El Siglo

Y si mejor nos anexamos a Belice…

Ante la convocatoria realizada por el Tribunal Supremo Electoral, respecto al diferendo territorial, insular y marítimo entre Guatemala y Belice que será llevado a las urnas en marzo próximo, para la votación favorable o desfavorable de la siguiente pregunta, ¿Está usted de acuerdo en que cualquier reclamo legal de Guatemala en contra de Belice sobre territorios continentales e insulares y cualesquiera áreas marítimas correspondientes a dichos territorios sea sometido a la Corte Internacional de Justicia para su resolución definitiva y que esta determine las fronteras de los respectivos territorios y áreas de las partes?” Bien merece la pena plantearse algunas inquietudes.

Belice tiene una superficie de 23,963 km2, de los cuales más del 75% corresponden área boscosa, cuenta con uno de los menores índices de densidad poblacional en América latina, aproximadamente 9.3 habitantes por km2   en contraposición con los 142 habitantes por km2 en Guatemala y 301 de El Salvador. Su economía es la más pequeña en la región sin embargo es la tercera en el PIB per cápita, solamente después de Panamá y Costa Rica.

Belice obtiene su independencia de Inglaterra, el 21 de septiembre de 1981 y la Asamblea General de Naciones Unidas lo admite ese mismo año como su miembro 156.

Según el Informe de Desarrollo Humano del año 2014, Belice se encuentra en la posición número 84 de 187 Estados, lo cual le cataloga como un país con Desarrollo humano alto, mientras que Guatemala en este mismo informe se ubica en la posición 125 situado como un país con Desarrollo humano medio.

No es que los Beliceños sean mejores o peores personas que los guatemaltecos, sin embargo entre muchas otras razones, heredaron un respeto a la institucionalidad y un código de valores diferente al que hoy por hoy imperan en nuestra sociedad. Los resultados de ello están a la vista, más allá de un absurdo nacionalismo, merece la pena preguntarnos si Belice fuera hoy el departamento 23 de Guatemala, los chapines estaríamos mejor o los beliceños estuvieran peor de sus condiciones actuales.

Creo que todos sabemos la incómoda respuesta, ahora bien, si la corona Inglesa se hubiera impuesto sobre la elite criolla guatemalteca y fuéramos el distrito siete de Belice, probablemente todos los habitantes de dicha nación tuvieran un nivel de desarrollo humano similar al que ahora gozan los beliceños.

Igual, podemos seguir jugando en el campo de las probabilidades para imaginar escenarios, lo que no se vale es ni siquiera pretender continuar con reclamos sobre este territorio. Belice es nuestro, pero nuestro vecino. Estado al cual hay que respetar y emular el nivel de convivencia social y de armonía con la naturaleza que han alcanzado en sus 36 años de vida independiente.

.
.