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Se rompieron los diques

171009 MIRILLA

Las represas como su nombre lo indica, tienen como propósito contener inmensas cantidades de agua en enormes embalses artificiales que analizan a discreción los técnicos que manejan sus controles.

Son estos, las esclusas que sirven para desfogar de manera programada el agua contenida en aquellas magníficas obras de ingeniería hidráulica para echar andar las gigantescas turbinas que producen energía y riego a las tierras de valles y praderas circundantes.

La filmografía hollywoodense muchas veces nos ha llevado a la histeria y pánico en las butacas de los cines, frente al drama de ver como la furia de tormentas y crecimiento de afluentes y ríos, hacen subir el nivel del agua a los límites de la tolerancia de aquellas imponentes paredes de concreto, que frente a la tremenda fuerza del caudal acumulado, comienza a ceder a su presión y agrietándose por partes, como en cámara lenta se fractura en grandes trozos de hormigón que caen al vacío iniciando la tragedia sobre poblados, caseríos y aldeas que en la paz de la noche, ignoran que en pocos minutos serán arrasados y desaparecidos de la faz de la tierra por aquel muro descomunal de agua, que en sus entrañas trae materiales diversos, cuerpos inertes de vacunos y todas las especies de animales de corral y de casa que sucumbieron ahogados… árboles e inmensas rocas que flotando como cajitas vacías de fósforos empujan hacia abajo destruyendo todo lo que se opone a su incontenible fuerza destructora.

Poco queda a la imaginación del espectador la devastación de aquella tragedia que cinematográfica, reproduce cientos de eventos que en la vida real inspiraron esas escenas.

En nuestro país, Jurún Marinalá, la represa del cañón de palín, no tiene aquellas pretensiones.

Pero no hace falta. Nuestras montañas agrestes e imponentes sustituyen los muros de concretos y la orografía de nuestra magnífica naturaleza agresiva y rotunda, sumada a las faldas de esos volcanes que activos o extinguidos, forman profundos cañones que desplazan materiales incandescentes cuando hacen erupción y correntadas de agua y lodo cuando el invierno los transforma en los causes naturales de tormentas y temporales de interminables y amenazadoras precipitaciones de lluvia, que después de ser esperada por los agricultores, se transforma en portadora de desolación y muerte con desbordes, inundaciones, destrucción y tragedia.

Nuestras represas, aunque las hay en obras de producción hidroeléctrica, no son tan amenazantes como esos ríos secos en verano y caudalosos repentinamente en invierno. Pedregueros que rascan sus entrañas y las levantan para transformarse en proyectiles fatales.

Familias sorprendidas a mitad de la noche con las avalanchas e inundaciones que apenas les dan tiempo para abandonar sus casas y precarias posesiones y poder salvar la vida.

Gritos de auxilio confundidos con ahogados ladridos de chuchos, que se alejan en frenética lucha contra aquella correntada que se los lleva montaña abajo perdiéndolos en la obscuridad.

En pocos días casi un millón de damnificados, incidirán en la inactividad productiva y demanda de auxilio para reconstruir sus vidas y cuasi miserables posesiones.

En unos pocos días cientos de bocas con hambre, pedirán la solidaridad de la sociedad en su conjunto para enfrentar la repentina tragedia de la subsistencia.

Aunque les moleste a los patrocinadores del conflicto político urbano… vi personalmente a miembros de tropa, cargando niños con el agua a la cintura, poniendo lazos de salvamento para auxiliar a los ancianos y niños aislados en medio de lagunetas que días antes no existían.

Don Edmundo Deantés se hubiera querido sumar a ese esfuerzo humanitario, pero el peso de los años solamente le permiten mantener su pluma entre su índice y pulgar derecho y hacer de cronista, el de los ojos llorosos.

A veces la rabia contenida por las contradicciones tan dramáticas e injustas que se dan en nuestro territorio, me amargan la existencia.

Nuestra gente sufriendo la angustia del despojo que le asestó la naturaleza en su ya precaria y marginal forma de vida.

Mientras nosotros los colochos, los pachucos, los bulliciosos, los revoltosos, los apátridas, nos revolcamos en la intriga, la conspiración, el desparpajo cínico de la protesta en nombre de esos desposeídos a quienes nunca auxiliamos.

