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La importancia de la unión

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COLUMNISTA

A la luz de lo que está sucediendo en Barcelona vemos que esa superioridad del primer mundo no existe. Como dice The Economist, cuando se ven policías dar bastonazos a señoras mayores que quieren ejercer un voto, es obvio que algo está muy mal. Que no vengan los españoles a decirnos que los salvajes somos nosotros.

Ahora bien, el descontento de los Catalanes es entendible, como lo es de los Lombardos en Italia, los Escoceses en la Gran Bretaña, y tantos otros grupos en distintos rincones del planeta. Siempre que un grupo trabaje y prospere y sea el que lleva el peso impositivo más alto, resentirá que a costa de su esfuerzo otro grupo se vea beneficiado. Si uno ve que sus impuestos se van en gran medida en beneficio de otras regiones y no de la nuestra, es lógico enojarse.

El sur de Italia, como otros confines en España, tiene una productividad mucho mas baja que la de Lombardía o Cataluña respectivamente. Ante la crisis económica que viven en esas zonas productivas, dónde la gente se esfuerza por mantener un nivel de crecimiento significativo, que vengan a recargar sus costos y sus gastos los de las zonas donde es evidente que la sociedad no se empeña de la misma manera, molesta. Estos ejemplos no se aplicarán exactamente a Guatemala, pero en algunos aspectos se asemejan. Tenemos una sociedad donde la gran mayoría de la población trabaja, sin duda. Nuestros campesinos que se levantan a las 3 y 4 de la mañana para realizar trabajos agrícolas, los pequeños empresarios que intentan abrir un negocito, poner una tortillería o una abarrotería las señoras, el señor que quiere abrir un taller, están arriesgando lo que tienen para buscar un mejor futuro. El gran empresario que tiene una o más empresas, invierte grandes capitales, afronta las responsabilidades mucho mayores y las cargas impositivas que eso implica. Abordo el tema pensando en lo que debe ser, aunque todos sabemos que hay quienes se saltan las trancas en todos los niveles. Las consecuencias de todas estas situaciones se hacen evidentes y en España ya se ve el efecto. Empresas empiezan a irse de España, por ese divisionismo que atenta contra el progreso. España unida, Italia unida, como Guatemala unida, es mucho más fuerte.

El tema es que es la unión es fundamental para lograr que un país prospere. La economía a nivel nacional está entrelazada, es como un tejido dónde los hilos se mezclan. Lo que sucede por ende en Mayorca o en Madrid afecta a Barcelona, tanto como lo que sucede en Sicilia afecta la Lombardía, y lo que sucede en Petén afecta la Ciudad de Guatemala. Teniendo eso claro, seguimos con la base fundamental de nuestras vidas como sociedad. Leyes progresistas debieran dictar lo que no podemos hacer y las consecuencias de hacerlo, pero no debieran restringirnos a hacer únicamente lo que en ellas se contempla.

Entre tanto relajo, seguimos enfrascados en esta lucha por mantener el orden constitucional mientras otros quieren romperlo, y en preservar nuestra libertad para no caer en otra Venezuela. Aún durante la guerra, cuando la mayoría de la población tenía muy claro que no querían que Guatemala cayera en el comunismo, no llegamos a este nivel de polarización. En un país dónde la gente lee y no asimila, o no lee del todo, es fácil manipular a la población, dividirla, polarizarla. Tener a la gente mal informada cuando no desinformada, crea un terreno propicio para revolver el río y que sea ganancia de pescadores.

Frecuentemente vemos como la gente comenta cosas criticando, o acusando, y no ha leído que el concepto que tenían ya ha sido desmentido. Las cosas se mueven a veces demasiado rápido, y para cuando lo comentamos en el chat o en redes, el tema ya se aclaró. Vivimos pues en una gran confusión, y es difícil mantenerse positivo y optimista en un ambiente semejante, y no digamos enfocados en lo substantivo.

Pensando en todo esto, nuevamente hago un llamado a dejar de lado los fanatismos, a tratar de emitir nuestras opiniones sin grosería, porque seguro podemos expresarnos con educación, a comprender que no todos pensaremos igual y que todos tenemos aún la libertad y el derecho a pensar diferente, y a que en el medio de los desacuerdos, vale la pena ponerle atención a las coincidencias.

Todos los guatemaltecos que vivimos aquí queremos que la corrupción en todas sus formas se erradiquen. Quizás variemos en la definición de corrupción, ya que por ejemplo para mí, es corrupción copiar en clase tanto como robar al heraldo público. Es corrupción llevarse el papel higiénico del lugar de trabajo, tanto como es corrupción mentir sobre las horas trabajadas para cobrar más, o arreglar los libros para pagar menos impuestos. Todos queremos un mejor futuro, en eso no creo que haya diferencias de opinión. En el como quizás diferimos. De lo que veo en redes o escucho en la calle, la gran mayoría cree que es con trabajo y oportunidades como uno logra superarse y crecer económicamente.

Muchos guatemaltecos deseamos vivir y trabajar en un marco legal dónde no se hagan diferencias, dónde podamos convivir en armonía y en paz. Esa es una meta que si la tomamos todos como propia, quizás logremos ese fin último en el que todos coincidimos. Tomemos responsabilidad de nuestras acciones individuales, y la colectividad estará mejor. Tomemos responsabilidad del destino de nuestra Guatemala, no esperemos que gente de fuera arregle nuestro país. Pero debemos empezar en casa, individualmente. ¡Animo chapines! Los buenos somos más.

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