El Siglo

Decir la verdad se paga caro pero vale la pena

La función principal de los medios de comunicación desde sus inicios ha sido informar la verdad de los hechos a toda la población o al menos ese es su deber ser. Esta función se ha visto truncada por las siguientes razones:

  1. Económicas: los medios de comunicación viven de la pauta publicitaria por lo que si su anunciante más fuerte desea censurar una nota la mayoría ceden o pierden los ingresos de dicho anunciante.
  2. Políticas: los gobiernos censuran cuando los medios dicen la verdad en contra de ellos y hasta los clausuran.
  3. Amenazas y atentados de grupos oscuros: cuando los medios de comunicación exponen una investigación en contra del crimen organizado, son víctimas de amenazas y atentados con consecuencias fatales.
  4. Ideologías: algunos medios desinforman y mienten con el fin de que prevalezca su ideología.

¿Qué pasa con los medios que tienen el valor de decir la verdad? Pocos han sido estos valientes medios que han nadado contra la corriente e informan con la verdad a pesar de las temibles consecuencias. En Venezuela fueron 49 medios valientes que se pronunciaron contra el Gobierno Bolivariano, que con una ideología comunista casi han destruido al país, la consecuencia de esto fue que muchos de sus empleados son ahora presos políticos y los 49 medios fueron cerrados por el gobierno y silenciadas sus redacciones (Cosa que han hecho todos los gobiernos totalitarios).

En Colombia, en tiempos del terror por parte del narcotraficante Pablo Emilio Escobar Gaviria (simpatizante y colaborador de las FARC) que quería llegar al Congreso y elegir un presidente afín con su ideología de izquierda. El diario de antaño El Espectador y su redacción se llenaron de valor y en sus notas y editoriales denunciaron la verdad de quién era este oscuro personaje y su pandilla. Como consecuencia sufrieron un atentado, en 1986 asesinaron a su jefe Guillermo Cano Isaza, años más tarde, por parte del mismo delincuente sufrieron un bombazo en sus instalaciones quedando estas destruidas, pero esto no silenció a la valiente redacción colombiana.

En Guatemala, en el gobierno de la ladrona Ingrid Roxana Baldetti Elías, sobrina del ladrón exiliado Jorge Serrano Elías, intentaron silenciar a las redacciones de diferentes medios de comunicación por exponer las verdades y los hurtos que cometieron durante su mandato, cosa que no lograron y estos problemas empoderaron a la fiscal general Thelma Aldana y al colombiano Iván Velásquez en una lucha en contra de la corrupción, por ironías de la vida son dos personajes señalados con anterioridad en sus países por hechos ilícitos y ahora dirigen una campaña para “hacer cumplir la ley”, así como a la vez se empoderó a la mal llamada sociedad civil.

Este fenómeno generó una alianza entre CICIG, MP, PDH, organizaciones de izquierda como CUC, CODECA, entre otras, para preparar el terreno para que quede un presidente afín a sus ideologías de izquierda ya sea por golpe suave o por elecciones democráticas sacando del juego a todos sus rivales y entes que se oponen a ellos por medio de justicia selectiva y desinformando con medios de comunicación que buscan el mismo objetivo (así nacen los regímenes totalitaristas).

Hay un medio de comunicación llamado Siglo.21 que desde el inicio de esto se pronunció y dijo la verdad de todos estos personajes del mal, sufriendo ataques mediáticos por parte de esos grupos y hasta la incautación de sus instalaciones violando el debido proceso, como buen régimen totalitario trataron de silenciarlos y silenciar a quien les dice sus verdades, esto incluye la tonta artimaña de investigar a quien se opone a ellos por medio de redes sociales, violando claramente el derecho constitucional de la libre emisión del pensamiento. Así como Siglo.21 fue víctima de estos conspiradores, han sido víctimas todos los que se oponen a ellos.

Por eso el precio de la verdad en el mundo es muy alto, incluye amenazas prisión, atentados, censura, violación de derechos y hasta la muerte, (prueba de esto serán los comentarios que obtendrá esta columna), pero vale la pena pagar este precio pues como lo hicieron los 49 medios cerrados en Venezuela, como lo hizo El Espectador y como lo está haciendo Siglo.21, una mejor nación, una patria soberana y un mejor futuro para nuestros hijos no tiene precio.

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