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A los 73 años de la autonomía de la USAC

Columnista

El 9 de noviembre de 1944, la Junta Revolucionaria de Gobierno de la República de Guatemala, emitió el decreto No. 12 por medio del cual se otorgaba autonomía a la Universidad de San Carlos de Guatemala. El mismo entró en vigencia el 1 de diciembre de ese año.

A partir de esa fecha se le otorgó a la USAC la libertad de cátedra, expresión y organización, esto significo sin duda uno de los mayores avances del siglo pasado para nuestro país en materia no solo de educación superior sino por los roles que está universidad juega en materia social y política en Guatemala.

Con la ruptura de la denominada primavera democrática en nuestro país, el avance de la contrarrevolución y con el establecimiento de los regímenes a partir de la década de los años 60,   cientos de estudiantes, catedráticos y trabajadores fueron torturados, muertos o desaparecidos, muchos otros debieron salir del país para salvaguardar su vida o la de sus familias. Vaya época.

Sin embargo 73 años después de entrada en vigor la autonomía universitaria las más altas autoridades de la USAC deben hacer una clara reflexión sobre el pasado reciente de esta casa de estudios, una crítica al actuar presente y esbozar los escenarios de futuro que permitan que la Tricentenaria, cuarta en antigüedad fundada en américa latina y única Universidad estatal en Guatemala, pueda trascender en el tiempo y espacio de actuación, tanto en lo técnico, científico, social y devenir político del país.

La USAC de apoco se ha venido recuperando de los duros golpes de su historia, así como pasado de la protesta a la propuesta, tomando un papel de primer orden en las jornadas cívicas de 2015 con la convocatoria de la Plataforma para la Reforma del Estado que concluyo con el resultado por todos conocido.

El año pasado con la realización de más de 25 jornadas de dialogo por el agua que pusieron en perspectiva nacional la urgencia del tratamiento de los recursos hídricos en el país, así como en el presente año con las justas de septiembre que obligaron al Congreso a dar marcha atrás en lo que fuere uno de las peores tropezones de esta legislatura. La recuperación del espacio estudiantil de la AEU es otra clara muestra de la regeneración de la Tricentenaria.

Así mismo debe también considerarse que la USAC como un espacio social, se encuentra sometida a diversas presiones que condicionan su radio de acción, entre ellas el incumplimiento de las obligaciones presupuestarias del Estado, derivados de las crecientes demandas sobre los cada vez más escasos recursos públicos.

Sin duda alguna la historia de la Tricentaria y estos 73 años de autonomía han sido gloriosos, sin embargo el tiempo demanda que la Carolina convoque a sus mejores hombres y mujeres, ahora que todavía están vivos algunos, cite a los que se encuentran en el exilio, a un congreso académico para repensar la USAC del 2050, una jornada de estricta academia y sociedad, alejada de las pasiones e intereses que conlleva el tan solo hablar de la Reforma Universitaria.

Estamos de acuerdo en que el aporte de la USAC al desarrollo de Guatemala ha sido invaluable, ello no está en entredicho, sin embargo las asimetrías de nuestra sociedad nos dictan que definitivamente lo hecho hasta la fecha no nos alcanza, pues como decía mi maestro Tarsicio Parrado sj. “No pretendan considerarse profesionales de éxito viviendo en una sociedad con tanta desigualdad social”. Felicidades en la celebración de la autonomía y ojala el referido congreso académico – social se haga realidad y sea otro de los valiosos legados del presente periodo rectoral.

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