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¿Qué es más importante?

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En 1984 acudí a las oficinas centrales de Almacenes Paiz, en el segundo nivel de su tienda principal, en el Centro Comercial Montufar, para solicitar una cita con don Carlos Paiz Ayala, fundador de la cadena más grande de supermercados del país.

Mi fuente de ingresos era la ganadería, actividad a la que me dedicaba en la Costa Sur, cuando el ganado predominaba sobre el cultivo de la caña, que ya comenzaba a ganar terreno debido a la alta rentabilidad que ofrece su cultivo.

Para mi sorpresa, don Carlos Paiz me atendió de inmediato, sin cita previa. Me encontraba frente a uno de los más importantes empresarios del país, para proponerle yo, un patojo de 24 años, ser uno de los abastecedores de carne de res para sus tiendas.

Recuerdo que el venerable anciano  escuchó con atención mi propuesta, y después mandó llamar al encargado de compra de ganado, con quien me presentó y a quien dio instrucciones en el sentido que, siempre y cuando el precio y la calidad estuviesen de acuerdo con los requerimientos de Almacenes Paiz, yo sería en los sucesivo uno de sus proveedores.

Así comenzó una muy rentable y cordial relación comercial que duró varios años, que me permitió llevar el sustento a mi familia.

Conocí desde dentro la actividad ganadera; una labor ardua, rodeada de un agradable ambiente, que no tiene parangón alguno en las actividades del campo.

Por algún tiempo tuve el privilegio de ganarme la vida a caballo, antes de que la Costa Sur se convirtiera en un mar de caña de azúcar y palma africana, desplazando la actividad ganadera al norte del país, principalemente a las regiones de Izabal y el Petén.

Por eso, a pesar de ya no estar relacionado con la ganadería, percibo como mía la lucha de los ganaderos en contra de la agresión de Juan Francisco Solórzano Foppa, quien en su vida jamás ha creado un solo puesto de trabajo, y antes de asumir el cargo de superintendente de la SAT, se desempeñó como la persona a cargo de las escuchas telefónicas en el Ministerio Público -incluyendo por supuesto, las ilegales-. Para su nombramiento, el entonces embajador de los Estados Unidos, Todd Robinson, además de la experiencia como oreja de  Solórzano Foppa, solamente encontró como mérito adicional, su sólida formación marxista durante los primeros  15 años de su vida en Cuba.

Las amenazas del superintendente de la SAT contra el sector ganadero son rústicas, al afirmar que “pagarán más temprano que tarde”, sin haber propuesto antes una solución fiscal coherente para ese sector, como no lo ha hecho tampoco con respecto a ningún otro, ya que su labor se ha limitado únicamente a perseguir empresarios pasando sobre la ley, al convertir en penales procesos que debieron solucionarse por la vía administrativa. Solórzano Foppa es uno de los funcionarios que ya hacen cola para entrar a la cárcel, debido a su responsabilidad ante la ley, que tiene una duración de 20 años.

De concretarse las amenazas del superintendente, los ganaderos simplemente migrarán de actividad, dedicando sus tierras, con todo el derecho que les asiste, a lo que les sea más rentable, como el cultivo de la palma africana, por ejemplo, mientras Solórzano Foppa logra un alto impuesto a la actividad ganadera, que no podrá cobrar, porque la ganadería desaparecerá, lo mismo que la posibilidad de los guatemaltecos de poder adquirir carne de res para brindar a su familia esa importante y ya cara fuente de proteínas.

Pero eso sí, Solórzano Foppa adquirió una flota de más de 10 vehículos de lujo blindados para la SAT, uno de los cuales, sin duda, destinará a su amigo a quien paga Q50 mil quetzales al mes por el único mérito de ser su cuate, y haberle brindado alojamiento durante algún tiempo en Cuba.

Como buen marxista, para Solórzano Foppa primero está en gobierno y después, también el gobierno.

Es una lástima que al presidente Jimmy Morales le cueste tanto tomar decisiones, porque hace tiempo debió prescindir de Solórzano Foppa en la SAT, y debió nombrar en su lugar a un técnico capaz de sugerir propuestas coherentes en materia fiscal, para llevar a la formalidad al mercado informal.

Ante la amenaza del marxista Solórzano Foppa contra los ganaderos, planteo la interrogante que en otras columnas de opinión he planteado: Qué es más importante; ¿que coma el gobierno, o que coma el pueblo?

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