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El ciego que nunca vio cuando vio se quedó ciego

171029 MIRILLA

 

El destacado jurista y catedrático universitario Reynerio Vásquez, escritor laureado por la Federación Latinoamericana de Escritores, me ha hecho el honor, de tomar como un relato histórico, para él interesante, la suma de estos trabajos que durante casi diez meses semanalmente han tratado de interpretar una de las etapas más complejas que yo recuerde de mi ya, kilometrada vida ciudadana.

Quizá lo más difícil es aceptar que nunca el desacuerdo y el desencuentro en la población haya logrado contradictoriamente un consenso abrumador. Todos estamos de acuerdo… en que no estamos de acuerdo.

De privilegiar la idea emocional y romántica de ser un solo pueblo… a la convicción alimentada por la codicia del control político de que no es así… sino que somos muchos pueblos, pegados con engrudo de mala calidad.

Cada quién haciendo de su supuesto espacio geográfico, étnico, religioso, económico, político, cultural e incluso sexual, un territorio libre, independiente, autónomo y beligerante, con la razón de su razón como estandarte inviolable e imbatible  de su propia lucha.

Y quizá esa militancia maliciosa y perniciosa no tendría mayor relevancia, si en lugar de reivindicación no la hubieran transformado en causa de confrontación.

Hacer de mi causa, la más sublime aspiración social, frente a los demás que no la comparten, se transforma en un reto que irrita la tolerancia y provoca la reacción hostil.

Mi parcela no cabe en la geografía nacional y por lo tanto la geografía nacional se tiene que transformar en mi parcela… pretensión absurda que terminará fraccionando a la sociedad y seguramente en algún momento de este camino tortuoso y sin futuro, fraccionando también lo que ahora queremos entender como territorio nacional.

Quizá lo más terrible de esta situación es que como avestruces que entierran la cara para hacer desaparecer su entorno y posibles aflicciones, progresivamente hemos caído en una especie de letargo embarazado de irresponsabilidad, que deja circular sin oponerse, la pretensión de todos de destruirlo todo.

Enseñando nuestras partes nobles, ignorando nuestro entorno, terminaremos por no saber quién abusó de nuestra indolencia… embarazándonos de conflictos, confrontación de ambiciones, de un robusto embrión de intolerancia y seguramente del parto de un desastre, de quien nadie querrá ser el padre.

Ese ser deforme, irracional, belicoso, anárquico, desquiciado, apátrida, indigno, sin identidad, y sin ninguna vergüenza que se está gestando en la panza de la patria, seguramente no va a tener nombre… de lo que estoy seguro es que nunca será guatemalteco.

Nuestra historia está plagada de pasajes de desidentidad y oportunismo histórico… Recuerdo cuando el pueblo en torno a la Laguna Del Pino, se llamaba Berlín, don Edmundo, me decía el Mashico Pivaral, viejo habitante de la bella Barberena… Seguramente iba ganando la guerra Hitler… dijo con sorna Héctor de la Vega, maestro y poeta de gran valía que nunca termina de publicar el libro de  maravillosos cuentos… Seguramente, el profesor aseveró Pivaral… porque en tiempo del Coronel Árbenz y la Reforma Agraria la rebautizaron con el nombre de Moscú… Y ahora como se llama… pregunté con cierta inocencia… -El Cerinal… don Edmundo dijo el maestro… una modesta transición en tanto se sabe cuál va a ser la capital que domine el mundo.

Ya los de aquí fueron Berlineses, Moscovitas y ahora los pequeños pues del Cerinal… aceptó sonrojado el atribulado y un poco avergonzado maestro.

Pero ese proceso de falta de consistencia en lo que se hace y lo que se piensa no es de ahora, recuerdo una anécdota de Dania, exreina de Taxisco, en su época de bella moza, diría un español, que hace 12 años vivió en el pueblo del que había sido su reinado una experiencia que explica los orígenes de esa desorientación generalizada.