Todo ese despelote ingrato, para quedarnos con un pedazo del palacio nacional, ese que se resiste a caer por los terremotos, y que ha hecho que el salón de banquetes sustituya al gran salón de recepciones que resguarda la magnífica lámpara de los bellos quetzales anidando en el artesonado majestuoso labrado en finas maderas nacionales y el kilómetro cero asentado en el reluciente parqué desplegado en el piso

En el pérfido arrebato de la ambición sin límites que se quiere apropiar del vetusto edificio de un congreso que se llueve aún cuando en la calle se halla calmado el aguacero y que se derrumba a plazos y antejuicios.

Ya la torre del ajedrez político situada en el tablero del centro cívico, cayó. Ahora luce como un imponente mausoleo, el más alto de los monumentos de ese sector, donde la cansada, desacreditada, y humillada justicia, se quita la venda de los ojos  para no irse de bruces y poder subir los catorce niveles que la separan de los asustados jueces y magistrados que imparten justicia con las dos manos apuntando hacia arriba.

A la ausencia de suficientes ascensores se agrega la de sanitarios para facilitar la evacuación de las necesidades fisiológicas de sindicados, abogados, testigos protegidos o desprotegidos… que tienen que bajar al sótano y compartir con los amistosos mareros la intensa presión de desocupar intestinos o vejigas.

No es de extrañar que en tan lamentables circunstancias todos terminen simultáneamente, por ensuciar la casa de la justicia y saltar entre charcos de miasmas para arriba o para abajo, en aquel palacio convertido lamentablemente en una especie de burdel barato.

¡Ruego a Dios se rescate algún día y vuelvan sus actores a ser los dueños de su dignidad, destino y decisiones!

Deambular entre campo y la ciudad, nos enseña la contradicción intensa entre dos distintas realidades.

En el campo, pendientes del tiempo, el trabajo estacional, las siembras de subsistencia, las tormentas y deslaves.

En la ciudad, miles de indiferentes, ausentes de las luchas callejeras. Indiferentes a la figura del nuevo embajador, en tanto los habituales de don Robinson, hacen cola para que les renueven el carnet de visitantes distinguidos, exclusivos y con derechos.

Otros, tratando de sitiar el edificio de la avenida La Reforma, rodeado de megáfonos para que su nuevo huésped se entere que en nuestro país, se hablan diferentes idiomas y no solo el que cautivó el oído del antiguo embajador.

Todos, indiferentes, cómplices y marginados del favor y calor de ese imponente centro neurálgico de las decisiones de conducción de una errática intervención, que está poniéndonos al borde del retorno a la guerra.

Hoy, al parecer, todos claman por una tregua que vuelva las aguas al nivel civilizado de una urgente concertación de intereses exacerbados que encontraron en la corrupción el resorte eficaz para impulsarlos a un poder ilegítimo.

Objetivo que resiste el estado de derecho, la institucionalidad democrática y la presión de atender urgentemente las necesidades más sentidas de la población, en degradante crisis de desempleo, hambre en proceso de instalarse y ausencia total de cobertura para facilitar las inversiones nacionales y extranjeras que alienten el desarrollo y la paz social.

Pareciera que ha llegado el momento de convocar al pueblo a que exprese democráticamente su opinión, tan manoseada por sectores que arrastran y amenazan con tumultos tumultuarios, en lugar de representar al pueblo.

La consulta popular se hace necesaria si se quiere equiparar el respaldo electoral de más de dos millones y medio de votos que legitimó al mandatario.

No hay plazas, parques ni espacios que reúnan semejante volumen y peso de voluntad popular.

Quieren expresar su rechazo o adhesión al régimen de legalidad y al estado de derecho, que sea el pueblo en ejercicio de su soberanía popular y poder originario, el que exprese su legítima voluntad.

Si se permite que grupos que llaman al dialogo se posesionen del país, y lo convoquen solamente entre ellos mismos, como muy bien apuntaba editorialmente el licenciado Parinello, pues mejor que inviten a un juego de futbol sin contrincante y que se enfrenten entre ellos por mitad como miembros de un solo y el mismo equipo… ¡El de ellos!… ¡No sean tan descaradamente antidemocráticos!

Si quieren un diálogo que no tome en cuenta a los representantes del Estado… Mejor funden su propia república y así en consonancia con su espíritu sectario reunirán a los miembros del único partido, con legitimidad para reestructurar el país… de acuerdo a ustedes… solo el de ustedes… ¡Bravo por ser tan pluralistas, incluyentes y democráticos!

¿Y qué hacemos con ese millón de desesperados guatemaltecos que en unos días reclamarán recursos, asistencia y servicios de emergencia?

¿Y que hacemos para proveerles de los instrumentos elementales para poder enfrentar la ausencia de alimentos, vivienda, trabajo, salud de desastre y asistencia para la reconstrucción de sus vidas?

