El Siglo

Una interrogante llamada salario mínimo

La Comisión Nacional de Salario (CNS) insiste en que carece de información sobre las propuestas de las Comisiones Paritarias para fijar el salario mínimo para 2018. Aunque desde septiembre estas informaron que elevaron sus propuestas a esa instancia técnica y consultiva, la institución asegura que faltan detalles por afinar para presentar este mes una proyección consensuada al presidente de la República.

Mientras tanto, crecen las expectativas en torno a la eventual sugerencia que pueda dar el ente al mandatario, quien tendrá hasta la última semana del año para anunciar su determinación al respecto y con ello alegrar o deprimir más a la población trabajadora guatemalteca.

Cada diciembre, millones de personas en el país esperan por la fijación del nuevo salario mínimo, con la esperanza de que este rebase lo establecido el año anterior y dé un poco más de alivio a las economías familiares. Pero las dudas alrededor del cálculo de la Canasta Básica Alimentaria, por la aplicación de una nueva metodología por parte del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), despertaron las alarmas y hasta una que otra declaración que puso en entredicho la confianza en una posible fijación salarial conforme con las necesidades de la población.

Si bien en 2016, el establecimiento de la tasa de pagos mínima devino el peor desacierto del gobierno transicional de Alejandro Maldonado, la polémica tendió a la baja con el aumento limitado que determinó un año después Jimmy Morales.

Esa fijación, que tampoco calló a las voces empeñadas en procurar un salario más acorde con el costo de vida en el país, buscaba que a partir del 1 de enero de 2017 los empleados del sector agrícola y no agrícola devengaran un salario diario de Q86.90 diarios, es decir, Q 5.03 más en comparación con el monto de 2016. Esto, unido a las bonificaciones de ley, pudo llevar el salario mensual para ambos sectores a Q2 mil 893. Para los empleados de actividades exportadoras y de maquila, el pago diario debió ser de Q74.89 (Q4.59 más), para un total final de Q2,667 mensuales.

De tal suerte, Guatemala volvió a confirmarse como uno de los que menos paga por concepto de salario mínimo en Centroamérica, pese a su ventaja sobre el que peores da, Nicaragua, como reflejan los informes de los respectivos ministerios del Trabajo.

Peor todavía son las verdades de Perogrullo que saltaron durante el repaso de la temática, y que igualan a ambos países, en los cuales no todos los empresarios pagaron lo que correspondía y los que lo hicieron, tampoco pudieron resolver la complicada situación de poblaciones empleadas siempre al borde de la pobreza en medio de los desequilibrios económicos y sociales en estas naciones.

La Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (CEPAL) reconoce más de 172.5 millones de personas afectadas por la exclusión social en esta región, o sea, cerca de 56.5 millones de hogares. Y asegura que ello pudiera agravarse por el probable debilitamiento de los sistemas de protección social, a raíz de la reducción de los fondos públicos destinados a ese fin.

El Consenso de Montevideo y la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible llaman a integrar debidamente lo económico, lo social y lo ambiental, con lo cual se evitarían rezagos en ese sentido, mas no todos los Estados firmantes cumplen con los 136 indicadores previstos y descuidan la integración de la población a esa corriente de sostenibilidad.

Guatemala tiene mucho que ganar en ese sentido. Hecho sabido es que, mientras 260 chapines tienen un caudal de más de 30 mil millones de dólares, 6,054 menores -de cero a 5 años- mueren por situaciones médicas (2015), casi siempre asociadas a la desnutrición, en el quinto país más afectado del mundo por ese flagelo, según el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia.

Un estudio del Union Bank of Switzerland (UBS) y de la consultora Wealth-X, con sede en Singapur, señala que lo concentrado en manos de 260 personas en este territorio (más de Q231 mil millones por cada uno de estos), equivale a lo que el Estado recauda como promedio cada 4 años y al 56% de la economía anual del país más estable en ese aspecto en Centroamérica.

Dicho de otro modo, 0.001 por ciento de los casi 16 millones de guatemaltecos tienen más capital que el resto de una sociedad en la cual pululan por las esquinas niños vendedores de cualquier cosa, lustradores de zapatos, come fuego o aprendices de mimo en los semáforos.

De acuerdo con el informe Evaluación de la Pobreza en Guatemala, del Banco Mundial, el país fue capaz de reducir la pobreza de un 56 al 51 por ciento de 2000 a 2006, pero para 2014 ese indicador ascendió a 59.3 por ciento. La situación es particularmente difícil en casi la mitad de los municipios rurales, donde 8 de cada 10 personas son pobres, acorde con los Mapas de Pobreza Rural.

El organismo financiero internacional declaró que un crecimiento económico más alto pudiera favorecer los planes de reducir la pobreza, aunque admitió que las políticas en favor de los pobres solo producirían mejoras marginales debido a la magnitud del atraso acumulado en materia social.

“Si Guatemala crece al 5% anual durante los próximos años -algo que ya está descartado- y el crecimiento no viene a expensas de los pobres, el impacto sobre la pobreza y la equidad será significativo”, opinó la entidad.

Los reducidos ingresos por vía de los impuestos, con respecto al tamaño de la economía, es uno de los elementos que conspira contra un mejoramiento en ese sentido, concuerdan economistas, para quienes igual resulta perentorio acabar con la criminalidad, el mal de todos los males para algunas personas en el territorio.

La inversión extranjera es reacia a vivir en la incertidumbre, por situaciones legales o la conflictividad social; así como en el miedo a crímenes como las extorsiones, el de mayor incidencia en el ámbito nacional.

Hasta el primer semestre de 2017, la Inversión Extranjera Directa (IED) que recibió Guatemala sumó 579.3 millones de dólares, para un incremento de 2.3% con respecto a los 566.4 millones ingresados en igual etapa de 2016, confirmó el Banco de Guatemala (Banguat).

Sin embargo, pese al leve incremento logrado, es preciso trabajar en aras de fortalecer la entrada de capitales foráneos y ello pudiera ser mucho más favorable en sectores como la energía, la minería, y la comercialización de equipo y maquinaria, a juicio de especialistas.

Estos alientan, además, a seguir los esfuerzos por hacer de este territorio una suerte de plataforma logística para Centroamérica, a partir del fomento de centros de distribución que permitan aprovechar el tamaño del mercado y la posición geográfica del país.

Las propuestas son múltiples, desde todos los puntos de vista, la cuestión es acabar de llegar a consensos y trabajar por un mayor bienestar de la población. Los resultados del proceso de discusión sobre el salario mínimo, y en particular el nivel que este alcance, pudieran adelantar algunos pasos en aras de alcanzar esos propósitos.

Foto: CCG 

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