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20 de octubre de 2044, un siglo después de la primavera mutilada

Columnista

Muchas interpretaciones  se han escrito respecto a  la revolución de octubre de 1944,  las posiciones son por demás encontradas, hay quienes la  siguen viendo como una puerta a lo que fuere el comunismo de la guerra fría,  mientras otros le ven  como el punto de inflexión que demarco un  redireccionamiento en la cosa pública del país.

Dependiendo del lado que queramos ver la luna, de esa manera se interpreta este momento, lo que no puede invisibilizarse es que fueron 10 años de modernización del Estado priorizando el bienestar de las mayorías, por algo se le recuerda a este tiempo  como el de la  primavera democrática, el resto de la historia no merece ser recordada, pues su desenlace es por todos conocido.

Pero qué pasa si hacemos  un ejercicio prospectivo al año 2044, si tratamos  de tender un puente entre la visión de futuro y la realidad presente, para la construcción de escenarios compartidos. Quizá de una forma muy simplista pero pueden plantarse tres escenarios, uno optimista, uno tendencial y uno negativo.

Esbozar un escenario positivo podría ser que en el centenario de la revolución, pueda celebrarse que Guatemala tiene los mayores índices de desarrollo humano en Latinoamérica producto de un histórico acuerdo entre su dirigencia social, política y  económica, que de la mano de sus hombres y mujeres más honestos y probos, conduce los destinos de la sociedad en un marco de auténtica y plena democracia. Vaya que estamos lejos de este horizonte.

El escenario tendencial podría ser que a falta de un proyecto político serio y comprometido con el país, más que con sectores en los especifico o rumeando las tragedias del pasado, se siga reviviendo la figura de Juan José Arévalo y Jacobo Arbenz para que mediante su mitificación se pretenda algún día  continuar la primavera mutilada, que  permita al menos alcanzar los indicadores sociales de Haití y de Honduras, países que nos han superado desde el 2020 en educación, salud, seguridad, empleo digno, etc.

Y por supuesto planteando al menos un escenario negativo, podría ser que el centenario de la revolución de octubre ni siquiera sea recordada en ningún espacio social,  pues la colectividad ha llegado a un nivel de criminalización y deshumanización que han dejado de pensar en su pasado y en su futuro, que Guatemala se halla convertido un país en el que  gente  dejo de soñar,  pues están del lado del crimen o viven cuidándose de él.

El futuro se construye sobre la base del pasado y del  presente,  no se necesita ser prospectologó o futurólogo para anticipar de cual de estos escenarios estamos más próximos.  Pero parafraseando al intelectual italiano Antonio Gramsci, “Hay que ver las cosas con la negatividad de la razón, sin perder el optimismo de la voluntad”.   Sea esa voluntad la que nos permita seguir acá para procurar con nuestro grano de arena reescribir la historia.

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