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¡Y sin embargo, se mueve!

COLUMNISTA

Todas las semanas, todos los días, constantemente, nos auto flagelamos leyendo noticias del acontecer nacional; ya sea acerca del mal clima de negocios y el declive de la economía, la inestabilidad política -alimentada artificiosamente por algunos medios y periodistas-, los hechos de criminalidad, narcotráfico, invasión de fincas y demás noticias que de tanto leerlas y escucharlas ya nos han insensibilizado. Si uno se dejase llevar por todo lo anterior, saldría corriendo -no se hacia dónde- para nunca regresar y como dicen por ahí, que el último que salga apague la luz.

En Guatemala ciertamente no estamos en jauja, como se dice coloquialmente; hay grandes rezagos y se comenten injusticias que deben ser rectificadas. La efectividad del Estado es pobre en áreas importantes como salud y educación, ya no digamos seguridad y justicia; a eso agreguémosle que no tiene presencia en buena parte del territorio nacional. Nuestros índices de desnutrición infantil son vergonzosos, también los índices de criminalidad y, con todo y los 10 años de la poderosísima -e infalible, según sus corifeos- Cicig, los índices de impunidad siguen siendo, según cifras de la misma Cicig, del 98 porciento; es decir, igual que cuando se instaló. Mucho ruido y pocas nueces, dicen en la tierra de Cervantes.

Si, si nos dejamos llevar por todo lo anterior, dan ganas de salir corriendo. Sin embargo y a pesar de los agoreros quienes tienen como modus vivendi resaltar todo lo malo, en Guatemala cada día somos más los que nos percatamos y lamentamos de todo lo malo, pero también nos damos cuenta que en buena parte, la prensa lo sobre dimensiona.

Me atrevo a hacer tal aseveración, porque si uno deja por un momento la pantalla del teléfono en donde los agoreros nos contaminan perennemente con malas noticias en Twitter, levanta la mirada y observa su alrededor, se puede dar cuenta que estamos rodeados de guatemaltecos trabajadores que a pesar de todo lo que ya apunté, hacen lo que tienen que hacer para sacar a su familia adelante. Salen temprano y regresan tarde, pasan el infernal tráfico por lo menos dos veces diarias y a pesar de ello, al entrar de regreso a casa, besan a su pareja e hijos y comparten la cena en familia. Sé que hay otros muchos que no lo pueden hacer y es lamentable, pero ningunear a los que sí porque hay otros que no, me parece una tragedia y un despropósito.

Todos los días, jóvenes chapines se casan con la idea de formar familia, procrear hijos y educarlos. Salen a trabajar o a buscar empleo si no lo tienen; se capacitan y estudian. A pesar de todo lo malo que sucede en Guatemala y muy al pesar de los agoreros, los chapines producimos, trabajamos y aportamos a esta tierra que nos vio nacer.

No se deje manipular ni se deje deprimir; sí, hay cosas terribles que debemos solucionar, pero no nos dejemos atraer hacia la oscuridad.

Hoy por la mañana cuando salga, vea a su prójimo, ese que al igual que usted sale a trabajar por un mejor futuro, escuche la Fanfarrea para el Hombre Común de Aaron Copland quien se inspiró en parte en un discurso del entonces vicepresidente de Estados Unidos (1942) en el que proclamaba el “amanecer del Siglo del Hombre Común”, entendiendo “hombre común” como todas aquellas personas honestas y trabajadoras que hacen grande a su país con su esfuerzo.

Así, a pesar de los nubarrones y de los agoreros, con su esfuerzo y con el mío, recordando la frase atribuida a Galileo Galilei, ¡esta bella Guatemala, sin embargo, se mueve!

TEXTO PARA COLUMNISTA

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