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¡Fuera Foppa!

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COLUMNISTA

La Superintendencia de Administración Tributaria SAT, es una entidad descentralizada, encargada de  la administración del régimen tributario del país, así como de la recaudación, control y fiscalización de los impuestos, con el objeto de que los mismos, sean invertidos y utilizados en el funcionamiento de las instituciones públicas en beneficio de todos los guatemaltecos.

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Como institución descentralizada, la SAT está a cargo de un superior jerárquico, quien la administra, dirige y vela por su buen funcionamiento. Sin embargo, las funciones que la ley asigna al Superintendente de Administración Tributaria, se han visto empañadas el último año con la gestión nada transparente que ha realizado Juan Francisco Solórzano Foppa, un personaje oscuro, que vivió muchos años en Cuba bajo el abrigo directo de Fidel, lugar donde seguramente fue adoctrinado en  escuchas telefónicas ilegales, adulteración de evidencias y persecuciones políticas e ideológicas, actividades que rápidamente puso en práctica al momento de ingresar al Ministerio Público. Fue por ello que de inmediato la señora Claudia Paz y Paz Bailey le asignó la jefatura de la Unidad de Métodos Especiales de Investigación, unidad de la fiscalía encargada no solo de realizar escuchas telefónicas, sino que también de evaluar el perfil criminal de los sindicados; herramientas que Foppa utilizó convenientemente para escuchar y perseguir de forma ilegal a todo opositor político e ideológico de la ex Fiscal General.

Seguramente el haber participado en estas actividades reñidas con la ley, le valieron a Foppa para que el ex embajador de los Estados Unidos de América Todd Robinson, lo postulara para que ocupara el cargo de Superintendente de la SAT, pues, ¿quién mejor que un descendiente directo de militantes de organizaciones terroristas para dirigir la entidad recaudadora de impuestos del Estado en la administración Obamista?. Así el nuevo jefe de la SAT, olvidando convenientemente que el derecho penal es última ratio y de mínima intervención, y que muchas controversias en materia tributaria permiten la tramitación de un procedimiento administrativo para solventarlas de conformidad con la ley, se dio a la tarea de iniciar una persecución penal desproporcionada e ilegal en contra de particulares, comerciantes individuales y sociales, a quienes encarceló, embargó y arraigó, por asuntos meramente administrativos, lo cual al final generó un clima de inestabilidad e inseguridad para invertir, trabajar y producir en el país.

Sumado a  ello, el Superintendente de Administración Tributaria, haciendo halago a su doble moral contrató como asesor fiscal a su mentor cubano, a quien le paga la módica suma de cincuenta mil quetzales mensuales, como si el dinero de las arcas sobrara y en Guatemala no hubieran profesionales capaces de realizar de mejor forma esa función administrativa. Se dio el lujo también de rentar suntuosos apartamentos para instalar sus oficinas administrativas y de descanso, así como la compra de varias camionetas blindadas para que el y su familia puedan viajar tranquila y seguramente debido a la delincuencia que azota al país. Mientras que, los contribuyentes a quienes el disoluto Foppa debe su salario, hacen largas filas bajo el sol, la lluvia o con el riesgo de ser asaltados, por acudir a cumplir sus obligaciones tributarias en las pocas agencias fiscales que existen en el país. Todo esto con el silencio cómplice de las organizaciones de las supuesta sociedad civil.

Y qué decir del supuesto carácter enérgico del que hace alarde el Superintendente, quien al conocer la noticia de la expulsión del colombiano Iván Velásquez Gómez por las fechorías cometidas a cargo de la CICIG, se acobardó ante la posibilidad de que un nuevo comisionado lo pudiera investigar por todas las ilegalidades que realizó en su paso por el Ministerio Público, así como por los actos de corrupción y abuso de autoridad que realizó en la dirección de la SAT. Debido a ello Foppa, ante el temor a ser investigado por una persona objetiva e imparcial, no dudó en iniciar una campaña de desprestigio y desinformación en contra del presidente de la República, al colmo de utilizar la cuenta oficial de una red social de la SAT para mandar mensajes sediciosos en contra de la institución presidencial, así como de apoyo a una mal lograda manifestación cuyo único saldo fue, la destrucción de la propiedad pública, el enfrentamiento entre guatemaltecos y el ultraje a los símbolos nacionales. Vaya estratega el que nombró Todd Robinson.

De la misma forma el mensaje cobarde e irresponsable que el Superintendente lanzó escondido detrás de las redes sociales, en contra  del sector ganadero organizado de Guatemala, quien con mucha valentía y de frente lo criticó por las malas gestiones realizadas a cargo de la SAT, y de quien no tengo la menor duda que no tendrá los arrestos necesarios para sostener el mismo mensaje pero de frente y viendo a los ojos a los valientes ganaderos.

Foppa sabe que se va y muy mal, dejando una institución en peores condiciones de como la recibió, con una brecha en la recaudación fiscal que cada día será más difícil de reducir.  Por ello, el Superintendente debe ser llevado a los tribunales de justicia para que enfrente los cargos por las acciones ilegales en que incurrió a lo largo de su escasa gestión.

Por ello es necesario que el Presidente de la República, remueva inmediatamente del cargo al Superintendente de Administración Tributaria, no solo por la manifiesta negligencia en la gestión realizada al no haber llegado de nuevo a la meta de recaudación fiscal, sino que además por haber atentado directamente en contra del orden púbico y la certeza jurídica del país, debiendo nombrar a la brevedad posible a una persona con capacidad técnico jurídica en aspectos fiscales que contribuya a la estabilización económica, financiera y social del país. ¡Fuera Foppa!

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