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Preocupaciones

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NUEVO

Cada uno de nosotros vivimos diariamente múltiples preocupaciones personales y colectivas. A veces las compartimos con amigos y colegas. Hay aquellas que son más íntimas y personales. Otras que se refieren al acontecer social como la violencia que genera miedos y angustias. O bien el envenenamiento de las aguas, la tala inmisericorde de bosques, la insoportable suciedad de vertederos nauseabundos, desorden vehicular acompañada por la agresividad de los conductores.

También está presente el dolor que causa la dramática “condición humana” de la niñez que de acuerdo a estudios especializados, su talla y peso disminuyen por ausencia de una adecuada alimentación, frente a otra realidad contradictoria en la que los niños aumentan de peso por sobreabundancia de comida chatarra.

Preocupa que a los jóvenes se les cierren los espacios para cultivar su inteligencia, creatividad y aptitudes deportivas. Crece el desempleo y aumentan las opciones de migrar hacia el norte, o bien hacia otros lugares en donde se asientan las redes de corrupción y del crimen organizado que los convierten en “carne de cañón”.

Habrá que agregar el silencio sordo e indiferencia frente a una realidad lacerante que se contrapone felizmente al surgimiento de la conciencia crítica de la ciudadanía que va en aumento, y que se atreve a señalar y protestar ante los males que ocasiona la corrupción.

“Claro está que no es solo la conducta corrupta de corruptores y corruptos lo que ha hundido a nuestra sociedad en el estiércol de la desesperanza”

De ahí que cobre importancia tomar en cuenta el fenómeno de la corrupción como expresión de los antivalores, para comprender de una mejor manera la dinámica social guatemalteca. Es una realidad de la cual debemos escapar para no pecar moralmente. Obviamente ahí están los que viven en el mundo de la corruptela su sueño de opio y placer. Son los que aspiran a gozar beneficios materiales a pesar de todos los pesares. A disfrutar del dinero mal habido, aunque esto sea pasajero. Se aventuran a ser corroídos por esta desvergüenza nacional porque no cuentan con una coraza moral de virtudes cívicas y principios cristianos.

La corrupción no es nada nuevo en el decurso histórico de la humanidad. Sin embargo, hoy se ha abultado de manera exponencial alimentada por la insaciable sed de riqueza material convirtiéndose en una de las causas de las tragedias que acontecen en sociedad.

Significa que el deterioro moral de la sociedad, que se traduce en la ambición al tener cueste lo que cueste, así como el crecimiento de los antivalores, se han convertido en la base real de los corruptos. Estos han entendido que es la manera fácil para obtener dinero que les permita vivir holgadamente la vida entera de ellos y la de sus descendientes. Se han olvidado que el vivir tiene además otros sentidos. Como sentir el espíritu de alegría de los otros. El amor, el afecto y la sinceridad de las palabras, en donde no cabe la apariencia y la lisonja.

Claro está que no es solo la conducta corrupta de corruptores y corruptos lo que ha hundido a nuestra sociedad en el estiércol de la desesperanza. Es también la historia de las injusticias, ignominias y ausencia de afecto. Para encontrar salidas felices, habrá que transformarnos a nosotros mismos. Imaginarnos por ejemplo bosques con pajaritos que canten al amanecer. Ríos con abundancia de aguas cristalinas o lagos en las que podamos nadar entre pequeñas olas de ensueño.

Imaginarnos que los niños puedan de nuevo poblar los campos, casas y caminos con una sonrisa de alegría y de jóvenes que recrean su espíritu en el deporte y el arte. Este imaginario podría convertirse en la contraparte de los corruptos y de los que a pesar de los pesares solo aspiran a la riqueza material. Es en el corazón del ser humano de donde debe surgir ese impulso a una mejor manera de vivir con dignidad. Y es la manera de empezar a curar las heridas de un Estado excluyente que no ha sido capaz de comprender que la vida debe de estar al servicio de la vida.

TEXTO PARA COLUMNISTA

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