El Siglo

Familia, alegría y futuro

Hace un tiempo recibí,  y vale la pena reconsiderarlo,  un libro de título incisivo: La alegría de ser uno más. Familias que crecen. Es un estudio claro, que expone también la trayectoria de la sociedad cuando las familias se vacían de hijos. Hace pensar y  afronta el problema demográfico a nivel mundial. Aclara cuáles son las consecuencias de la sequía demográfica; como la falta de nacimientos produce un desequilibrio importante en los países, llegándose a poner en peligro el mismo Estado de bienestar por la falta numérica de trabajadores jóvenes.

La familia, subraya el autor, representa un papel insustituible en la historia. Su desaparición o deterioro tiene unas consecuencias capaces de hacer tambalear los cimientos de cualquier sociedad. Como decía Chesterton: “Quienes hablan o actúan contra la familia no saben lo que hacen, porque no saben lo que deshacen”.

Y lleva también a pensar en las familias numerosas donde pone de manifiesto que criar a muchos hijos suele ser más sencillo que criar a muy pocos con todos los caprichos. La familia numerosa, señala, se convierte en la mejor escuela para enseñar a vivir a los hijos. Un niño criado en una familia numerosa “tendrá facilidad de ser mejor persona y querer más y mejor a los demás”.

En este último aspecto es interesante una persona con un cargo político importante en Alemania; que, como alguien señalaba, además de tener títulos universitarios y además tiene  siete hijos, criarlos educados en sólidas virtudes morales es buena esposa y buena madre.

Es figura significativa en un país que, como el resto de los países europeos, padecen del llamado “suicidio demográfico”: se muere más gente de la que nace y necesita recurrir a los inmigrantes de países con otro idioma y otra cultura, lo que siempre supone serios problemas de asimilación social. Como ministra, hizo una pequeña revolución que aunque fue mal vista por algunos de su propio partido; pero ella siguió adelante, sin acobardarse. Por ejemplo, promovió guarderías gratuitas y ayudas a los padres para el cuidado de los hijos, así como el permiso para que los padres pudiesen quedarse en casa cuidando de los niños.

En una entrevista daba razones que nos sirven a todos. Decía que estamos, sobre todo psicológicamente, en una situación muy crítica. “Hay que recordar el clásico dicho, de que cada niño trae un pan debajo el brazo: se llama alegría, fuerza creadora, seguridad futura… los niños no significan pobreza, sino amplitud de miras. La familia recobra su importancia, no sólo como factor de equilibrio, sino como herramienta para transmitir directamente unos valores, que dan interioridad y trascendencia. Además, comprobamos que sin niños un país no puede –evidentemente- seguir existiendo, por razones económicas  y también emocionales.  La familia –dice- es donde se aprende la responsabilidad entre hijos y padres, y los valores que queremos para mañana.

Por ello, podemos concluir, debemos exigir una política familiar definida por parte del Estado, una política fiscal que beneficie a los padres, también de familias numerosas.

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