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Cuesta entender – Parte I

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COLUMNISTA

Me cuesta entender porqué les cuesta tanto comprender a algunos como funciona la cadena productiva y porqué todo está entrelazado. Visualice un municipio dónde no hay dispensario médico, sólo hay una escuelita que llega hasta primaria, tienen una tortillería, una abarrotería pequeña y deben ir a la cabecera departamental para encontrar una Despensa Familiar, la carretera está en parte asfaltada con agujeros y en parte de terracería. La población se divide por estaciones entre los hombres que van a las fincas de café en época de corte, a veces con mujeres y niños, y las mujeres que se quedan en el pueblo con los ancianos y los niños. No hay mucho futuro, y el presente no es precisamente color de rosa. La energía eléctrica y el agua potable son escasas.

De pronto llega una empresa que quiere establecer una hidroeléctrica en un punto del río, se hacen los estudios, el Ministerio de Energía y Minas hace las consultas necesarias con las comunidades locales para satisfacer el requerimiento del Convenio 169, y se empieza la construcción. Para el efecto, la empresa contrata mucha mano de obra local, lo que provee empleo para los hombres de familia que ya no tienen que irse a cortar café. El dinero empieza a circular por los salarios regulares a los trabajadores y en poco tiempo alguien establece una tiendita más completa, la empresa pone un dispensario médico con un doctor de planta que tiene además medicinas comúnmente necesitadas para tratamientos regulares. También pone una escuela superior, agranda la primaria y una escuela nocturna para los adultos que además da cursos de computación. El dinero sigue circulando y la empresa mejora la carretera. Al iniciar operaciones hay energía en abundancia, se abren pozos y el agua potable también es ahora accesible a la comunidad. Esto incentiva que la señora de la tortillería contrate otras señoras para abastecer la demanda y lo mismo con quienes producen los diferentes productos. Hay necesidad de vivienda, y alguien empieza a construirla. Vende los terrenitos o alquila las viviendas. La comunidad crece, mejora, llegó el desarrollo, finalmente.

Ah, pero viene un grupo que no es ni de lugareños y decide que no quiere la hidroeléctrica, que está contaminando las aguas (las pruebas reflejan eses fecales y otras bacterias de origen humano, basura, y smilares), pero igual y acusan a la empresa. Presentan un amparo contra la empresa y contra el ministerio porque un grupo étnico x no fue consultado durante la consulta popular. Ah, pero es que según el Renap ese grupo x no existe en la zona. ¿Y entonces?

La Corte de Constitucionalidad decide acoger la solicitud del grupo haciendo caso omiso de las pruebas, de las peticiones de los trabajadores que defienden su fuente de ingreso, etc, y simplemente ordenan que la empresa cese operaciones. Y como la hidroeléctrica, las minas, o cualquier otra empresa que ose arriesgar para invertir en el interior de un país complicado y con un marco legal arcaico como el nuestro.

La gente que ve esto con desinterés, o hasta con alegría, no piensa en lo que significa. Que cierre este tipo de empresa significa que se quedan sin trabajo los proveedores principales de familias, por lo que no circulará dinero, cierran negocios, la gente no tiene para pagar alquiler o cuota de propiedad adquirida. Negocios cierran, hay más desempleo. Creo que no es necesario ser un genio para entender que el desempleo genera mayor crimen y conflictividad, además de emigración al exterior.

Quienes demonizan la inversión en el interior del país creo que son las personas más miopes, ignorantes o egoístas que existen, o si queremos ser buena gente, pensaremos que son las más malinformadas y bienintencionadas personas que existen en el país. Lo más irónico es que los grupos que hacen la guerra a estas empresas son financiados por países donde las hidroeléctricas y las minas son tan comunes como las empresas dueñas de las cadenas de supermercados. La pregunta es ¿hasta cuándo lo vamos a permitir?

TEXTO PARA COLUMNISTA

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