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¿Existe el Estado Democrático en Guatemala?

Columnista

Para un observador o un testigo de la crisis guatemalteca, o para alguien que es parte de los conflictos vividos por Guatemala, durante los últimos veinte años, es posible llegar a concluir que la construcción de la democracia y el fortalecimiento de un Estado presidencialista como en muchas otras democracias, tiene que hacerse a partir de procesos sustantivos de participación, acción, fortalecimiento de valores de manera continuada, no esporádicos, que garantice un sistema electoral transparente y el respeto de la voluntad popular en las urnas, no al manipuleo electoral de grupos interesados que diseñan de acuerdo a sus preferencias a los presidentes de turno. Democracia es ganar y perder elecciones, no  imponer arbitrariamente alguna voluntad a los sectores  excluidos del poder, aparentando una participación electoral.

Estas prácticas viciadas durante estos últimos gobiernos significan  entronización  de una seudo democracia y de un seudo Estado en detrimento de un Estado social fuerte y de una democracia sana, sino que lo que se observa un Estado moribundo que respira por las manifestaciones populares que protestan cada cuatro años por existir y ser parte de un proceso social que les den garantías sociales para poder subsistir y ser parte de la historia democrática de este país.  El Estado y el país es de todos, no de unos pocos que se benefician de la certeza jurídica que les da el poder judicial para asegurarse la reproducción material y social. Pues el Estado ha sido tomado por unos en detrimento de las grandes mayorías que luchan por la certeza material y también jurídica.

Esto ha debilitado la participación y educación ciudadana de la población al restarle su acción  crítica y constructiva. Al contrario, lo que se ha generado es un sistema de partidos que no superan más de una elección pues no tiene `bases ni perspectivas sólidas de crecer y permanecer a través del tiempo como instituciones básicas para esta democracia.  Efectivamente un sistema de partidos, de verdad, debe de responder paralelamente a las demandas de la población y a la aplicación de la ley. Deben de ser sujeto de los beneficios y posibilidades para enmendar sus errores y dar cuentas a la sociedad de sus acciones. Los partidos políticos y la sociedad civil deben ser la base para hacer posible y garantizar la vida política del país. No solo a  las élites económicas que mueven la vida social a su antojo o convierten a las estructuras partidarias en negocios. Este trastocamiento de las élites políticas en partidos o en  dirigentes es lo que se ha traído al traste al Estado guatemalteco durante estos periodos presidenciales. De no superarse estos malos procedimientos la salida política- democrática para este país está claramente anunciada en el ambiente.

La visión a construir no es asegurarse parte del pastel haciendo realidad el sálvese quien pueda.   Sino garantizar una distribución justa y equitativa para todos. Un Estado democrático es en el que todos pueden existir, votar, representar y ser miembros de organizaciones sociales que aseguren la existencia de la nación.  Esta tarea está por construirse en Guatemala.

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