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Educación para el desarrollo

COLUMNISTA

El desarrollo es un concepto complejo. No tanto por la dificultad de entenderlo, sino por los obstáculos para alcanzarlo. En el mundo existimos cerca de 190 países, de los cuales solamente unos 35 se pueden calificar de desarrollados. ¿Qué es eso tan difícil de alcanzar?, en nuestro caso, en América latina ya tenemos 200 años de ser llamados países en vías de desarrollo. ¿Cuándo se termina ese camino?, hasta hoy nadie lo sabe.

Existe cierto consenso para definir el desarrollo. Un país desarrollado es aquel país que logra progresar en cuatro grandes áreas del progreso humano: economía eficiente, solidaridad social, respeto a la naturaleza y convivencia democrática.

Uno de los elementos que Guatemala tiene que fortalecer para avanzar como nación es la definición de una estrategia clara de educación. Los abuelos dicen que no se aprende en cabeza ajena. Puede ser cierto, pero ha llegado el momento que aprendamos de los buenos ejemplos. En los países desarrollados la base de la educación está en fortalecer la educación primaria y secundaria, un país que quiera progresar tiene que invertir mínimo el 10% del PIB en educación en esos dos sectores estratégicos. La universidad debiera de ser responsabilidad personal, la primaria y secundaria responsabilidad nacional.

La educación primaria en países desarrollados se dedica a la formación de habilidades blandas. La secundaria, en esos países se concentra en la formación de educación técnico-profesional, no en filósofos -bachilleres-.

La primaria en Guatemala tiene que reorientarse. Los objetivos son claros, que Guatemala alcance un 97% de alfabetismo, que el número de años que un chapín pase en la escuela sea al menos de 9 años y no el raquítico 3 que en la actualidad nos avergüenza. Tenemos que formar en primaria gente orgullosa de sí misma, optimista de ser guatemalteca, y llena de confianza en el futuro.

Ya es tiempo que el chapín abandone el lenguaje soez y discriminatorio con el que los guatemaltecos nos tratamos cariñosamente. Acariciarnos con palabras discriminatorias, y otras linduras tiene que desaparecer. Ninguno de nosotros merece recibir ese tratamiento. Sí lo cambiamos, el país empezará a creer en sí mismo.

Hay que fortalecer, principalmente en la primaria, esas habilidades blandas que requieren las organizaciones productivas, públicas y privadas, modernas. En un mundo interdependiente y globalizado es indispensable que la gente se forme para relacionarse adecuadamente con el resto de culturas, personas y sentimientos mundiales. Hay que abrirse a otros idiomas, integrar aptitudes, rasgos de la personalidad que fortalezcan al país como una nación integrada y unida por los conocimientos y los valores adquiridos.

En secundaria, los países avanzados concentran sus colegios en técnico-profesionales, Guatemala necesita una reforma educativa que concentre el 80% de las instituciones de secundaria en colegios técnico-profesionales, y que solamente el 20% sean de bachillerato. Aquí la educación tiene que ser bilingüe.

Un aspecto secundario, pero no baladí, es llamar a todos los sectores por un mismo nombre. En Guate, sí uno estudia en instituto o escuela es por la pobreza o mala educación, y sí uno está en colegio es rico. Esos nombres discriminatorios tienen que desaparecer, todas las instituciones de primaria se tienen que llamar “escuela”, públicas o privadas, igual la secundaria tiene que llamarse “colegio” o algo así.

Guatemala está construyendo una democracia, la educación es fundamental.

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