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Participación y transparencia: pilares de la democracia actual

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La democracia, partiendo de su sentido etimológico, significa el gobierno del pueblo, “demos” = pueblo y “kratos” = gobierno. Lo cual a mediados del siglo V a.C. identificaba un sistema político que existía entre las ciudades-Estado griegas. A partir de esa definición saltan varias interrogantes sobre ¿qué entender por gobierno del pueblo o para el pueblo?

Este sistema político ha sufrido una evolución histórica, existen quienes identifican características democráticas incluso antes de que “creara” el término en Grecia. Inició con una connotación de democracia directa para luego pasar a una democracia representativa. Incluso compatibilizó con la República del Imperio Romano. Poco a poco este sistema ha permitido la inclusión, para la toma de decisiones, de algunos grupos de personas que históricamente fueron excluidos. Los factores de edad, libertad –connotación contraria a la esclavitud- y género han marcado estas limitaciones, primordialmente.

El control del elemento de participación fue, en gran medida, lo que permitió que en del Imperio Romano hasta el Renacimiento se gestaran sistemas de gobierno de carácter oligárquico. La demos en principio se restringía a los nobles y los grandes terratenientes. Luego se logró la inclusión de otros grupos de clases sociales y económicas de menor jerarquía, como nuevos ricos, pequeños comerciantes y banqueros, grupos económicos organizados y algunos otros. A medida que los grupos que participaban en la forma de gobierno iba a aumentado, se consolidaron ciudades-Estado más independientes.

Finalmente el concepto se transforma, en la idea esencial que hoy conocemos como democracia, con el constitucionalismo, cuyo inicio tuvo lugar a finales del siglo XVIII y siglo XIX. La definición de representación constituye una radical innovación al instituirse el sufragio. Sin embargo, continúo la interrogante sobre quiénes deberían de formar la demos. Pues cabe recordar que las mujeres fueron excluidas hasta que en la segunda década del siglo XX se les permitió el sufragio en Estados Unidos, lo cual se replicó en los demás países posteriormente.

La definición de participación hoy en día no solo se limita al sufragio, ni a limitaciones de edad y género, sino se ha expandido. La participación de los medios de comunicación y las nuevas tecnologías en la ecuación permiten que incluso aquellos –que no han alcanzado el estatus de ciudadanos- puedan manifestarse de forma abierta respecto de la gobernanza de los Estados. Las redes sociales se han convertido en una forma de escrutinio que hace si quiera 30 años no se podría haber imaginado.

Junto con la evolución de la tecnología, la facilidad al acceso de las fuentes de información se ha convertido en un elemento crítico para el ejercicio de la democracia. El internet ha permitido que cualquier persona pueda llegar a las fuentes directas de la información en los gobiernos y con ello genera una fiscalización constante de los representantes políticos de turno.

Las decisiones de los gobernantes ya no pueden limitar la participación y la transparencia, porque la evolución natural que está teniendo la democracia difícilmente lo permite. Es más, la buena gobernanza debe tender a abrir los espacios públicos para un mejor control ciudadano. Fomentar la participación –mediante mejorar la facilidad del acceso a la información- y la transparencia son pilares fundamentales de la democracia actual. No retrocedamos.

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