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La crisis de la administración pública

COLUMNISTA

La base estructural de la sociedad está conformada en esencia por dos funciones, la función política y la función productiva. En el sector económico la producción de bienes y servicios alcanza en nuestro sistema económico y social un relativo éxito. En Guatemala, la producción y comercialización la realiza en un 80% la empresa de mercado. El éxito relativo consiste en la generación de utilidades que permiten medir la eficacia y eficiencia de sus operaciones. Su administración tiene un claro indicador de éxito, las ganancias.

En el sector político, representado por el gobierno y las instituciones públicas, la medida del éxito de la administración es más complejo. Aquí conviven la administración de la toma de decisiones en el uso de recursos para el bienestar social, con la administración de recursos nacionales para la producción de bienes y servicios. El problema central de la administración pública, no tiene un parámetro claro para medir su éxito.

Conforme crece la internalización de actividades económicas, financieras, culturales, científicas, delincuenciales y militares, los Estados nacionales se debilitan, dando lugar a la aparición de centros de poder ajenos al Estado. ¿Existen evidencias del debilitamiento y colapso del Estado nacional?, ¿qué factores influyen en el debilitamiento de las estructuras estatales?, ¿surgirá un nuevo centro de poder social?

El poder sobre las armas. Una de las bases del Estado era su monopolio del uso de la fuerza. En la actualidad hay dos grupos que ya tienen mayor control de las armas que el Estado. La delincuencia organizada internacional y los gobiernos de superpotencias. Son capaces de invertir en armas, organización de operaciones y presión sobre la gente. Lo que les permite superar en agilidad y efectos a los gobiernos debilitados.

El poder sobre los Estados. Hasta la caída del muro de Berlín y el socialismo soviético el mundo era bipolar. Las dos superpotencias clamaban en organismos internacionales por el respeto de los pueblos a la autodeterminación. Con el colapso soviético, las superpotencias viven en un mundo sin orden claramente establecido. Cada potencia se atribuye la potestad de intervenir Estados, destruir naciones y reorganizar fronteras.

El poder financiero. Tanto las transnacionales, los gobiernos de superpotencias como la delincuencia internacional acumulan masas de dinero. Con esos recursos se compran consciencias y favores de representantes de los Estados. Estos grupos que manejan la liquidez internacional son capaces de generar líneas de corrupción, y manejo de los recursos de los Estados para su propio beneficio.

El Estado atraviesa un momento de fractura institucional. Se abren las brechas sociales y se pierde el norte común. La administración pública se enfrenta a la disyuntiva de ser una administración eficiente y eficaz para alcanzar objetivos de unidad nacional o servir a intereses de grupos de presión. En la misma dirección el reto es administrar en forma eficiente las principales funciones del Estado o ser ineficiente y sesgada hacia la corrupción y orientarse al caos.

Es una época de cambios, es la era de reorientar la administración pública hacia nuevos objetivos y estrategias para fortalecer un Estado nacional equitativo, solidario, eficiente y progresista.

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