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Eurozona: del caos a la recuperación

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Después de una década de desaceleración, las economías de los países miembros de la Comunidad Económica Europea (CEE) están situados en un punto de inflexión, que pudiera marcar una tendencia hacia la recuperación de sus tradicionales promedios de crecimiento anuales previos a la crisis arrastrada desde 2008.

De enero a noviembre de 2017 la trayectoria seguida por la llamada Eurozona inclina a muchos analistas económicos a pensar en un posible incremento del Producto Interno Bruto (PBI) del bloque al cierre del año y en la estabilización de un mercado laboral que continúa dando señales positivas.

Las estadísticas son elocuentes y reflejan los avances interanuales en cuanto a la aceleración del ritmo de crecimiento de las principales economías de esa zona geográfica: Alemania 2.8%, Francia 2.2 e Italia 1,5%. Fuera de la comunidad, Polonia sobresalió con un avance del 5% interanual.

Según el Instituto de Estadística de la Unión Europea (EUROSTAT), con sede en Luxemburgo, la economía de la región mantuvo un tímido crecimiento en el tercer trimestre del año al lograr una expansión del 0.6 % del PBI, para un total de 2.5 puntos porcentuales en la etapa, 2 décimas por encima del ritmo interanual observado en los 3 meses anteriores.

La oxigenación de la producción industrial es otro de los factores que alientan la confianza en la recuperación del área, con un aumento del 3.2% interanual. Si bien este dato supone una reducción con respecto al mes anterior (0.4), lo más notorio es que superó con creces el promedio del año precedente (2.4%). Alemania y España (3.4%), Francia (3.3%) e Italia (2.8%), aportaron mucho al mejoramiento de ese indicador.

También en el período la inflación bajó al 1.4%, por debajo de la meta inflacionaria de 2% establecida por el Banco Central Europeo. No obstante, los precios de la energía alcanzaron la tasa interanual más elevada entre los componentes de la inflación, al ascender a 3.0%; mientras que la alimentación, el alcohol y el tabaco subieron con más intensidad: un 2.4 frente al 1.9 del mes precedente.

Paralelo a esto, la desocupación descendió en el conjunto de los 28 países que conforman la CEE a 7.5% en septiembre, lo que equivale a cierta estabilización si se compara con el mes anterior y con el 8.4%  del mismo mes en 2016. Esta es la tasa más baja desde noviembre de 2008 y alienta la esperanza en mejores tiempos para las economías hogareñas, por cuanto 1.43 millones de personas más pudieron reincorporarse al trabajo respecto a septiembre del año pasado.

Sin embargo, las diferencias continúan siendo grandes de uno a otro país en materia de desempleo. Por un lado, Grecia y España mantienen los niveles más altos (21 y 16.7%, de manera respectiva), y por otro las tasas más bajas están en República Checa (2.7), Alemania (3.6) y Malta (4.1).

Desde enero de 2009, en la Eurozona prevalecían tasas de desocupación superiores al 9% y pese a que en Alemania, Francia e Italia es notoria la cruda realidad en ese orden; en España, Portugal, y otros países sí hubo cierta mejoría.

171130 EUROZONA_ Infografía: CEPAL

La UE es el mayor inversionista en América Latina y el Caribe, según Cepal.

Con tales signos de recuperación, en un año marcado por significativos procesos eleccionarios, no es sorprendente que la confianza en la economía de la eurozona haya subido a su nivel más alto desde los primeros tiempos de la unión monetaria, o sea de 0.9 puntos en enero de 2001 a 114.6 en noviembre.

Otros indicadores reflejan que la mayor firmeza del crecimiento durante el presente año en la CEE tiene como base una sincronización más elevada entre países.

Según la Comisión Europea, órgano ejecutivo y de iniciativa legislativa sobre el Parlamento y el consejo de la Unión Europea (UE), para determinar la confianza en sectores económicos de los estados miembro del bloque, este repunte se debe a la solidez alcanzada en los principales sectores económicos de la región, entre estos manufacturas, venta minorista y construcción.

