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¿Cortés, valiente o absurdo?

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“Las comunidades humanas han forjado en el transcurso del tiempo una serie de fórmulas, ciertamente expresión de los movimientos naturales, pero supeditados éstos últimos a complicadísimas reglas que persiguen determinada finalidad. Es errónea la suposición de que sólo en las “cortes” principescas se practica la cortesía, pues los pueblos salvajes también tienen sus formas de urbanidad […] Ha sido necesaria la creación de un modus vivendi para que sea posible la convivencia social, pues si manifestásemos a las personas que nos rodean la realidad de nuestros sentimientos, sería absolutamente imposible la vida social”, escribe Richard Muller-Freinfels (Biotipología, México, D.F. s.f.). Estos conceptos explican también la cortesía internacional propia del relacionamiento entre Estados.

Dos ejemplos.  El artículo 25 de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas (“El Estado receptor dará toda clase de facilidades para el desempeño de la misión”) y el 20 de la Convención de Viena sobre la representación de los Estados en sus relaciones con las Organizaciones Internacionales de carácter universal (“1. El Estado huésped dará a la misión todas las facilidades necesarias para el desempeño de sus funciones.  2. La Organización ayudará a la misión a obtener esas facilidades y le dará las que dependan de su propia competencia.”).

Dos descortesías, pueril la primera y deleznable la segunda. La detención de vehículos de CICIG estacionados frente al Palacio Nacional por la policía municipal –EMETRA— por infracciones reglamentarias y la revocatoria de la visa del Comisionado alegando que “no fue formulada por la persona competente para el efecto.” Ambos exponen una descortesía en el proceder del Estado de Guatemala y reflejan una escalada de agresiones en contra de la CICIG, siendo su único responsable ante los ojos del mundo el Estado guatemalteco. El argumento vertido por la Dirección de Privilegios e Inmunidades del Ministerio de Relaciones Exteriores dice que “para el otorgamiento de una nueva visa es menester requerirla a través de los canales correspondientes y con las formalidades pertinentes” es inaceptable. Error tan notorio debió ser advertido en el momento mismo de recibir la solicitud original y habiéndolo notar oportunamente, se habría evitado un incidente hoy nos retrata en el mundo como tercermundistas. Y es que la CICIG se estableció en Guatemala a solicitud de Guatemala y el Acuerdo que rige su funcionamiento fue aprobado por el Ejecutivo, la Corte de Constitucionalidad y el Congreso de la República.

Ambos incidentes, protagonizados por el Presidente y el Burgomaestre, reflejan actitudes personalistas para asuntos que deben ser tratados institucionalmente. Razón tuvo el internacionalista francés Charles Rousseau cuando afirmó que “el incumplimiento de una práctica de cortesía (acto descortés) sólo produce el efecto de complicar las relaciones internacionales…” (Derecho Internacional Público, 3ª. Ed., Barcelona). El costo de estos gestos –hoy aparentemente triviales— nos es, por ahora desconocido; pero sus consecuencias se harán sentir a mediano o largo plazo.  Ni cortés, ni valiente, sencillamente absurdo.

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