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Las cartas están echadas

COLUMNISTA

Esta semana nos enteramos por los medios de comunicación de la existencia de tres cartas de especial trascendencia nacional; La primera, enviada por la congresista gringa/chapina Norma Torres al embajador Espina en donde le manifiesta su preocupación por la revocación de la visa al comisionado Velásquez.  Hasta ahí bien, pero va más allá y le pide -casi exige- que mantenga al tanto “a su oficina” de la situación.  La segunda carta es de otros congresistas gringos (Engel y Royce) enviada al Secretario Tillerson para que aplique el Magnitsky Act a guatemaltecos que considere estén involucrados en actos de corrupción y de esa cuenta le retire visas y se les congele bienes y cuentas en aquel país.  La tercera carta es la dirigida al comisionado Velásquez por la Vice Canciller Castillo informándole del otorgamiento de su visa y recordándole que se debe respetar la Constitución guatemalteca no obstante su “status” migratorio.

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Francamente, se ha hecho demasiada alharaca por todas.  La de Torres no tiene otro sentido más que hacer bulla.  Es más, la carta fue hecha para ser “filtrada”; carta con fines políticos más que formales o legales.  Al final se atreve a pedirle que “mantenga informada a su oficina” sobre el asunto; eso me parece absolutamente fuera de lugar.  Nótese por favor que ni siquiera tiene la cortesía de pedir que la comunicación sea con ella directamente, sino “a su oficina” relegando la relación de un embajador con staff de una oficina congresal.  ¿Cómo le caería al embajador Arriaga si, digamos, la diputada Patricia Sandoval le mandara una carta pidiéndole que mantenga informada a su oficina de tal o cual asunto? Con tanto interés que tiene la congresista Torres en Guatemala, mejor debiera de venirse a ser diputada acá.  Digo yo pues.

La carta al secretario Tillerson tiene más sentido, pues es dirigida a un funcionario del ejecutivo que está bajo la supervisión del legislativo, es decir, pesos y contrapesos; eso siempre es bueno.  Sin embargo, la intención también es política, pues la mediatización de la misma tiene el efecto de asustar con el petate del muerto.  Falta ver qué caso le hace Tillerson.  Una simple búsqueda en inglés en Google da cuenta que no tuvo la más mínima cobertura de los medios de ese -o cualquier otro- país; solo acá fue difundida por casi todos los medios.  Saque usted sus conclusiones.

La última de las cartas desató la furia de la Corte de Constitucionalidad que en una resolución (auto) conmina al Minex a retractarse de haberle dicho a Velásquez que no se inmiscuya en asuntos internos y respete la Constitución.  Va más allá y le da un plazo de 12 horas para hacerlo so pena de ordenarle al Presidente destituir no solo a la Vice Canciller que firmó la carta, sino también a la Canciller Jovel.  ¿De qué cuenta?  En mi opinión -y la de muchos- es los actuales magistrados, se avientan cualquier cosa y emiten resoluciones “nada que ver”; como dicen los muchachos: ¡se pelan!

Así pues, las tres cartas han sido, pleonasmo incluido, excesivamente sobredimensionadas.

Yo nunca he sido “cartero” pero las cartas que he escrito en mi vida han sido a Santa Claus y cartas de amor a novias y ahora a mi esposa, pero todas ellas -las cartas- han tenido algo que las primeras tres no, eran para sus destinatarios y no para la fanaticada.  ¡Ah, y menos mal que nunca fueron analizadas por la CC, si no, seguro les ordenan a Santa que no me traiga nada, a mis novias que me cortaran y a mi esposa que se divorcie!  Así estamos…

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