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China por el jaque mate

China nunca deja de sorprender. Desde que comenzó a acelerar sus pasos logró colocarse en el segundo escalón de la economía global y todo parece indicar que continuará haciendo fuerza con tal de desplazar de una vez a su principal competidor por la primacía, Estados Unidos.

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De 2013 a 2016, el Producto Interno Bruto (PIB) anual creció 7.2 %, cifra superior al 2.6% de la economía global, y al 4% de la media de las economías en vías desarrollo. Además, en el último de esos años las reservas probadas de oro subieron a 12 mil 100 toneladas y con ello logró ubicarse en el segundo puesto mundial en ese indicador, detrás de Sudáfrica.

El país más poblado del mundo -1.379 miles de millones de habitantes- creció el año pasado 6,7% con respecto al anterior y, pese a quedar dos décimas por debajo de lo alcanzado entonces, superó a la primera economía mundial que apenas logró 1.6%.

Proyecciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), con sede en París, alientan a pensar que esta tendencia continuará, por cuanto se prevé que la nación asiática alcance 6.8 % al cierre de diciembre.

De concretarse el vaticinio, la megaeconomía china -reconocida por la destreza demostrada para crecer y posicionarse en el tablero global, en medio de la crisis financiera internacional- tendría más del doble del PIB del mundo en su conjunto, que debe llegar a 3.5 puntos porcentuales este 2017.

Mientras, EE. UU. estará por debajo del promedio mundial, con previsiones de 2.2% y en medio del debate por un plan de reforma fiscal que continúa sin convencer a muchas personas.

Otro puntal de la economía global, la eurozona, solo podrá situarse por debajo de la media global, con un aumento del PIB de 2.4%, señala el informe de la OCDE, con base en el análisis de la trayectoria de 35 países de varios continentes, que representan cerca del 70% del mercado mundial y el 80 del PIB global.

Para el Banco Mundial (BM), la mejora de las perspectivas de crecimiento global y la sostenida demanda interna en ascenso, apuntalan una mirada positiva para las economías en desarrollo de Asia oriental y el Pacífico. En medio de ese escenario, China muestra un ritmo más fuerte de lo esperado y grandes posibilidades de repetir el 6.7 % de 2016.

El ente financiero advirtió que varios riesgos externos e internos pueden frenar la concreción de esas estimaciones y aludió a la incertidumbre generada por ciertas políticas económicas aplicadas, la escalada de tensiones geopolíticas y las políticas monetarias en Estados Unidos. Sin embargo, insistió en que espera que el reequilibrio gradual de la inversión y del consumo interno continúen en China.

DESDE PEKÍN

Informes del Consejo de Estado, con sede Pekín, destacan que el país mantuvo su dinamismo en 2017 y hasta sobrepasó las proyecciones de expansión en el PIB. De igual modo, aseguran que las reservas de divisas extranjeras siguieron en línea ascendente, pese al desplome de las materias primas y la crisis de connotaciones planetarias.

Conforme con datos del Banco Central, al cierre de octubre los dólares de reserva ascendían a 3.11 billones, para un incremento de 703 millones respecto al mes precedente. Asimismo, el más notable comprador de oro en el último trimestre del año cuenta con 50.1 toneladas de ese metal en sus reservas, para un total de 1,708.5 toneladas en el último trimestre, según el Consejo Mundial del Oro.

Por su parte, la Asociación Nacional del Oro compartió su satisfacción porque durante el año pasado las transacciones con ese metal, en el mercado interno, alcanzaron las 70 mil toneladas y por la posible superación de ese volumen en 100 mil toneladas, en 2020.

China es considerado hace un decenio el mayor productor mundial de ese mineral áureo, con 450 toneladas anuales y hace un lustro ganó el título de principal consumidor.

Con el ánimo de mantener esa fortaleza, el gobierno de Xi Jinping prevé aumentar la producción anual a 500 toneladas para 2020, meta posible de alcanzar si se considerada el descubrimiento de un valioso yacimiento de oro de primera clase en la provincia oriental de Shandong, con un caudal cercano a las 550 toneladas y un valor apróximado de 150 mil millones de yuanes (unos 22 mil millones de dólares).

