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El Estado cuenta, y mucho

NUEVO

Hay sociedades donde los debates innecesarios se transforman en debates prácticamente binarios y sin la capacidad de un análisis técnico.  En términos generales la ciudadanía no tiene, carece y desconoce de los aspectos que orientan el funcionamiento del Estado.   En algunos casos,  el debate es tan ridículo que se llega a la discusión sobre si el Estado es necesario o no.   Estas discusiones se clarifican como totalmente inútiles en la vida real.

El último terremoto que sacudió la ciudad de México el pasado 19 de Septiembre ( en el 32 aniversario del terremoto de 1985) puso otra vez a prueba la capacidad del gobierno federal.  A raíz del terremoto ocurrido en  1985, el gobierno mexicano diseñó planes de reacción inmediata para el apoyo de población civil.  Los planes federales del gobierno mexicano para situaciones de desastres naturales están coordinados por el Ejército Nacional y se conocen con el nombre de Plan DN-III-E (Auxilio a la Población Civil en Casos de Desastre). Por desastres entendemos, terremoto, huracanes, inundaciones, corridas de ríos, deslaves etc…  Para el correcto funcionamiento de este plan,  el ejército mexicano se entrena una vez al año.  Recientemente,  el entrenamiento conjunto ha incluido también a la Marina Nacional y los equipos de rescate de la Policía Federal.   En esencia, el entrenamiento permite asegurar de forma inmediata la capacidad para desplegar en tiempo record (las primeras horas luego de siniestro) 8,700 efectivos militares,  335 vehículos, 20 aeronaves y 23 embarcaciones. Esta no es la capacidad completa de movilización pero es la movilización inicial hacia la zona central del desastre mientras el resto del plan se ejecuta.  Este plan es internacionalmente conocido. El ejército mexicano ha colaborado en tareas de atención a la población civil en lugares siniestrados incluso, en estados fronterizos de la Unión Americana.  Vale la pena destacar también que el gobierno federal ha invertido muchísimo en la compra de tecnología de punta para el rescate de personas atrapadas en sismos, concretamente tecnología para detectar calor y para detectar la señal de teléfonos celulares encendidos. Habría que agregar que también el país ha invertido en alarmas anti-sísmicas así como en ejecutar permanentemente ejercicios de evacuación.

Aquí hay dos cosas muy interesantes para debatir.

Primero, reconocer que en efecto hay un rol para los ejércitos en sociedades post-conflicto.  Esta discusión debe trascender la lógica en la cual la función de los ejércitos se limita a tareas de seguridad ciudadana o política anti-narcóticos. Porque si un país incrustado en una zona donde los desastres naturales son recurrentes, de nada le sirve que tenga un ejército si no tiene protocolos que guíen el despliegue de efectivos.  Y mucho menos,  si no es un ejército con tecnología de punta.   Por aquí debía – me parece-  haberse orientado la transformación del estamento militar luego de la firma de los acuerdos de paz en Guatemala.   El segundo aspecto por referir es, reconocer que a pesar de las capacidades e infraestructura del gobierno federal, la ayuda internacional y la organización ciudadana han sido vitales.

¿Qué le sucedería a un país como Guatemala si fuera afectada por un sismo de tipo trepidatorio de nivel 7 en escala de Richter?  Un tipo de devastación como esta posiblemente dejaría a Guatemala en la situación de Haití. ¿Hay planes de contingencia? ¿Hay entrenamiento previo? ¿Hay equipo y tecnología? Por eso que, más allá de las discusiones ideológicas la planeación para salvar vidas y controlar desastres requiere considerar que, el Estado y sus mecanismos son fundamentales.

No se puede seguir viviendo día a día cruzando los dedos esperando que nada suceda.

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