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PNC detecta actuar de extorsionistas

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171123 EXTORSIÓN

Los investigadores de la Policía Nacional Civil, especializados contra las extorsiones que realizan las clicas del Barrio 18, la Mara Salvatrucha y los grupos denominados oportunistas, los cuales simulan la conducta de los pandilleros, a distintos negocios y familias en el país, han revelado cómo efectúan las actividades ilícitas contra sus víctimas.

Algunas acciones de los extorsionistas van desde dejar teléfonos en inmuebles y vehículos de transporte público y realizar llamadas personales, o enviar papeles con amenazas.

Detectives indicaron que durante los allanamientos y operativos contra grupos de extorsionistas, detectaron algunas diferencias entre el actuar de las dos pandillas y personas que sin ser integrantes de clicas, también se dedican a exigir dinero a cambio de no atacar de manera violenta a sus víctimas.

171123 EXTORSIÓNFotos: PNC

Recientemente hicieron requisas en varias cárceles, entre los artículo incautados hay celulares, que habrían sido usados para extorsionar.

EL BARRIO 18

Regularmente envía a sus integrante a distintas zonas de la capital, en donde tienen el dominio territorial, y estos dejan teléfonos móviles en los negocios, casas y a transportistas. La primera amenaza que se hace a la víctima es de abstenerse a desechar el aparato o no contestarlo, porque de lo contrario sería atacada a balazos.

En la mayoría de los casos, las llamadas telefónicas son realizadas por pandilleros que permanecen en prisión, específicamente en el sector 11 del Centro Preventivo para Varones de la zona 18, y el Infiernito, Escuintla, en esta última guardan prisión los cabecillas de la Rueda del Barrio. La primera exacción es de Q 10 mil por negocio y posteriormente siguen exigencias de Q 500 semanales, dependiendo la cantidad de dinero que genere la actividad comercial.

MARA SALVATRUCHA

Extorsiona a sus víctimas por medio de un enviado, comúnmente se trata de la pareja sentimental o “jaina”, en su lenguaje, o un “vato”, si se trata de un miembro de la estructura que goza de la confianza del jefe de la pandilla.

Estos son los encargados de entregar notas escritas en pedazos de papel identificados con dibujos que hacen referencia los grafitis de la “MS”. También amenazan a sus víctimas para que entreguen las cuotas exigidas, o de lo contrario tomarán represalias.

Ya comenzada la negociación, los extorsionistas piden que la primera cuota sea de Q 5 mil y posteriormente Q 100 semanales. Las pesquisas detallan que algunas víctimas han acorado dar el dinero en pequeñas cantidades, pero que las fechas de entrega no son discutibles, y se señala el Bono 14, medio año o época navideña como algunos momentos en los que se intensifica la actividad extorsiva.

En fechas de festejos, las cantidades exigidas por los extorsionistas van desde los Q30 mil. La coordinación de esas acciones se hace por llamadas telefónicas originadas desde la cárcel El Boquerón, Cuilapa, Santa Rosa, en donde se encuentran presos los jefes de la estructura, quienes se agrupan en el Consejo de los Nueve.

Ambas agrupaciones son sanguinarios, realizan ataques tanto a los tenderos y pilotos de buses, y han llegado al extremo de descuartizar a sus víctimas.

171123 EXTORSIONESInfografía: Siglo.21 / Sandra Hernández
LOS OPORTUNISTAS

Los grupos de oportunistas o imitadores son los que más se han aprovechado de las extorsiones y del temor que genera en las personas estar en una situación que vincule a pandilleros. Según el análisis que ha realizado la Policía durante las investigaciones con resultados positivos en gran escala, se ha comprobado que de 10 extorsiones, estos grupos han cobrado siete, el resto
han sido originadas por pandillas.

Para obtener el dinero se habilita una cuenta bancaria y entre los cuentahabientes se encuentran las abuelas, la mamá o el papá, los hermanos, primos y amigos, de quien dirige al grupo. Y la víctima puede ser cualquiera, incluso otros integrantes de su familia, compañeros de trabajo, de estudios o vecinos.

La forma de operar de los oportunistas es simple, según los investigadores, pues sus víctimas son personas cercanas, de acuerdo con las evidencias que han localizado en varios allanamientos.

