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¿Y la economía para cuándo?

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editorial

Con la euforia desatada por la lucha entre los corruptos buenos y los corruptos malos, según la jerga acuñada por la mal llamada sociedad civil, nos hemos olvidado de que, para que un país alcance los mínimos necesarios para la manutención y el desarrollo de su pueblo, necesita producir y generar ingresos. De lo contrario como refería Adam Smith, “No puede haber una sociedad floreciente y feliz, cuando la mayor parte de sus miembros son pobres y desdichados”.

El crecimiento económico es el aumento de la cantidad de trabajos que hay por metro cuadrado, la renta o el valor de bienes y servicios producidos por una economía. Habitualmente se mide en porcentaje de aumento del Producto Interno Bruto real (PIB). El crecimiento económico así definido se ha considerado (históricamente) deseable, porque guarda una cierta relación con la cantidad de bienes materiales disponibles y por ende una cierta mejora del nivel de vida de las personas. Sin embargo, no son pocos los que comienzan a opinar que el crecimiento económico es una peligrosa arma de doble filo, ya que, dado que mide el aumento en los bienes que produce una economía, por tanto, también está relacionado con lo que se consume o, en otras palabras, gasta. La causa por la que según este razonamiento el crecimiento económico puede no ser realmente deseable, es que no todo lo que se gasta es renovable, como muchas materias primas o muchas reservas geológicas (carbón, petróleo, gas, etc.).

El crecimiento suele calcularse en términos reales para excluir el efecto de la inflación sobre el precio de los bienes y servicios producidos. En economía, las expresiones “crecimiento económico” o “teoría del crecimiento económico” suelen referirse al crecimiento de potencial productivo, esto es: la producción en “pleno empleo”, más que al crecimiento de la demanda agregada.

Al situarnos en la realidad del país del realismo mágico, nos encontramos que vivimos en una sociedad en la cual el 60% de sus habitantes son jóvenes, dentro de esta población, se encuentra una gran cantidad que han sido arrojados a convertirse en los denominados NINI, pues carecen de oportunidades de empleo, y los que lo logran es, a través de la economía informal, teniendo como consecuencia un caldo de cultivo muy inmenso para las actividades ilícitas, siendo Guatemala una de las principales rutas para el narcotráfico, hacia el mercado más grande para el consumo de estos productos.

La complejidad que encierra a este bello país es muy grande y, pareciera ser que a nadie le interesa, pues los corruptos buenos (sociedad civil), en lugar de sumar esfuerzos y PROPUESTA, para el cambio, únicamente atacan de manera contestataria, y en las oportunidades que han tenido de hacer gobierno, está demostrado que solamente piensan en ellos mismos y sus huestes.

Es tiempo de tomar iniciativas que conlleven a propuestas de desarrollo real y eficiente, en pro de alcanzar el bienestar común, basta ya de luchas pueriles, ataques sin fundamento y, enarbolar banderas que no nos conducen a nada bueno pues el objetivo es si realmente amamos a este bello país, luchar por su desarrollo y el bienestar común para todos sus habitantes.

Por una nación libre, justa y solidaria.

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