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Ternura en la educación

COLUMNISTA

El título y las ideas de esta columna se tomaron de Hugo Assmann, pensador brasileño, que posicionó en su libro Placer y Ternura en la Educación la importancia de la ternura en la educación en todos los ámbitos donde se dan cita personas para compartir información, elaborar alternativas de solución a hechos complejos que encuentra la vida, oportunidades para conocer las profundidades del pensamiento y la reflexión sobre el entorno.  En este sentido, el amor es el valor y fuerza que debe orientar la comunicación, encuentro, diálogo o reunión donde la inquietud sea educar a las personas.

El hecho de educar quiere decir “defender vidas” pues es  sabido que la educación provee oportunidades de crecimiento personal  y colectivo, propicia la vigencia de los derechos humanos, ayuda a disminuir la pobreza y la miseria y aporta a la construcción de proyectos de vida política de culturas y pueblos.  La educación que identifica la vida como uno de los componentes que hay que conservar, fortalecer y mantener trata de apreciar la vida de todos los que integran el planeta.

La educación de la persona íntegra necesita de los abrazos, el afecto, la admiración, las emociones, la curiosidad, la alegría y la sensibilidad de todos.  Estas inclinaciones son necesarias para la formación de las generaciones que deben tener la vida, la subjetividad y las esperanzas de la niñez y de la adolescencia para la organización y funcionamiento de comunidades donde todos son estimados.

El rol de los miembros de la comunidad educativa, es estimular la creatividad, el uso del conocimiento para alegría de todos, leer con gozo, despertar la imaginación con el arte, criticar pero construyendo alternativas posibles, criticar el uso de la violencia y a cambio un ambiente lleno de comprensión y confraternidad. Vivir encantado por acompañar a niñas y niños para aprender a vivir desde el ambiente familiar, en la comunidad local y en cualquier lugar.

La población adulta tiene la obligación de ayudar a la niñez a crecer con sentimientos y sensibilidad por el reconocimiento y bienestar de los demás. En este sentido interesan ambientes donde hay vivencia agradable y el uso de conocimientos que consolidan las relaciones interpersonales y el diálogo entre pueblos. Estamos necesitados de generaciones y comunidades libres de conflictos culturales, lingüísticos, económicos y políticos.

Requerimos conocimientos en conexión con la vida de las personas y de manera especial para niñas, niños y jóvenes.  Conocimientos que interpreten los cambios permanentes de la cotidianidad, que preparen a la juventud a enfrentar lo novedoso que la vida y el acontecer presentan todos los días.  Una educación que cultive la atracción por la vida, el encanto por el ambiente  y la imaginación para el cambio de condiciones que niegan la vida.  El conocimiento es posible que circule en el pueblo a través de la poesía, la sencillez, el cuento y otras modalidades.  Tenemos que ayudar permanentemente a las generaciones jóvenes a moldear su mundo, un mundo libre de enfermedades, analfabetismo, discriminación. Necesitamos un proyecto donde todas las culturas y pueblos se sientan miembros de una gran familia.

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