Ellos generalmente no utilizan la violencia, sino que se aprovechan del temor que infunden las pandillas y las extorsiones.

MIGRANTE ES AMENAZADO

 

Raúl es el nombre ficticio que la víctima de extorsión decidió utilizar para contar su historia. Es un hombre de 30 años, casado, padre de dos bebés, un niño y una niña, y que hace poco más de ocho meses radica de manera ilegal en Estados Unidos. Los primeros días de noviembre recibió una llamada en la cual se le exigen Q50 mil a cambio de no matarlo.

El protagonista de la historia viajó hacia el país del norte del continente en busca de mejores oportunidades de empleo. En Guatemala trabajaba para una empresa de instalación de tendido eléctrico. Estudió para ser electricista y al graduarse obtuvo el permiso de la Empresa Eléctrica de Guatemala, Sociedad Anónima para ejercer sus conocimientos. Conducía un camión y a su cargo estaban entre siete y nueve personas más.

El salario que Raúl tenía por cumplir su trabajo era de hasta Q8 mil, pero con su familia creciendo, ese dinero se hizo cada vez menos, pues tenía que pagar medicinas para su esposa mientras se encontraba en estado de gestación de la niña. También tenía que invertir en alimentos, ropa y otros artículos su hijo.

La respuesta que encontró a su situación era que debía viajar a EE. UU.  para conseguir dinero. No importaba qué tuviera que hacer allí. Un amigo lo convenció de que conseguiría trabajo casi inmediatamente a su llegada. El sueño de muchos es entrar a ese país y comenzar a mandar parte de sus ingresos económicos a su familia.

El amigo que le dijo a Raúl que se fuera de Guatemala, le presentó a otro amigo, quien se dedicaba a mover gente desde Colombia hasta la frontera de Tijuana, México, con San Diego, EE. UU., por donde hizo su ingreso de manera ilegal a la tierra del Tío Sam.

DINERO, DEUDAS Y EXTORSIÓN

La falta de recursos económicos hizo a Raúl pensar dos y hasta tres veces en irse a otro país. Pero vendió algunas cosas, como una motocicleta y electrodomésticos. También habló con su jefe y le dijo que quería que lo despidiera, porque así podría recibir la liquidación que le correspondía por casi cinco años de trabajo. Pidió dinero prestado a familiares y amigos.

Al reunir el dinero y hacer cuentas, Raúl vio que le alcanzaba para pagar los Q75 mil el coyote le pedía para trasladarlo. El viaje se haría a pie, duraría entre 10 y 15 días, y sería acompañado por personas que conocían el camino y por otros que también querían entras a EE. UU.

Las promesas eran sencillas: tendría comida, lugar donde dormir, y si fuera detectado por las autoridades migratorias en cualquier parte del trayecto, podría hacer el intento dos veces más.

Los meses que Raúl ha vivido en EE. UU. le han servido para dejar el consumo de bebidas alcohólicas y las frecuentes salidas nocturnas de viernes y sábado, porque debido a los controles criminales se fortalecieron por instrucciones de Donald Trump, y en el caso de ser encontrado en estado de ebriedad, podría ser detenido y deportado.

Habló con su esposa y saludó a sus hijos a principios de noviembre. Fue una videollamada con la cual vio cómo han crecido los menores, el mayor está próximo a cumplir cuatro años, mientras que la bebé ha superado los primeros seis meses de vida.

El momento crucial de la conversación fue cuando le contó a su cónyuge que había recibido una llamada en la cual le exigían que depositara Q50 mil a una cuenta bancaria. La amenaza que le hicieron fue que habría represalias si se negaba a hacerlo: conocían dónde estaba y con quienes se mantenía en EE. UU., tenían información de su familia. Esos dos enunciados le nublaron la mente, dijo, y su primer pensamiento al recobrar la conciencia fue de regresar a su casa, a su país. Por su seguridad, el migrante no quiso contar qué haría.

Quienes se comunicaron con Raúl no dijeron si eran pandilleros, ni el lugar desde donde realizaban la llamada. Solo exigieron el dinero y pidieron que se entregara con un depósito, pero tampoco explicaron en qué banco ni el número de cuenta.

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