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Estado Islámico había amenazado antes de la masacre en Egipto

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El joven egipcio Mohamed Jalil, habitante de Bear al Abd, el pueblo donde ocurrió la masacre contra una mezquita frecuentada por sufíes en el Sinaí, aseguró que “el Dáesh acrónimo en árabe de Estado Islámico, había amenazado antes a la gente del pueblo con matarla si seguía con sus rituales”.

En una conversación telefónica desde Bear al Abd, cuyos habitantes continúan llorando a sus 305 muertos entre ellos, 27 niños, según la fiscalía egipcia, Jalil cuenta los momentos vividos tras el peor atentado terrorista en suelo egipcio en su historia reciente y cómo el grupo extremista ya había advertido de un ataque. “Los del Dáesh amenazaron antes a la gente del pueblo de que, si seguían con sus rituales propios de la corriente sufí, la mataría

Y la llamaron idólatra”, afirmó este egipcio oriundo de Bear al Abd. El ataque, todavía no reivindicado por ningún grupo extremista, se produjo en la mezquita de Al Rauda, uno de los centros más importantes en el lugar para los sufíes, corriente del islam mística cuyos fieles buscan aproximarse progresivamente a la divinidad y alejarse de lo racional que dicta el islam.

Por ello, son tildados de politeístas, al venerar otra divinidad que no es Dios, por parte de las ramas que siguen una doctrina más estricta del islam, como es el caso del wahabismo o el yihadismo.

Al principio los radicales lanzaron granadas de mano de fabricación casera y no causaron daños a la mezquita”, explicó, pero ante el estruendo las personas comenzaron a salir del templo y los terroristas aprovecharon para entrar. “Empezaron a tirotear con armas pesadas durante entre veinte y treinta minutos, sin que apareciera la seguridad. Muy pocos fueron los que pudieron escaparse”, señaló.

Según la fiscalía egipcia, los radicales se colocaron frente a la puerta del templo y sus doce ventanas y comenzaron a disparar de forma “indiscriminada” con armas de fuego automáticas contra los fieles que rezaban. El relato oficial apuntó que algunos radicales entraron en la mezquita Al Rauda “enmascarados y otros no, con mucho pelo y barba” e izaron “la bandera negra del Dáesh”.

Tras conocer lo ocurrido, Jalil se acercó al Hospital Público de Bear al Abd y quedó abrumado por la cifra de víctimas que vio. “Todo el pueblo”, asegura, acudió a donar sangre hasta copar las reservas. Sin embargo, argumentó, el hospital es muy pequeño y fue junto a más personas a un centro médico nuevo, cercano al anterior, pero que sigue en construcción.

En palabras de Jalil, “el director no nos dejó trasladar los heridos al hospital porque todavía no habían recibido los nuevos equipos médicos”. Pero no se quedaron con los brazos cruzados y entraron en el centro sanitario para coger algunas camas y llevarlas al hospital público. Los casos más urgentes fueron trasladados al Hospital público de Ismailiya, cerca del lugar del suceso y en el canal de Suez, en el norte de Egipto.

Debido a la presencia de veinte ambulancias en la localidad, los heridos que no pudieron ser trasladados en los vehículos de transporte fueron trasladados en camionetas de carga. “Muchas familias perdieron a todos sus hombres. Ha sido un horror”, evoca el joven. Asimismo, asegura que vio cómo los cuerpos de los fieles asesinados en la masacre fueron enterrados en la noche del viernes al sábado y los cifra en 327. “Las excavadoras comenzaron a cavar en la tierra para colocar los cadáveres. Eran cuarenta en cada fosa, hasta que llegaron a los 309” en Al Rauda. En Bear al Abd, por otro lado, enterraron a 18 más. En total, 327 muertos, una cifra que difiere de la ofrecida por las autoridades.

Con información y fotos de: EFE

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