Regresaba a la capital de una finca de Pasaco, acompañada de Pedro, amigo de toda la vida y protestante de hueso colorado, de aquellos que viviendo su fe encuentran en la católica, las muestras de inconsistencia más grande entre lo que predican y lo que practican.

Taxisco en su maravillosa iglesia tiene una reliquia de principal importancia y cultivada veneración.

La fiesta de enero, se desarrolla en torno a las celebraciones religiosas y ganaderas que iluminan de alegría toda la zona.

En aquella oportunidad, Dania orgullosa del pueblo que le había rendido pleitesía como reina, aprovechó la oportunidad para invitar a Pedro a recorrer el pueblo y desde luego satisfecha, enseñarle el templo, al que tenía mucho tiempo de no visitar.

Fuerte fue la sorpresa de encontrar rajadas las paredes de la iglesia y casi en total abandono… la hermosa ceiba, decadente y desramada apenas hacia sombra suficiente para cubrir un chucho. Y lo único que salvaba el panorama, era la imponente estructura municipal que de un pintoresco piso, con el mágico y productivo aporte constitucional, se transformó en un edificio de tres niveles que frente a la ceiba luce del tamaño del ego de los alcaldes que lo construyeron.

A los lados, la casa de los Leal y al costado de la iglesia, la hermosa casa de gran corredor de los Fonseca.

Con la esperanza de disimular frente a Pedro la desilusión vivida, por el estado de la iglesia, la exreina se aproximó al gran corredor donde animadamente platicaban dos varones: uno enfundado en traje de vaquero y el otro con bermudas hasta la rodilla, sandalias de hule de aquellas que apartan el  gordo del resto de los dedos y que familiarmente les llamábamos yinas.

¿Tienen queso?, preguntó a la señorita que estaba en compañía de los dos caballeros… la primera sorpresa fue que en la tierra del queso… le contestaran que sí… pero que era de Zacapa.

Y en tanto lo buscaban, Dania y Pedro no pudieron evitar escuchar la conversación de los caballeros que animadamente platicaban sobre sus planes de irse a los Estados Unidos en busca de nuevos horizontes.

La curiosidad la obligó a interesarse de la conversación y preguntar la causa de una decisión tan difícil y comprometedora.

Los dos afirmaron que la principal motivación del posible viaje eran las casi insalvables condiciones de precariedad y angustia que tenían que soportar viviendo en Guatemala.

El vestido de vaquero confesaba que las faenas agropecuarias no le alcanzaban para cubrir sus necesidades y el otro igualmente expresaba que solo esperaba la licencia de su jefe para emprender el viaje.

¿Y usted a que se dedica? le preguntó la curiosa visitante, al de las bermudas… Y perpleja no podía creer lo que escuchó como respuesta.

¡Soy el cura del pueblo! contestó el abrumado señor… con su camiseta de sobremedida cubriendo las bermudas que armonizaban con las sandalias y la anticipada vestimenta de migrante.

¡Qué…Qué…! Increpó más que preguntó la orgullosa exreina del pueblo… quién por cierto en contraste con Pedro, militante protestante… ella es de cultivada formación católica y mariana y ya imaginaba los comentarios que tendría que soportar de regreso a la capital.

¿Y el alzacuello…? reclamó… ¿y su hábito Padre…? insistió conmocionada… y lo más importante. ¿Su fe de consagrado sacerdote…? casi le clamó.

Con cara de sorpresa, ante la inusitada reacción de la extraña visitante… le respondió… Fíjese que aquí el pueblo casi todo se hizo protestante y al otro cura que andaba con su vestimenta por poco lo linchan la otra vez… respondió atribulado.

La réplica de la indignada católica no se hizo esperar… a los gestos… le agregó por un buen tiempo la prédica de su religión y la convicción de que Jesús había determinado a Pedro como el padre de la que quería su iglesia… Sobre esta ROCA edificaré mi iglesia… recordó las palabras del Mesías.