Aunque todavía países como Francia, España e Italia tienen varias tareas pendientes por resolver, para disminuir el déficit fiscal lo suficiente con tal de evitar los riesgos en sus finanzas públicas, la economía de Alemania sigue una marcada tendencia a su reconfiguración.

El Economic Sentiment Indicator (ESI) reveló el acrecentamiento progresivo de la confianza en la industria (0.2), en los servicios (0.1), construcción (1.2) y entre los consumidores (1.2). Frente a tales resultados, llama la atención en el retroceso en el puntaje del comercio minorista (1.3).

Un estudio del EUROSTAT puso al descubierto que desde julio el volumen del comercio minorista en la Eurozona experimentó una caída del 0.3% en comparación con el mes anterior, cuando rondó el 0.6%. Sin embargo, constató que en términos interanuales creció un 2.6%.

La dependencia asoció esas variaciones al descenso del volumen del comercio de combustibles para automóviles y de las ventas de comida, bebida y tabaco, sobre todo en los países con desplomes más evidentes en el rubro minorista: Alemania (-1.2%), Croacia (-1.1%), Estonia y Austria (-1%).

PERSPECTIVAS

Pero los buenos augurios no confunden a las mentes más preclaras y continúan las coordinaciones con tal de fortalecer a la organización regional que rompió con la hegemonía del dólar en el mundo. Prácticamente superado lo peor de la crisis, los miembros de la UE están empeñados en impulsar un proceso de reflexión sobre su futuro.

El proyecto contempla la reforma de la Unión Económica y Monetaria (UEM), a partir de las propuestas presentadas con ese propósito, en particular las de la canciller alemana Ángela Merkel y del presidente francés Emmanuel Macron. Los planes promovidos por ambos pudieran estar en el sustrato del primer paquete de decisiones que deben adoptarse en la Cumbre del Euro, el venidero 15 de diciembre.

Mas, algunos analistas advierten que las aspiraciones de transformar la UEM no son compartidas por todos los Estados miembros. De hecho, la negociación continúa dividida y dominada por la derecha europea. Esta controla tanto las instituciones comunitarias como la mayoría de los gobiernos nacionales y ello puede redundar en el triunfo de su posición.

No hay que perder de vista que la UE resultó de muchos diálogos y pactos logrados a partir de estos, que contribuyeron a forjar de manera progresiva cierto equilibrio entre todas las partes enfrentadas. Empero, los compromisos entre las grandes familias políticas de la región y la diversidad de intereses de los distintos países alguna que otra vez salen a flote e impiden la consolidación efectiva de la UEM.

Súmele a esto la fragilidad de las fuerzas socialdemócratas en Europa a la cual asistimos en estos tiempos, que refuerza los desafíos para quienes propulsar los valores progresistas en el diseño de la Eurozona del futuro.

Justo alrededor de este punto giran muchos de los enfrentamientos en las reuniones del área, donde la socialdemocracia insiste en la necesidad de que las reformas de trasciendan el objetivo de estabilizar los mercados financieros e introducir más disciplina de mercado para controlar los déficits. Y si algo no debe olvidarse es que más allá del mal gobierno, fue el mercado el que provocó la crisis económica en la UEM.

Conforme con esa visión, son cada vez más las voces que abogan por garantizar el equilibrio entre los resultados económicos y sociales en la Eurozona, para garantizar la sostenibilidad de la estabilización. De tal suerte, la meta sería consolidar la dimensión social y con ello asegurar que el pleno empleo, así como la corrección de los desequilibrios de cohesión y laborales continúen siendo objetivos centrales de las políticas de la zona.

La Cumbre Social de Gotemburgo (17 de noviembre) puso sobre el tapete de la mesa las ventajas de acogerse a esta perspectiva, pero tampoco alcanzó un consenso lo suficientemente fuerte como para poder hablar de un cambio en el paradigma dominante, que ve la estabilidad monetaria por encima de la social.

