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COLUMNISTA

La historia se repite una y otra vez.  De los latinajos, viene a la mente el famoso nihil novi sub sole; la mayoría de los que viven en determinados momentos de la historia creen que es la primera vez que algo pasa y que del desenlace de los acontecimientos depende el paraíso o el abismo.  Tristemente, la memoria colectiva de la humanidad es muy corta; parecemos no aprender del pasado.

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El Terror o régimen del terror, se le denomina a un período de la revolución francesa caracterizado por una brutal represión.  Salvo los descendientes de Luis XVI, no creo que haya alguien que defienda aquel ancien regime absolutista; la revolución francesa trajo enormes beneficios a la humanidad, por algo fue producto de la ilustración, fertilísimo período de ideas que siguen vigentes al sol de hoy.

Regresando a el Terror y a cómo se repite la historia, hago un símil con lo que ahora pasa en Guatemala.  Nadie, salvo los corruptos, podría estar a favor de la continuidad del ancien regime de despilfarro y latrocinio.  Estamos del lado de la “revolución” en contra de la impunidad y corrupción que, como en aquel momento, fue liderada por personajes que gozaban del aprecio popular; sin embargo, esos personajes y sus seguidores eventualmente pasaron por guillotina -cariñosamente, “la viuda-; el caso más notable fue el de Robespierre a quien se le atribuye la frase “el Terror no es más que la justicia rápida, severa e inflexible” ¿a que les recuerda los llamados de por estos días para eliminar recursos legales que “retrasan” la aplicación de la justicia?

Estoy seguro que cuando Robespierre participó en el Comité de Salvación Pública jamás pensó que le aplicarían “la viuda” luego de haber sido uno de sus precursores.

La revolución francesa, el Terror, la reacción de termidor y su inevitable consecuencia: el ascenso de Napoleón luego de un golpe de estado, son hechos por demás conocidos y esta no es una clase de historia.

Guatemala ha estado viviendo, mutatis mutandis, su propia revolución en la que los radicales “montañeses” no permiten el disenso de los girondinos y van a por ellos guillotina en mano, solo que ahora se les dice SAT o Cicig.  Para los montañeses, no es suficiente apoyar la caída y persecución del corrupto antiguo régimen; si no se está de acuerdo con sus procedimientos y con el régimen del terror, uno deja de ser revolucionario y se convierte en enemigo y, como a los girondinos, nos mandan a cortan cabeza.

Harían bien los personajes que ahora dirigen y participan en el régimen de terror en releer sus libros de historia y ponderar cómo pararon aquellos.  Imagino que si lo hacen no podrán evitar sentir cierto escalofrío en el pescuezo.

A Dantón -acusado entonces de corrupción- y a Robespierre también les cortaron la cabeza; fueron víctimas de su propia creación. Como entonces, ahora también hay personajes que se creen Marat y que desde sus medios defienden a pie juntillas todo actuar de los líderes del nuevo régimen.  Marat fue vulgarmente asesinado.

En Guatemala, todos los días nos exponemos a ser víctimas de la violencia “común” o del crimen organizado como las maras; a ello ahora hay que agregar que nos exponemos a la violencia del régimen del terror si no estamos de acuerdo con todo lo que hacen y de cómo lo hacen.

Los apabullantes despliegues de decenas de policías fuertemente armados para ingresar a las oficinas y viviendas de las personas para simplemente obtener documentación son aberrantes e innecesarios.  Para ir a capturar a un narco -porque de los terroristas de Codeca ni hablar- lo entiendo, ¿pero para ir a “inmovilizar” un edificio o recabar prueba documental a una multinacional? ¡Por favor!

Como aquel, este régimen del terror y sus prácticas terminará, mutará y tendrá consecuencias, de eso pueden estar seguros.  Para mientras, los sans-culottes siguen bien jodidos y los “dantones” ganando en euros y tax free.

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