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Navidad en octubre

Columnista

Ante los insuficientes espacios públicos para el recreo, el ocio o por  los problemas de violencia que acechan la ciudad, los centros comerciales se convirtieron más allá de lugares para comprar, en  centros de convergencia social y en los nuevos templos de la fe en esta economía de mercado,  aunque no se compre se camina para admirar las vitrinas y sus plásticos maniquís.

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Solo en perímetro capitalino hay más de 30, al sumar las áreas aledañas la cifra supera las 50 plazas comerciales.  La revista América Economía publicó en su edición de Enero de 2015, “Centros Comerciales, el refugio de la sociedad guatemalteca”. 

No habíamos terminado septiembre pasado  cuando en estas plazas comerciales se dejaron ver los pinabetes de plástico, barbas de don Nicolás,  bombitas y luces de color que hacían sentir en medio de las torrenciales lluvias de septiembre,  el asomo del fin de año.

Que paso con el 20 de octubre, el día de los santos, los barriletes, la  Guadalupana, el día del bendito diablo, entre otras fiestas, pues al parecer no venden tanto.  Entre tanta propaganda más de algún patojo pidió por adelantado el regalo navideño cuando ni siquiera ha terminado clases, pero que importa, al fin y al cabo ay que comprar, pues en eso nos quieren convertir, en entes que no piensen, que solo consuman, más allá de humanos ahora somos simplemente clientes.

No obstante el Objetivo de Desarrollo Sostenible 12 hace referencia a la producción y consumo sostenibles, ello parece estar muy lejos de nuestra racionalidad. Es preciso interiorizar los efectos socio-ambientales de los productos y servicios que adquirimos tanto en sus  ciclos de  producción y deposición, como en la manera en que estos impactan en nuestro propio estilo de vida.  A veces  cuesta ver que así como llenamos nuestra casa de cosas que no necesitamos, de igual  manera  las ciudades del país se están llenando de basura ante la falta de sistemas de tratamiento integral de desechos y residuos.

Debe hacerse notar que las empresas únicamente utilizaran su alto poder innovador para diseñar soluciones sostenibles, si ven una población educada y con poder de compra  que les demande tales productos y servicios. O bien entes reguladores que estimulen por diversas formas la fabricación y comercio de soluciones amigables con el medio ambiente.

Ignoro cuál de las dos opciones sea  alcanzable en un horizonte cercano, pero podemos iniciar reusándonos a caer en el círculo perverso del consumismo, procurando compras inteligentes y cuando fuere posible de artesanos guatemaltecos.  Para finalizar dicta la tradición celebrar  la Navidad en Diciembre y no es norma empeñar el patrimonio para festejarla, pues en la política del amor del buen Jesús un abrazo fraterno es más valioso que un artículo suntuoso.

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