La transformación progresista de la UEM requeriría abordar las principales debilidades estructurales de la actual arquitectura institucional de la agrupación; marcada por múltiples desequilibrios internos sistémicos, en detrimento de la convergencia entre países. Pero también por un sesgo deflacionista, que causa bajas tasas de crecimiento y empleo; bajos niveles de inversión, que frenan una transición en cuanto al modelo económico, la vulnerabilidad sistémica de los sistemas bancarios y financieros; y un déficit democrático.

Este último aspecto es una de las razones que explican la proliferación y fortalecimiento de partidos políticos populistas y euroescépticos, lo cual puede llevar a una tendencia revisionista y destructiva de la planificación integradora. Buena parte de esas fuerzas, que algunos asocian a la vieja izquierda, proponen valorar que las reformas promuevan el crecimiento sostenible, la convergencia entre países y la estabilidad económica, política y social de todos los estados miembros de la UEM.

Sin dudas, estos problemas tienen viejas raíces en Europa, pero la crisis los magnificó y hasta creó los cimientos para su fortalecimiento a pesar de las medidas adoptadas con tal de frenarlo.

TENTÁCULOS

En tanto, prosigue el accionar en aras de crear sinergias con otros bloques o zonas económicas o fortalecer acuerdos establecidos de manera bilateral con ciertos países.

De acuerdo con el vicepresidente del Parlamento Europeo, Ramón Luis Valcárcel, “la relación entre la UE y América Latina atraviesa uno de los mejores momentos y más dulces de las últimas décadas, por lo que Europa debe mirar más y mejor hacia Latinoamérica”.

Pese a la pujante presencia china en esta parte del mundo, México es el segundo país al cual exporta Europa y Chile es el segundo de un bloque de naciones con mayor afinidad con la UE, informó.

Asimismo, aludió a la existencia de un segundo bloque cuyos miembros están reforzando sus lazos con la parte europea, entre los cuales mencionó a Colombia, Perú y Ecuador.

A juicio de Valcárcel, Cuba está en un tercer grupo, por cuanto “empieza a mostrar signos de acercamiento a la UE”, luego de años de diferencias en aspectos relativos a la forma de conducir los derechos humanos y otros temas mayoritariamente políticos. Del lado opuesto estaría Venezuela, porque según el vicepresidente del Parlamento Europeo, lejos de afianzarse la relación con ese país muestra signos muy fuertes de deterioro en torno a “democracia, derechos humanos y situación socioeconómica con un clima de creciente inestabilidad política y social”.

“La Unión Europea busca reforzar lazos con aquellos países más cercanos a los valores comunes en los que se fundamenta la asociación birregional UE-ALC, como la democracia, los derechos humanos, o Estado de Derecho”, puntualizó el político español, para quien resulta fundamental estar prevenidos de que “Europa y América Latina son aliados naturales”.

América Latina y el Caribe constituye el quinto socio comercial más importante de la UE, al mismo tiempo que ese bloque regional es el principal inversor extranjero en la zona. Mas, con Estados Unidos sólo se está tratando de defender las posiciones existentes, porque desde que Donald Trump llegó al poder la relación con ese país dio un giro de 180 grados.

Otras fuentes muestran los progresos en el trabajo por lograr un nuevo acuerdo con los países del Mercado Común del Sur a finales de año, pero ello dependerá de cuanto se logre superar las visiones encontradas respecto a la agricultura, los servicios, el establecimiento de estos, y las provisiones sobre acceso a los mercados públicos.

Así las cosas, la UE trata de seguir empujando su proyecto integracionista alrededor del Euro, que más que una moneda única es el símbolo de un proyecto político cuyo objetivo es anudar a los países miembros, desde una perspectiva política, económica y social en medio de un mundo globalizado y dividido por bloques o áreas de influencia.

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