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El líder caudillo

COLUMNISTA

Históricamente nuestro paradigma de liderazgo político ha sido del tipo autoritario, que se ejemplifica de mejor manera citando a líderes-caudillos como Rafael Carrera, Justo Rufino Barrios, Manuel Estrada Cabrera, Jorge Ubico, los regímenes militares de la contrarrevolución y en menor medida los presidentes de la era democrática a partir de 1986 en la que tuvimos un intento de volver a los golpes de Estado como práctica para imponer un modelo político dictatorial con el autogolpe de Jorge Serrano.

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El paradigma político en Guatemala es el representado por un líder-caudillo encarnado en la figura del presidente de la república que por lo regular ha sido el secretario general del partido que lo llevo al poder. El líder-caudillo esta investido de muchas prerrogativas, entre ellas gozar de inmunidad, un elevado salario, una excesiva seguridad y el aplauso a donde se presente, un ejemplo de actualidad es el famoso bono por riesgo que se le otorgo al presidente Morales por parte del ministerio de la defensa. Este modelo se replica a nivel departamental y municipal con los diputados y alcaldes.

Ese paradigma de la política tradicional o la vieja política es origen de la impunidad en la que han ejercido su mandato los hombres y mujeres que han ocupado puestos de elección popular. Ha sido un medio para el enriquecimiento ilícito, ha permitido alianzas público privadas donde el dinero público pasa a manos de los particulares, donde las empresas públicas se han privatizado sin que la población se haya beneficiado con tales operaciones.

Ese paradigma del líder-caudillo comenzó a tener dificultades cuando la Comisión Internacional Contra la Impunidad hizo su aparición para combatir a los grupos paralelos de poder.  En esta dinámica se dio inicio a procesos en contra de políticos como el expresidente Alfonso Portillo imputado de lavado de dinero y de algunos exfuncionarios de su gobierno. 2015 es el año en que la crisis del paradigma se agudiza, resultado de ello es la renuncia de la pareja presidencial Pérez-Baldetti y la captura de parte del gabinete, diputados, funcionarios y alcaldes del partido patriota.

El paradigma del líder-caudillo se resiste a desaparecer y pelea con colmillos y garras, lucha y grita sórdidamente, como lo hemos observado en días recientes cuando los diputados emiten reformas al Código Penal con el propósito de librar a los secretarios generales de los partidos políticos de la acusación de financiamiento ilícito, así como de modificaciones a la conmutación de penas a delitos menores de 10 años, en prevención a que algunos de ellos puedan ser imputados y por los más de 40 que están en proceso de antejuicio.

El paradigma del líder-caudillo entro en fase de decadencia. Los guatemaltecos ahora salen a la calle en multitudinarias manifestaciones en contra de la corrupción y la impunidad; existe un marcado cambio en la actitud hacia los funcionarios; se exige transparencia en el manejo de los recursos del Estado; la ciudadanía activa se exhibe en la participación en colectivos de mujeres, estudiantes, campesinos, obreros y profesionales; en la expresión del pensamiento por medios físicos y digitales. La cultura de miedo y de silencio implantada por un Estado represor operado por líderes-caudillos está quedando atrás. Se está gestando un nuevo paradigma.

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