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El odio, nuestro conductor social

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editorial

De acuerdo con la tradición oral guatemalteca, heredada de los relatos de los habitantes originarios de esta bella nación y magistralmente relatada por nuestro premio Nobel de Literatura, Miguel Ángel Asturias, nuestra nación ha sido construida como un edificio de varios niveles, cuya estructura fue creada sobre ciudades y leyendas desde la civilización Maya, las diferentes etnias descendientes de ella, atravesando por la conquista y el desarrollo de la colonia, hasta nuestros días.

Nuestra historia pasa por las leyendas de miedo, jocosidad, amor, desamor, triunfos, derrotas, el inframundo, y una serie de relatos que conforman una tradición rica en muchos aspectos antropológicos, sociológicos y de estructuras políticas y económicas muy diversas.  Lo que es cierto es que en toda nuestra historia ha coexistido la paz y la guerra, el terror y el amor, y hoy día nos vemos imbuidos en una realidad de odio, venganza, pero no hemos sido capaces de ver más allá de lo que nos interesa para saciar el hambre de venganza y nos hundimos cada día más en el inframundo intencionalmente provocado por ciertos sectores cuyo interés primordial es ver una Guatemala preparada para alcanzar sus propios intereses, pues en río revuelto ganancia de pescadores.

No escapa a los ojos de cada habitante del país del realismo mágico, que todos los días se incrementa el número de muertos por la violencia, se suman más niños y niñas a las filas de las estructuras criminales como las maras, producto de la incapacidad de nuestra sociedad para canalizar sus inquietudes y generar ocupación digna, ya sea con un trabajo o un sistema educativo adecuado a las verdaderas necesidades que enfrentamos.

Por otro lado, el fenómeno de las migraciones tanto internas como hacia el norte, se ve acrecentado, por el simple hecho de la búsqueda de un mejor futuro al intentar llegar y cumplir el sueño americano, tan anhelado y visto por la radio, prensa y televisión nacional e internacional.

Mientras nuestros politicastros se desviven por ver como quedan más impunes ante tanta atrocidad que ellos mismos provocaron en el sistema legal guatemalteco, nuestra niñez y juventud se debaten entre la vida y la muerte, entre la subsistencia y el hambre, entre el ser y no ser, entre migrar o morir en el país del realismo mágico.

¿Hasta cuándo estamos los guatemaltecos dispuestos a soportar tanta injusticia? ¿Hasta dónde permitiremos a las castas de politicastros, gobernar sin el rumbo que estructure un mejor país? Dice un dicho, “No hay guerra que dure cien años, ni pueblo que la aguante”, sin embargo, nuestro pueblo se ha debatido desde la conquista hasta hoy día en una sociedad de guerra y paz ficticia.

Es tiempo de cambio, pero un cambio que reúna la búsqueda del bien común, en la búsqueda de una construcción social digna, incluyente, en la que tengamos por fin una sociedad que luche por el crecimiento económico el emprendimiento y la conformación de estructuras legales y sociales que nos permitan desarrollarnos como una nación civilizada, sin odios y venganzas, para lograr por fin una PAZ VERDADERA.

Por una nación libre, justa y solidaria.

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