El Siglo

En río revuelto…

El ex vicepresidente del gobierno del exmandatario Oscar Berger y excanciller de la administración de Alvaro Arzú dijo en una presentación que existen “fuerzas obscuras” que buscan dividir al país. Estoy totalmente de acuerdo con esa premisa. Que existen pescadores que ganan en este río revuelto, existen. Quizás no estemos de acuerdo ese distinguido doctor y político y esta humilde ciudadana, en quienes ganan, pero que eso lo que está sucediendo, salta a la vista.

Dicen que “río revuelto es ganancia de pescadores” y vale la pena preguntarse quién gana con tanta división e inestabilidad. Nos queda clarísimo que el pueblo, lo dijo doble y no es error, pierde. Pierde el ciudadano capitalino que ha mejorado en algo su nivel de vida, tiene su trabajo estable, sus prestaciones, y lleva su vida permitiéndose su tamalito o su pache los jueves. Pierde el ciudadano clase media que quiere abrir su negocito, porque con semejante inestabilidad, ni qué decir. Pierde el empresario fuerte, el de los millones, y que cuando pierde, pierde millones. Pierde el Estado porque no recaba suficientes fondos. Pierde el Congreso porque es visto como un nido de ladrones y padrastros de la patria, sin ofender a todos esos padrastros ejemplares que existen en el mundo real. En suma, perdemos todos.

Pero y entonces, cabe preguntarse ¿Quién se nos escapa de la lista?. Ganar pueden con esto quienes han salivado por décadas llegar al poder y saben que jamás llegarán por la vía de las urnas. Personajes siniestros, obscuros, indescifrables, enigmáticos, cuestionables, especialmente los que cual camaleón han sabido cambiar de partido y bailar al son que les toquen con tal de hacerse los quites. Ganan porque en medio del caos político, ellos salen a brillar como “iluminadores” que nos muestran el camino a seguir entre tanta bruma. Lo triste es que no sabemos que el camino que nos muestran no nos lleva a un prado verde sino a un profundo precipicio porque su linterna solo alumbra a unos pocos pasos. Basta con ver sus logros mientras estuvieron en el poder, no sentados en la guayaba en sí, pero sí al ladito.

Y entonces, usan a sus peones y a sus alfiles y a sus obispos y a sus torres, tipo ajedrez, para movilizar lo que quieren y encausar a la opinión pública hacia donde ellos lo desean. Y muchos caen en su juego. Con esto no quiero decir que uno no debe ser definido. Es necesario serlo, pero es indispensable tender puentes, buscar la convergencia y de ahí partir para encontrar las soluciones.

El tema ideológico nos guste o no, siempre estará ahí. Si usted cree en repartir lo ajeno y no lo propio, es de izquierda le guste o no. Si usted cree que lo que usted posee es suyo y quiere cuidarlo, es de derecha, le guste o no. Eso no quiere decir que no coincidamos todos en que hay que eliminar la corrupción y la impunidad sin importar apellidos, etnias, cuenta bancaria, etc. Ahí, nada que discutir, creo…

Lo lindo es que de 16 millones de habitantes, la gran mayoría se dedica a su trabajo, al diario sustento, a los retos de sus familias, de lo que realmente importa y es trascendental en la vida, y no somos más que un puñado el porcentaje que vemos internet y estamos activos en redes sociales.  Fácil manipular al que no ha tenido el desarrollo mental (antes que se ofendan, recuerden el grave problema de malnutrición crónica que tenemos y por ende, de cerebros literalmente, menos desarrollados) y decirle que le van a “regalar” desde la A hasta la Z.  Pero quienes tienen su parcelita, quienes tienen sus animales, quienes tienen algo, comprenden que con repartir lo ajeno no se resuelve nada.

“Pierde el ciudadano clase media que quiere abrir su negocito, porque con semejante inestabilidad, ni qué decir”.

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