¿O será que es más importante, seguir buscando la forma de relevar al gobierno a escasos 18 meses de la convocatoria a nuevas elecciones?

¿O tendrán tanto temor a someterse al veredicto de las urnas, que les urge tomar el poder por la vía rápida del golpe de mano… traviesa, con guante blanco pero sucio y enjaulando a sus opositores para no tener contrincantes? ¡No sean shucos muchá!

¿Cuál es la prisa por reducir el período de gobierno y sobre las calamidades, víctimas y desorientados ciudadanos negar las urnas para establecer un nuevo gobierno espurio con pretensiones de legalidad?. ¡Eso no se vale, hijos de Lenín o Hitler!

Me percaté en Izabal del estado de ánimo de su población. Están pensando en proyectos de turismo intensivo, de inversiones cuantiosas para resolver el desempleo, el eterno problema de los drenajes y el agua de Puerto Barrios, concebida su solución dentro del gran proyecto de desarrollo departamental. ¡En eso están pensando… no en botar al gobierno!

La ciudad se debate en la incertidumbre de ministros que no atienden sus problemas ingentes, listos para saltar de una balsa a otra para seguir flotando en la infame carrera de la burocracia eterna e instalada.

Don Edmundo, me decía don Manuel Sazo cargando un expediente arrugado bajo el brazo.

Aquí tengo el proyecto de la Escuela de Marinos Mercantes… me decía con sus ojos cansados de tanto abrirlos y cerrarlos a la esperanza, Debiéramos con dos mares… ser marinos… don Edmundo y proveer de educación y trabajo a los jóvenes del departamento que se formarían para abastecer a las marinas mercantes que por exigencias de los convenios internacionales reclaman cada día de más profesionales en esa rama.

…He caminado ministerios y dependencias que se lanzan la idea… afirmando que es magnífica… pero nadie da el primer paso don Edmundo…

Y me atreví a preguntarle… ¿Y used quiere que caiga el presidente, don Manuel?… y su respuesta me dejó sorprendido… Yo lo apoyé don Edmundo… Estuvo en mi casa… comiendo de mi mesa… no me dieron nada… y no esperaba nada… fui el secretario departamental de su partido… y lo apoyé para ver realizado el proyecto de la Escuela de Marinos Mercantes…. Si lo botan… vendrá otro y otro y otro… cada vez más alejados de su pueblo y cerrando la argolla de la dictadura de personajes oportunistas en el poder… Yo todavía tengo la esperanza de que funde la Escuela de Marinos Mercantes don Edmundo… me dijo y se alejó con su expediente bajo el brazo.

Ya Eddy Ferro había sido anfitrión de los dirigentes de la localidad, recibiéndolos con bocadillos hechos en la cocina de su restaurante por su orgullosa esposa, que celebraba que gratuitamente se sentaran sus paisanos a discutir los destinos del departamento.

¡En eso estaban pensando, no en botar al presidente!

Las vendedoras de chiles, huevos y tortillas con pacayas, en el espacio que la municipalidad del lugar, ha habilitado a las vendedoras para proveer a los viajantes

Me llenaron de lisonjas, me dijeron guapo, canchito lindo acérquese precioso y cómpreme los chiles y pacayas… Este don Edmundo alucinado por tanto piropo, se escarbó hasta el último de sus centavos para corresponder a tanta amabilidad, coqueteo y hasta cantineo. ¡Me quedé sin pisto! ¡ y cual político en elecciones…las lisonjeras ¡Solo compré y me dejaron solo!

De lo que estoy seguro es que ninguna de esas vendedora y vendedores llenos de felicidad en el rostro y espectaculares habilidades como comerciantes…estaba en la tarea de botar al presidente.

El viernes, el alcalde de la ciudad, enfrentó personalmente la imputación de una acusación que parece singularmente política… reaccionó con el temperamento que le caracteriza y que define su liderazgo nacional. Unos lo proscribieron… otros lo posicionaron como su líder natural y oportunamente emergente en la crisis de polarización política que enfrenta gravemente al país.

Apelemos a la Consulta Popular.

El artículo 173 de la Constitución Política de la República… espera se haga valer su vigencia para retornar a la institucionalidad democrática, desenmascarar al oportunismo y evitar el asalto al estado de derecho.

La soberanía popular, como fuente originaria e indiscutible del poder, radica en el pueblo.

Démosle a ese pueblo… el exclusivo derecho a marcar nuestro futuro.

Yo quiero votar… ¿Y usted?

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