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¿Quién nos fiscaliza?

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COLUMNISTA

En las últimas décadas la Organización de Naciones Unidas ha caído en el más profundo abismo de corrupción. Desde el famoso “oil for food program”, creado en 1995, ideado por la entonces Secretario de Estado, Madeleine Albright, en respuesta a la hambruna que surgió en Iraq luego de las sanciones impuestas por el Consejo de Seguridad de la ONU, consideradas un triunfo de la Administración Clinton. Curiosamente, cuando en una entrevista televisiva le preguntan a la Secretario Albright que opinaba de la corrupción de la hambruna que estaban viviendo en Iraq por el embargo, dijo que era un costo a pagar por un bien más grande (detener a Saddam). Y que decir de los saqueos que han hecho funcionarios de gobiernos del primer mundo, y de entes multilaterales en Iraq y tantos otros destinos.

El programa consistía específicamente en cambiar el petróleo por alimentos, y para el efecto fue creada una cuenta bancaria en Suiza bajo el absoluto control de la ONU, que manejaba los fondos a través de la Oficina del Programa de Iraq (OPI), creada para el efecto. Esa oficina llegó al punto de manejar más fondos de los que tenía el presupuesto total de la ONU. Como lo han declarado en algunas investigaciones, los funcionarios que entonces operaban esa oficina (mayoría europeos), tenían que “gastar” el dinero lo más rápido posible. El gobierno de Saddam sólo podía adquirir medicinas o alimentos, a través de la OPI.

Con el tiempo resultó que las medicinas muchas veces llegaban de dudosa procedencia, inclusive caducas, y no podían hacer nada al respecto. Las medicinas buenas se podían encontrar en el mercado negro, dónde a veces algunos funcionarios compraban no siendo idóneas las que recibieron bajo el programa. Si le suena a historia conocida, es porque en todos lados se cuecen habas, la diferencia es que aquí ahora, nos enteramos, y no sólo gracias a la sacrosanta CICIG.

Se sabe que era tanto el dinero que hasta jugaban futbol con bloques de billetes cual pelotas hechas de bloques de dinero de cifras millonarias. Saddam y su élite, con burócratas corruptos de diferentes nacionalidades bajo la sombrilla de la sacrosanta ONU terminaron millonarios. Para cubrir la corrupción y aparentar no condonar la impunidad creó un Comité Independiente de Escrutinio (UN Independent Inquiry Committee). La conclusión del Presidente de dicho comité, Paul Volcker, fue que la corrupción en la ONU y en las naciones más poderosas que la conforman (todo estaba bajo el control del Consejo de Seguridad y del Secretario General de la ONU), permitió el saqueo y enriquecimiento ilícito. De nuevo, suena familiar.

¿Con qué autoridad moral esta entidad nos fiscaliza, castiga y obliga adoptar medidas que ella misma es incapaz de adaptar a su propia institución?

La corrupción es un mal mundial, pero creo que la misma medicina no siempre aplica a todos los pacientes. Es necesario que se adapte a la realidad nacional de cada país, y ahora que quieren repicar la CICIG en otros destinos, veremos si funciona.

En Guatemala, hay un montón de gente presa, unos justificadamente mientras que otros no, esperando juicio por años. Ahora resulta que se dan cuenta de que en verdad, que mal que está tan atrasada la aplicación de justicia, pero de que sirve eso a quienes se pudren en la cárcel por motivos injustificados. Y para rematarla, a los ciudadanos cada vez nos cortan más el derecho de defensa. Somos culpables antes de que se presenten pruebas, y si hoy aplica a los de turno, quien quita que aplique a quien sea mañana. Basta con caerle mal a quienes tienen el poder.

Me pregunto que tan inocentes o desinformados deberán ser otros gobiernos para permitir una CICIG en su escena política. Ningún gobierno con dos dedos de frente querrá tener un Savonarola en respirándole en la nuca. Lo más gracioso es que quienes financian este ente supremo, son a su vez, países con problemas que ven las pajas en los ojos ajenos, excepto por los Estados Unidos, que si las tiene bien claras ahora que tiene un Presidente sin pelos en la lengua, que no es un hombre político y que dice las cosas como son, gusten o no.

Que tristeza llegar a este punto, cuando pudo ser un ente que realmente hiciera algo bueno por el país, sin agenda política, sin contaminación ideológica, sin sesgo alguno. Pero esa contaminación está en todo, desde las aulas y los púlpitos hasta los hogares. A veces me pregunto si no es demasiado tarde…

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