Pedro no ironizó en el camino… desahogada por el sermón… Dania regresó triste pero tranquila a su casa para degustar el queso de Zacapa comprado en la tierra del mejor queso del mundo… el de Taxisco.

-Esta historia es tan cierta como la luz del sol que nos alumbra- me aseguró Pedro Gómez… un caballero a quién yo aprecio y admiro enormemente y que estoy seguro sería incapaz de acompañar una mentira si lo fuera y Dania mucho menos.

Al parecer el Cristo de Taxisco… la sagrada imagen del señor de Esquipulas residente en el pueblo que vio nacer al doctor Arévalo y cuya escultura también se le acredita a don Quirio Cataño creador de la milagrosa imagen que veneran centroamericanos y mexicanos y a la que visitan religiosamente los miembros de la kilométrica y reconocida como patrimonio cultural, Caravana del Zorro, esa que lleva a miles de motoristas en busca de su milagro particular a la villa de Esquipulas, hizo el portentoso milagro de la resanación de la fe y la reconstrucción del templo de Taxisco

Imagen maravillosa de ese amado pueblo, a la que se le atribuye como milagro, que los reflejos que brillan en su abdomen reproducen el divino rostro de Jesús, desde cualquier ángulo que lo vean desde el interior del templo y que ahora restaurado a plenitud cubre con inmensa belleza las necesidades espirituales de los habitantes del pueblo… la plaza renovada recobró el follaje de la alicaída y hermosa ceiba, silente testigo de discursos políticos… y en la casa de los Fonseca ya no hay queso de Zacapa si no de Taxisco.

Y quizá lo más maravilloso del milagro del señor de Esquipulas de Taxisco… es que el sacerdote no abandonó sus hábitos y sí lo hizo con la vestimenta de migrante… y con gran fervor atiende como iluminado catequista y sacerdote su pequeña parroquia próxima al paso a desnivel que busca la zona 10 o lo lleva por la carretera a El Salvador a Vista Hermosa.

Ese nivel de contradicción se da hoy a todos los niveles y sin más explicación que el desencuentro que justifica una angustia colectiva que presagia un final entrampado y ajeno totalmente a lo que se ha reconocido como un cierto balance universal en todos los habitantes de nuestro país… a quienes propios y extraños no podemos dejar de reconocer que somos amables, respetuosos, serviciales, educados aunque no tengamos educación formal, y solidarios cuando la necesidad del amigo, vecino, familiar o extraño demanda de un gesto de fraternidad o ayuda.

¿En dónde pues, está el origen de esta actitud desconcertante que nos lleva al despeñadero en nombre de la virtud?

No me cansaré de repetir que la revolución francesa guillotinó a media Francia medieval buscando el régimen de la virtud para erradicar la corrupción de la monarquía de los Luises y Maria Antonieta y Robespierre, proclamó que la única ruta que llevaba a la virtud era el camino del terror.

Se terminaron los Luises y las María Antonietas, les volaron la cabeza. La plebe exaltada buscaba en la guillotina la satisfacción de todas sus miserias materiales… cada cabeza que caía al canasto se llevaba una parte del rencor popular por sus angustias.

La corrupción de los nuevos manejadores del terror… asumen el poder… de poder salvar cabezas a cambio del soborno… del sometimiento a su poder inclemente y abusivo.

La ley se escribe todos los días para deformar la justicia.

Las cortes y sus magistrados se llenan del poder que da el retorcer la ley como se les da la gana.

Don Edmundo… clamaron muchos juristas esta semana… la decisión de la Corte de Constitucionalidad constituye un delito de múltiples facetas… que es intolerable. Modifican la Constitución y asumen facultades ilegalmente que no les corresponden.

Anularon la pena de muerte sin estar facultados para hacerlo… ante la indolente reacción de quienes estando, permiten que usurpen sus funciones sin denunciar el delito.