Paralelo a esto, en los primeros 3 trimestres del año, la expansión del PIB llegó a 6.9%. Un consumo doméstico robusto y una política empeñada en recuperar las exportaciones contribuyen en buena medida a los progresos constantes que despiertan las miradas sobre el país oriental, que sigue entre los primeros 5 que más invierten en otros mercados.

Téngase en cuenta que poco más de una docena de ciudades chinas tienen una población millonaria y un rendimiento económico comparable al de algunas naciones.Tal es el caso de Shanghái, Beijing y Hong Kong: pero también de Shijiazhuang, Wuxi, Changsha, Suzhou, Ningbo, Foshan o Yantai, por solo citar algunas.

Las megarregiones más importantes son el Delta del río Yangtsé, el Delta del río de las Perlas y Beijing o Tianjin. La primera, por ejemplo, exhibe un PIB combinado de 2.17 billones de dólares, comparable al de la India; en tanto, la segunda, alcanza 1.89 billones de dólares en ese indicador, lo cual la coloca en un estado más o menos similar al de Italia. Por su parte, Beijing-Tianjin tiene un PIB combinado de 1.14 billones de dólares, muy parecido a Australia.

Los progresos de la nación asiática mucho deben a la estrategia aperturista implementada a partir de 1979 y a las reformas internas posteriores, que viabilizaron la conversión del país en un potente captador de capital foráneo. Esto llevó aparejado el desarrollo de la infraestructura, transporte y tecnología, así como el mejoramiento de las condiciones de vida al aumento de prolongarse la esperanza de existencia de 68 años a 73.5 años.

LAZOS ESTRATÉGICOS

“China nunca más cerrará las puertas al mundo, ofrecerá cada vez más oportunidades a los inversionistas extranjeros y protegerá sus derechos de propiedad intelectual”, afirmó en una ocasión Xi Jinping, cuya política de Estado reforzó la intención de ampliar y fortalecer lazos estratégicos con otros bloques económicos y países del mundo.

Como resultado, el gigante asiático se convirtió en el mayor socio comercial de América Latina y el Caribe y desplazó de ese puesto a Estados Unidos, al menos en lo que va de 2017. Datos del Ministerio de Comercio de China muestran que la inversión directa no financiera en este continente experimentó un crecimiento interanual de 39 puntos porcentuales y rebasó los 29,800 millones de dólares.

La Comisión Económica para América Latina (CEPAL) reconoce a esta región y a China como los polos de crecimiento mundial en estos tiempos, porque tienen grandes posibilidades de crecer en los próximos años de 2 a 3 veces más rápido que las economías industrializadas.

Al mismo tiempo, cree que las inversiones chinas pudieran viabilizar la transformación de la estructura productiva de las debilitadas economías latinoamericanas, buena parte de las cuales están empeñadas en fortalecer las relaciones bilaterales y los lazos de cooperación económica y comercial con sus contrapartes chinos.

La inauguración de un parque industrial en la sureña ciudad de Zhuhai, provincia de Guangdong, constituyó un paso más adelante en esos planes. Las instalaciones, ubicadas de forma estratégica en la zona de libre comercio de Hengqin, cercana a las regiones administrativas especiales de Macao y Hong Kong, posibilitarán el establecimiento de un área de cooperación económica y comercial con políticas que garantizan una mayor apertura de mercado, pero a la vez ganancia mutua.

Pero ahí no para la estrategia orientada a crear sinergias por el mundo. China también estableció acuerdos valiosos con 16 naciones de Europa Central y Oriental. El grupo 16+1, en el cual participan Albania, Bosnia y Herzegovina, Bulgaria, Croacia, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Macedonia, Montenegro, Polonia, República Checa, Rumania y Serbia, pudiera traducirse en el futuro en otra historia de éxito económico y comercial del país asiático.

Todo ello, sin dejar de lado la búsqueda de nuevos convenios con otros gobiernos europeos e incluso, con Estados Unidos.

Foto:  Bloomberg

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