirió intentar cubrir la mayor parte de la demanda de manera sustentable y con ello evitar el reforzamiento del impacto negativo del cambio climático, cuyo efecto mantiene en vilo a estas poblaciones durante ciertas épocas del año.

Sin duda, América Latina y el Caribe posee un potencial importante para mitigar los efectos negativos del consumo energético en constante crecimiento, pero continúa pendiente el integrar el uso de las fuentes renovables al tradicional consumo de hidrocarburos u otras que pudiera agotarse a largo plazo.

La falta de políticas públicas para incorporar patrones de desarrollo sustentables es uno de los problemas que más atenta contra este desarrollo, aunque algunos estudios apuntan a que estas fuentes ofrecen alternativas económicamente competitivas por el abaratamiento de la tecnología y pueden frenar con creces las emisiones de gases de efecto invernadero.

Una investigación desarrollada por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el Centro de Colaboración Frankfurt School-UNEP y Bloomberg New Energy Finance, mostró que la inversión mundial en energías renovables registró un descenso anual del 23% en 2016. Ello, exceptuando la hidroeléctrica a gran escala.

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El estudio, presentado bajo el título Tendencias Globales de Inversión en Energía Renovable 2017, puso al descubierto que la capacidad representó una cifra récord por la disminución del costo de las instalaciones y que las fuentes eólicas, solares, geotérmicas, de biomasa y residuos, además de las pequeñas centrales hidroeléctricas y marinas, añadieron 138.5 gigavatios (GW) a la capacidad mundial durante el período.

Ello redundó en el ascenso del 9% respecto con los 127,5 GW instalados en 2015. Es decir, la nueva capacidad ganada en renovables durante el año anterior -con una inversión de 241,6 mil millones de dólares-, equivalió a casi la producción combinada de las 16 instalaciones de energía más grandes del mundo.

Estas erogaciones fueron la más baja desde 2013 y si bien con ello basta para decir que marcaron un hito, cabe mencionar que también permitieron que la electricidad obtenida de tales fuentes aumentara de 10.3 a 11.3%. Pero tal vez uno de los aspectos más encomiables es que redujeron las emisiones de dióxido de carbono en casi 1.7 gigatoneladas.

Los investigadores hicieron notar la impronta positiva en este proceso del descenso notable de los precios y pusieron como ejemplo que el gasto promedio de capital en dólares por megavatio de energía fotovoltaica solar y eólica cayó en más de 10 puntos porcentuales. Puntualizaron, además, que las nuevas inversiones en solar sumaron 113.7 mil millones de dólares, para un descenso de 34 % frente al récord de 2015, aunque las adiciones de capacidad llegaron a un máximo histórico de 75 GW.

Asimismo, la eólica alcanzó 112,5 mil millones de dólares de inversión a escala mundial e incorporó 54 GW, lo cual significó una caída del 9% respecto a los 63 GW del año precedente.

Con esto y más quedaron confirmadas las tesis de quienes concuerdan en que la energía renovable puede competir ya con la convencional.

“Difícil, pero no imposible”, sugiere la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), que insiste en que la transición energética global es técnicamente posible e incluso ventajosa económicamente para los países pobres.

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