La anarquía campea en nombre de la honradez… destruyendo las instituciones cada vez más precarias que apenas sostienen el derruido estado de derecho que en coma, pareciera estar en agonía.

Protestas van… protestas vienen… y nadie sabe ya a quién acudir para restablecer el orden jurídico y social.

La imagen misma de la intervención con las alentadoras actitudes del nuevo embajador estadounidense pareciera alejarse del filo del precipicio… distanciándose de la tentación de hacerse cómplice del desbarajuste jurisdiccional, que tiene sumido al país en la incertidumbre de la ilegalidad permanente.

¡Ya nada sorprende… don Edmundo! me decía el licenciado Toledo… abatido por la irracionalidad jurídica de las resoluciones judiciales.

¡No podemos construir justicia… sobre la ilegalidad y el descaro abusivo de resoluciones imposibles de aceptar por indecentes e inmorales!

-Es un coro desafinado de operadores del mal que se solazan provocando la ira de los ciudadanos- proseguía el jurista incendiado por la lacerante sensación de indefensión-

Es una pandilla identificable por sus actos y por la insolencia con que se desempeñan desde los cargos públicos, desentonando con los propósitos de quienes siendo electos, han sido sometidos a la servidumbre de los nombrados.

Los nombres todos los conocemos don Edmundo -subrayó el abogado y juntos difícilmente suman más de 100, pero son expertos en suplantar el poder legítimo, buscando alcanzar el que les ha sido negado de manera reiterada por la voluntad electoral de la población- recalcaba convencido

-Pero la soberbia de la insolencia… se nota y ofende… don Edmundo y solo la puede parar la solvencia de la decencia organizada, valiente y sin complejos… es la hora de la reacción… es la hora de retornar a lucha cívica, plural y restauradora mi querido amigo… -pareció insinuar una propuesta.

Es urgente formalizar una fuerza moral que exija el retorno a la institucionalidad democrática y sin sesgos extremistas que proclame el inicio de la restauración del Estado guatemalteco que no puede dejarse alucinar por el pretexto de la corrupción para sustituirla por otra abusiva suplantación del estado de legalidad y de derecho.

La táctica que terminó llevando a Robespierre líder de la revolución francesa a patrocinar el terror en busca de la virtud… terminó por generalizar la corrupción para salvar cabezas y asumir el poder de decidir ejecuciones para consolidar el poder espurio de los jueces convertidos en verdugos dirigidos por quienes se enriquecían, salvando vidas… pagando delatores… y fabricando culpables.

Robespierre terminó guillotinado… Los jueces justicieros transformados en eficientes carniceros también ofrendaron sus cabezas desacreditadas por la estulticia de sus perversas decisiones judiciales- continuaba en interminable sucesión el relato del sangriento episodio revolucionario.

Reconstruir la convivencia social… pacífica y renovada… nos tomará más tiempo… del que han utilizado estos cafres disfrazados de estadistas y honrados, en destruirlo.

Hay que estructurar ese muro social que recapture la dignidad nacional… el respeto a la ley… la defensa del Estado de Derecho y el régimen de legalidad.

Todos juntos podremos arrebatar la falsa bandera de lucha contra la corrupción, que todos respaldamos… y que ha sido sustituida de manera contumaz por una causa sectaria de una minoría oportunista que han infiltrado en estratégicas posiciones de poder, para ejercerlo sin límite de legalidad hasta lograr el objetivo de aplastar o encarcelar a su oposición… haciendo del atropello su símbolo de identidad…

¿Qué puedo decir? ¿Qué puedo refutar? ¡Francamente nada!

La paciencia tiene un límite… Y es el respeto.

¡Ellos! ¡Esos!¡A los que todos conocemos por sus nombres! ¡No les importa! ¡No les interesa! ¡Están borrachos de poder! ¡Hambrientos de venganza! ¡Se marearon sobre el adobe, sobre el que están parados! ¡Esa va a ser su perdición!… ¡El ciego que nunca vio, cuando vio se quedó ciego!

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