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Tiempo de paz y reconciliación

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editorial

La vida cotidiana en Guatemala se ha convertido en una actividad en la cual conviven todos sus habitantes bajo la inestabilidad política, económica, violencia, sicariato, descalificación o ninguneo del prójimo, la mentira y el odio, así como la polarización ideológica promovida por grupos de presión, con razón o sin ella. Todo por lograr objetivos políticos o económicos para alcanzar el poder.

Desde la conquista hasta hoy día, Guatemala ha convivido con enfrentamientos, primero con los conquistadores invasores, luego por la dominación de unos sobre otros, gachupines sobre mestizos, posteriormente entre clases estamentos y castas.

La segunda mitad del siglo pasado, tuvo como protagonista un conflicto armado interno que trajo consigo la polarización ideológica que se creía había sido librada con la firma de los acuerdos de paz, sin embargo en el presente se ha vuelto a esa polarización producto de intereses políticos que buscan agenciarse del poder por la vía de un golpe blando.

Mientras algunos grupos extremistas juegan el Games of Thrones, la ciudadanía común y corriente sufre las consecuencias de ello, lamentablemente mientras estos grupos se enfrentan con palabras, hechos y ataques directos o indirectos, aplicación de justicia selectiva y la actuación de la santa inquisición; la pobreza sigue creciendo, la desnutrición infantil nos empuja hacia la somalización de la niñez, la violencia se recrudece y los habitantes de este bello país, se desesperan.

Es tiempo de tomar conciencia de la destrucción que estamos haciendo de nuestra nación, despertar de una vez y tomar acciones que nos permitan acuerdos tendentes a la pacificación y reconciliación, convivimos en un lugar geopolítico y geoestratégico que no permite para el coloso del norte, dejar hacer y dejar pasar, o los GUATEMALTECOS somos capaces de reconciliarnos y actuar en pro del bien común, o lamentaremos más temprano que tarde, una invasión verdadera y la dominación que tanto hemos tratado de evitar uno y otro bando ideológico.

El dilema es si realmente queremos tener y construir una nación libre, justa y solidaria, o seguiremos en la actividad destructiva entre hermanos, sin ser capaces de lograr acuerdos en los cuales encontremos el ganar-ganar, como base para una verdadera negociación y resolución de conflictos.

Para alcanzar la paz y reconciliación verdadera, debemos ser capaces cada grupo de presión de reconocer los errores cometidos consciente o inconscientemente, pagar el costo de esos errores, pedir perdón al afectado y verdaderamente comprometernos a no volver a atacar con palabras o hechos concretos a la otredad, en pro de una convivencia pacífica en la búsqueda del verdadero desarrollo para todos y cada uno de los habitantes del país del realismo mágico.

Solamente conscientes del respeto a la vida, el reconocimiento de una sociedad en la cual confluya justicia aplicada por igual sin distinción de raza, credo o condición social, y la verdadera aplicación de los pesos y contrapesos para ejercer un gobierno sin intervenciones de un organismo sobre otro, en el cual se construya una verdadera REPÚBLICA, podremos convivir en paz.

Por una nación libre, justa y solidaria.

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