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Las conspiraciones a la orden del día

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editorial

Como se ha vuelto costumbre en Guatemala, un dicho muy popular entre nuestra gente al saludar y preguntar ¿Cómo te va? Se responden “Aquí defendiendo y atacando”. Viene al caso por los últimos acontecimientos acaecidos en el ambiente político y el actuar de un bando y otro de ideologías encontradas, que no ceden espacio sin importar las implicaciones que su lucha por demás ya gastada traiga hacia la mayoría de los habitantes de este bello país.

Nos referimos a la guerra declarada entre los corruptos buenos y los corruptos malos, o dicho de otra manera entre quienes dicen luchar en contra de la corrupción y los que dicen no ser corruptos. Lo cierto es que todo parece indicar que se lleva a cabo en el País del Realismo Mágico toda una partida de ajedrez que pareciera estar inserta en una película sobre las conspiraciones.

Una teoría de la conspiración o teoría conspirativa puede definirse como la tentativa de explicar un acontecimiento o una cadena de acontecimientos, sucedidos o todavía por suceder, ya sea percibidos o reales, comúnmente de importancia política, social, económica o histórica, por medio de la existencia de un grupo secreto muy poderoso, extenso, de larga duración y, generalmente, malintencionado. La hipótesis general de las teorías conspirativas es que sucesos importantes en la Historia han sido controlados por manipuladores que organizan los acontecimientos desde «detrás de escena» y con motivos nefastos.

Es necesario señalar que el término conspiración es muy anterior al término teoría conspirativa, y la existencia de conspiraciones está bien demostrada en la Historia, el Derecho Penal, las leyes penales y sentencias de los tribunales. Esto ilustra el hecho de que la conspiración es y ha sido un comportamiento humano real y frecuente, mientras que la validez del más reciente concepto de teoría conspirativa está abierta al debate.

Dado que hechos que han tenido lugar por causa de una conspiración históricamente demostrada son simplemente explicados como debidos a conspiraciones, complots, etc., el término teoría de conspiración generalmente se usa para destacar la supuesta falta de justificación epistémica adecuada de una explicación, destacando, en general, su carácter de explicación alternativa a las oficiales o a la ofrecida por las autoridades, y evaluándola como especulativa, falsa o intencionada por motivos no lícitos.

El término teoría conspirativa se usa como descripción, para algunos neutral, de cualquier aseveración de conspiración. Conspirar significa unirse en secreto acuerdo con el fin de efectuar un acto ilícito o impropio o para usar tal medio para llevar a cabo un fin ilícito. Sin embargo, el término teoría conspirativa también se usa para indicar un género narrativo que incluye una amplia selección de argumentos (no necesariamente relacionados) a favor de la existencia de grandes conspiraciones que en caso de ser ciertas tendrían profundas implicaciones sociales y políticas.

El término «teoría conspirativa» es usado por académicos establecidos y en cultura popular para identificar un tipo de folclore similar al de una leyenda urbana, especialmente un relato explicativo que se construye con fallos metodológicos particulares. El término también se usa peyorativamente para desestimar aseveraciones que se consideran mal concebidas, paranoicas, sin fundamento, extravagantes, irracionales o no merecedoras de consideración seria. Por ejemplo, los términos chiflado conspirativo y teorizador conspirativo se usan en ocasiones peyorativamente. Algunos de los que mantienen teorías o especulaciones que son tildadas de «teorías conspirativas» rechazan el término por prejuicioso.

El hecho de que una aseveración conspirativa particular pueda tildarse de teoría conspirativa de forma imparcial o neutral genera controversia. La teoría conspirativa se ha vuelto un término de alta carga política, y la fuerte crítica de los teorizadores conspirativos por parte de académicos, políticos, psicólogos y medios supera las líneas políticas tradicionales de derecha e izquierda.

El académico estadounidense Noam Chomsky contrasta la teoría conspirativa como más o menos lo opuesto al análisis institucional, el cual se enfoca mayormente en el comportamiento público a largo plazo de instituciones conocidas públicamente, según se registra, por ejemplo, en documentos académicos o reportes de medios de comunicación, en lugar de coaliciones secretas de individuos.

Ojalá que este juego de tronos desatado entre grupos de presión y politicastros de alcurnia no siga deteriorando la maltrecha economía guatemalteca y destruyendo aún más el tejido social de este bello país.

Por una nación libre, justa y soberana.

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